Inseguridad y evasión en TransMilenio: años de advertencias ignoradas y falta de coordinación agravan la crisis en Bogotá
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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioDurante las últimas cinco administraciones, múltiples advertencias ciudadanas no recibieron acciones concretas.
La historia reciente del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) y en particular de TransMilenio, el sistema de buses articulados de Bogotá, evidencia que el deterioro de la seguridad y la convivencia no ha sido un accidente, sino el resultado de años de advertencias ignoradas y prioridades mal enfocadas. Según señala El Espectador, desde la transición de los buses tradicionales a los buses azules del SITP, las inquietudes de los ciudadanos respecto a la inseguridad permanecieron sin respuestas efectivas por parte de las administraciones distritales. Durante la gestión de Luis Eduardo Garzón, las alertas ciudadanas llegaban a la Alcaldía, pero no encontraban eco en los encargados de tomar decisiones, anticipándose así un traslado, mas no una solución, de los problemas de inseguridad.
La llegada de Samuel Moreno a la Alcaldía estuvo marcada por escándalos como el Carrusel de la Contratación, dejando de lado problemas estructurales del transporte. Allí se advirtió sobre el aumento de estudiantes que ingresaban al sistema sin pagar, fenómeno conocido como “colados”, el cual, lejos de ser atendido, se arraigó como una mala costumbre. Solo la tragedia de la muerte de un estudiante, arrollado por un bus de TransMilenio, hizo que las autoridades atendieran un problema largamente anunciado.
Posteriormente, con Gustavo Petro, la atención estatal se volcó más al debate político y a temas coyunturales como la basura o la recuperación del espacio público, mientras que TransMilenio mostró mayores signos de abandono: sucio, inseguro y con altos niveles de evasión. Con la siguiente administración, encabezada por Enrique Peñalosa, se esperaba un cambio, aunque los desafíos ya sobrepasaban una gestión meramente administrativa y requerían presencia real en las estaciones, donde la experiencia diaria del usuario era notoriamente desatendida.
Ya en la gestión de Claudia López, mientras las prioridades se centraban en grandes obras de infraestructura como la primera línea del metro, se perpetuaban deficiencias en el diseño y control del sistema, facilitando la evasión y reforzando la percepción de inseguridad. Al día de hoy, TransMilenio se ha transformado en una zona “tierra de nadie”, en la que, según El Espectador, abundan vendedores ambulantes, personas en situación de calle, consumo de sustancias y venta de productos. La coordinación entre autoridades distritales y municipales, especialmente entre Bogotá y Soacha, sigue siendo insuficiente, y la responsabilidad muchas veces es esquivada, agravando aún más la crisis del sistema.
En conclusión, la verdadera urgencia es dejar de administrar el sistema desde el escritorio y actuar desde la experiencia real de los usuarios, enfocándose en autoridad, control e integración institucional, más allá de los discursos y los diagnósticos repetidos que nunca se traducen en soluciones tangibles.
¿Por qué persisten los problemas de inseguridad y evasión en TransMilenio?
La continuidad de los problemas de inseguridad y evasión en TransMilenio responde a que, pese a las advertencias ciudadanas y el agravamiento progresivo de la situación, las administraciones distritales han priorizado otras agendas o han respondido con medidas insuficientes. Falta presencia real en las estaciones y coordinación efectiva entre las autoridades, como lo evidencia la diferencia de responsabilidades entre Bogotá y Soacha, según El Espectador.
¿Qué factores han impedido una solución efectiva a los problemas de TransMilenio?
De acuerdo con El Espectador, la falta de decisión política, la administración desde el escritorio y el énfasis en grandes proyectos de infraestructura han dejado de lado la atención al día a día del sistema, el control operativo y la experiencia del usuario. Además, la poca articulación institucional y la costumbre de esquivar responsabilidades han profundizado el deterioro y la falta de soluciones efectivas.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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