De estudiantes a guardianes: jóvenes transforman una jardinera en El Sosiego en aula viva y símbolo ecológico
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Visitar sitioEstudiantes lideran restauración ambiental en Bogotá: descubre cómo una jardinera se transforma en aula viva.
Cerca de 20 estudiantes de sexto de bachillerato, pertenecientes a la sede A del colegio Rafael Núñez, participaron en una significativa jornada de embellecimiento y restauración ambiental en el barrio El Sosiego, ubicado al sur de Bogotá. Estos jóvenes, convertidos en los nuevos padrinos de una jardinera de 100 metros cuadrados, realizaron acciones de pintura, cuidado y limpieza en aproximadamente 240 cilindros de cemento que delimitan esta área vegetal. Este espacio en particular había sido previamente renaturalizado por el Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis (JBB), marcando un esfuerzo conjunto entre la comunidad local y las autoridades ambientales de la ciudad.
La actividad fue posible gracias a la colaboración entre la Junta de Acción Comunal (JAC) del barrio El Sosiego, el Jardín Botánico y la Alcaldía Local de San Cristóbal a través de su proyecto de Territorios Confiables. Laura Castellanos, licenciada en biología y parte del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB, indicó que esta interacción directa con los estudiantes constituye un puente entre la educación formal y el aprendizaje experiencial. Según explicó la funcionaria, la jardinera es empleada por los docentes y los alumnos como un aula viva, permitiéndoles reforzar conocimientos de ciencias y biología mediante la observación y el trabajo práctico.
Durante la jornada, los estudiantes se agruparon en tres equipos para retirar el pasto kikuyo —una especie vegetal muy común en jardines— de los alrededores de los cilindros, renovar el color blanco de estos elementos y diseñar carteleras que invitan a la protección y el cuidado del área verde. La restauración de la cobertura vegetal se enmarca en una estrategia que no solo contempla el componente ecológico, sino también el fortalecimiento de la identidad barrial y el sentido de pertenencia entre los jóvenes.
Castellanos anticipó que en próximas etapas se planea que los estudiantes estampen sus manos en las estructuras y participen en nuevas actividades de replante, profundizando el vínculo comunitario con el espacio intervenido. El JBB recalca que, aunque el mantenimiento técnico —incluyendo riego, fertilización y poda— es fundamental, la sostenibilidad a largo plazo depende de la apropiación y participación activa de la comunidad en general.
El barrio El Sosiego, fundado en 1950 en la localidad de San Cristóbal, es reconocido no solo por su historia y tradición, sino también por sus relevantes espacios residenciales y comerciales, así como su proximidad a puntos emblemáticos como la iglesia del 20 de Julio y la Clínica San Rafael, según la información de la Alcaldía de Bogotá. Su parque principal alberga numerosos árboles de diferentes especies, infraestructura deportiva y zonas de recreación al aire libre. Destacándose entre estos espacios está la llamada “Serpiente Jardinera”, una franja alargada de vegetación compuesta por especies como diete, buxus, bella a las once, clavel chino y hebe morado.
Este proceso de renaturalización y apadrinamiento no solo representa una contribución tangible al mejoramiento ambiental, sino que también fomenta la educación ecológica y la integración social, resaltando la importancia del trabajo mancomunado entre instituciones educativas, entidades públicas y la comunidad local, tal como lo detalla el reporte del Jardín Botánico de Bogotá.
¿Cuál es el impacto de las aulas vivas en la educación de los estudiantes?
Las aulas vivas, como la jardinera apadrinada en El Sosiego, se convierten en espacios pedagógicos alternativos donde la teoría se complementa con la práctica. Los estudiantes tienen la oportunidad de observar procesos biológicos, identificar especies y experimentar la responsabilidad ambiental de primera mano. Esta metodología facilita el aprendizaje significativo y motiva a los jóvenes a comprometerse activamente con el cuidado del entorno. Además, iniciativas de este tipo refuerzan la cohesión social y permiten que los conocimientos adquiridos en el aula se apliquen en acciones reales de transformación comunitaria, fortaleciendo así la identidad local.
La importancia de las aulas vivas radica en su capacidad para integrar conocimientos y valores. No solo desarrollan habilidades científicas, sino que también promueven actitudes responsables y sensibles ante los problemas ambientales, un aspecto esencial para la formación integral de los ciudadanos del futuro. ¿De qué otras formas podrían los espacios públicos convertirse en entornos de aprendizaje para la comunidad?
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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