La cruz que preservó la memoria y condujo a la recuperación de desaparecidos en Calarma, Tolima
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Visitar sitioEl hallazgo en Calarma reavivó el dolor y la esperanza de familias que llevan 70 años esperando justicia.
Una cruz de metal oxidado sobresale en una finca del corregimiento Calarma, en Chaparral, Tolima, como testimonio inquebrantable de la memoria. No es un simple símbolo religioso o un adorno más, sino un signo de resistencia contra el olvido. La presencia de esta cruz, mantenida por los familiares de las víctimas, evitó que el terreno fuera alterado, guardando el secreto de cuatro campesinos desaparecidos hace 70 años. Su historia se detona a partir de la masacre ocurrida el 25 de abril de 1956, durante la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla, cuando la violencia convirtió parte del sur del Tolima en un cementerio clandestino.
Este espacio se convirtió en epicentro de una intervención humanitaria liderada por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) Tolima. Según Angie Katherine Sánchez, antropóloga forense de la entidad, la operación buscaba recuperar los cuerpos de cuatro campesinos fusilados en un remoto camino de herradura y sepultados de forma irregular. La hipótesis inicial los condujo a excavar bajo el montículo señalado por la cruz. Sin embargo, tras dos días de excavación, los expertos hallaron estructuras óseas mezcladas, junto con una mechera antigua, lo que reveló la complejidad del caso. El tiempo, la humedad y la fauna habían diluido la identidad de los huesos, que se encontraron uno sobre otro, dificultando su separación e identificación.
La humanidad de la búsqueda estuvo marcada por la presencia de las familias, conformadas en su mayoría por adultos mayores que, con esperanza y dolor, acompañaron día y noche las jornadas de los forenses y narraron cómo la violencia irrumpió en su región. Compartieron un sancocho preparado en comunidad, demostrando que el acto de alimentar y convivir se transforma en una herramienta de sanación. De acuerdo con Cindy Nova, coordinadora territorial de la UBPD, el hallazgo constituye una de las intervenciones forenses en campo abierto más antiguas del país y representa una espera de siete décadas, protagonizada por quienes iniciaron su búsqueda siendo niños y hoy superan los ochenta años.
Los hechos que motivaron la intervención en Calarma se remontan al 25 de abril de 1956, día en que se perpetraron masacres simultáneas en Tolima. En Calarma, miembros de las Fuerzas Militares, actuando bajo órdenes de la dictadura, capturaron a campesinos que solo llevaban herramientas de labranza: Darío Bernate, Juan de la Cruz Pérez Quimbayo, Tiberio Pérez, Saturnino Reyes y un niño de 13 años, según la información recolectada por la UBPD. Tras el asesinato, los cuerpos fueron ocultados, y al horror se sumó la incineración de viviendas, como la de Juan de la Cruz Pérez Quimbayo. Su hijo, Juan de la Cruz Pérez Sabogal, fue un buscador incansable hasta su muerte en febrero de este año.
La labor de la UBPD en Calarma se suma a la recuperación de restos en otros puntos, como en La Siberia, donde la entidad ha logrado identificar osamentas asociadas a la violencia de aquellos años. Estas misiones evidencian una apuesta multidisciplinaria persistente, que no solo busca cuerpos, sino que devuelve humanidad y dignidad a través de la memoria colectiva.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Qué papel cumple la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas en casos como el de Calarma?
La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) es una entidad que lidera procesos de recuperación e identificación de personas desaparecidas, como ocurrió en Calarma. Su labor implica investigación forense y acompañamiento a las familias, reconstruyendo información a partir de testimonios y elementos técnicos con el fin de darles un lugar digno a las víctimas y sanar la memoria colectiva.
¿Por qué fue importante la colocación de la cruz en la finca de Calarma durante los setenta años que transcurrieron?
La cruz colocada por los familiares en la finca de Calarma fue fundamental para preservar el lugar donde yacían los cuatro campesinos desaparecidos. Sirvió como una marca de memoria y resistencia, evitando que la tierra fuera alterada por el paso del tiempo o el progreso, lo que finalmente permitió a la UBPD ubicar el sitio exacto de la inhumación y avanzar en la recuperación e identificación de los cuerpos.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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