La evolución del consumo de música en Bogotá: de vinilos y casetes al streaming y el resurgimiento del formato análogo
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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioEn 1995 nació Rock al Parque, reuniendo gratis a miles de jóvenes y potenciando la escena local.
Las formas de escuchar música en Bogotá no desaparecen, sino que se transforman con el paso del tiempo y se mantienen vivas en la memoria colectiva. Aunque los tocadiscos y radiocasetes aún conservan un espacio en algunos hogares y taxis, los hábitos para descubrir y disfrutar la música han tenido profundos cambios en las últimas tres décadas, marcando a varias generaciones capitalinas. Según John Vargas, comerciante con 45 años de trayectoria en el sector musical, en los años 80 y 90 el público bogotano era paciente: se escuchaba radio AM y FM, esperando con disciplina que pusieran el tema deseado. La búsqueda de vinilos y casetes importados era todo un ritual, especialmente para los amantes del rock, que perseguían esos tesoros musicales por el centro de la ciudad.
El surgimiento de Rock al Parque a mediados de los noventa rediseñó la experiencia musical en Bogotá, revelando nuevas maneras de vivir y compartir los sonidos. Previamente, el disfrute de la música dependía del formato físico: reproducir manualmente un vinilo, un casete o intercambiar grabaciones artesanales. A finales de los ochenta, la llegada al mercado colombiano del CD, con su calidad y novedad, revolucionó el consumo y ofreció una alternativa moderna al acetato.
Sin embargo, la expansión de internet y el surgimiento de plataformas digitales impusieron el consumo inmediato: la gente comenzó a descubrir canciones a golpe de pantalla, modificando radicalmente la relación con la música. A pesar de este giro, tiendas como Top Musical, en el centro comercial Omni 19, resisten con una oferta centrada en los formatos análogos, defendiendo una pedagogía personalizada donde la recomendación y el intercambio siguen vivos.
Vargas recuerda cómo el rock circulaba de forma independiente entre bandas y público, con intercambios de casetes y grabaciones precarias, pero valiosas. El nacimiento del festival Rock al Parque en 1995, años antes de la popularización de internet, permitió a miles de jóvenes reunirse gratuitamente en espacios públicos como la Media Torta y el Parque Simón Bolívar, consolidando la cultura rockera y nutriendo la venta de formatos físicos. Con el tiempo, Rock al Parque se especializó por géneros y fortaleció su papel formativo y de encuentro. Vargas destaca que el renacer del vinilo responde al interés de las nuevas generaciones y a la calidad de los sonidos análogos. En medio de la inmediatez digital, el sector se esfuerza por mantener la cultura musical y la interacción humana en el centro de Bogotá.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Cómo ha cambiado el consumo de música en Bogotá en los últimos 30 años?
El consumo de música en Bogotá ha evolucionado desde el ritual de buscar vinilos y casetes en tiendas especializadas, pasando por la revolución que significó el CD en los años ochenta, hasta la inmediatez en la que reinan hoy el streaming y las descargas digitales. Según testimonios como el de John Vargas, este cambio no solo transformó la tecnología utilizada para escuchar música, sino también la manera en la que la gente se relaciona con ella, pasando de espacios de descubrimiento colectivo a un consumo más individual y digital.
¿Qué papel juega el formato análogo frente a la era digital en Bogotá?
Pese al auge de las plataformas digitales, el formato análogo conserva un lugar importante en la cultura bogotana. Comerciantes y melómanos valoran la calidad del sonido de los vinilos y casetes antiguos. Tiendas como Top Musical continúan sirviendo como espacios de intercambio, recomendación y recuperación de memorias musicales en la ciudad, mostrando que el formato físico no ha desaparecido, sino que resurge como un objeto de culto y aprendizaje entre los coleccionistas y los jóvenes interesados en las raíces del rock y otros géneros clásicos.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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