De casa ligada al narco a refugio para niños: así renace un símbolo en el Urabá antioqueño

Nación
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De casa del narco a refugio: un inmueble recuperado en Urabá ahora protege a niños migrantes.

Un emblemático inmueble en el Urabá antioqueño, antes asociado al narcotráfico, ha sido transformado en un símbolo de esperanza y protección para los más vulnerables. La Sociedad de Activos Especiales (SAE) anunció recientemente la destinación de esta propiedad para la puesta en marcha del primer Centro de Emergencia del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en Necoclí, con el objetivo de ofrecer atención inmediata y restablecimiento de derechos a niños, niñas y adolescentes colombianos y extranjeros en situación de vulnerabilidad, especialmente aquellos que se encuentran en tránsito migratorio por la región.

El inmueble, cuyo avalúo catastral supera los $73.500.000, fue recuperado por el Estado y ahora se convierte en una de las apuestas del proceso de transformación social liderado por la SAE. Este espacio, conocido como La Casa de la Esperanza, fue adecuado gracias a una inversión de más de $150 millones realizada por el ICBF, lo que permitió garantizar no solo condiciones dignas de alojamiento, sino también una atención especializada enfocada en las necesidades específicas de la infancia vulnerada.

Uno de los principales focos del nuevo centro es priorizar la atención de menores migrantes no acompañados. Según la directora general del ICBF, Astrid Cáceres, en los últimos tiempos han identificado a más de un centenar de niños y niñas migrantes cruzando solos esta ruta estratégica del golfo de Urabá, lo que resalta la urgencia y relevancia de habilitar espacios seguros como el que ahora inicia operaciones.

Este esfuerzo ha sido respaldado por la organización Aldeas Infantiles SOS, que aporta más de cincuenta años de experiencia en procesos de acogimiento y protección infantil, sumando un componente clave en el acompañamiento y atención de esta población.

La apertura de La Casa de la Esperanza constituye, además, un acto de reparación social. Catalina Serrano, directora para la Democratización de Activos Inmuebles Urbanos de la SAE, enfatizó que este tipo de destinaciones busca devolver a la sociedad bienes que antes sirvieron a estructuras criminales. Al transformar espacios ligados al crimen en escenarios de protección y bienestar, las autoridades pretenden cerrar ciclos de violencia e impulsar procesos de inclusión y reconstrucción social en el Urabá.

Este ejemplo de recuperación y resignificación de bienes es una muestra clara de cómo el trabajo conjunto entre diferentes entidades puede tener un impacto concreto en la vida de quienes más lo necesitan en territorios históricamente afectados por el conflicto y la ilegalidad.

¿Cómo funciona la Sociedad de Activos Especiales (SAE) en la recuperación de bienes vinculados al narcotráfico?
La SAE, según lo indicado en el artículo, es la entidad responsable de administrar y destinar los bienes que el Estado colombiano recupera tras actividades ilícitas como el narcotráfico. Su gestión permite transformar antiguos símbolos de criminalidad en espacios útiles para el beneficio social, como sucede en este caso en Necoclí, donde la propiedad antes utilizada por estructuras ilegales ahora se convierte en un refugio para niños y niñas en alto riesgo. Este proceso implica identificar, evaluar y finalmente entregar dichos inmuebles a proyectos o instituciones que atiendan necesidades prioritarias de la población, cerrando así ciclos de ilegalidad y promoviendo el desarrollo social en regiones vulnerables.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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