El bolsillo interno no es seguro: el cosquilleo acecha y evoluciona en el transporte público de Bogotá

Bogotá
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¿Sabías que el bolsillo interno de la chaqueta podría ser el lugar menos seguro para tu celular?

El cosquilleo, una modalidad de hurto que se caracteriza por su sigilo y ausencia de violencia, continúa siendo uno de los flagelos más frecuentes en la ciudad de Bogotá, sobre todo en los sistemas de transporte público como buses y estaciones de TransMilenio y SITP. Según un reciente análisis de la Universidad Manuela Beltrán (UMB), esta forma de hurto suele aprovechar el contacto físico inherente a los lugares congestionados, y su éxito radica en la capacidad del delincuente para pasar desapercibido incluso ante víctimas que creen estar protegidas. Como exponen los expertos citados en el estudio, la habilidad de los cosquilleros para inhibir la respuesta sensorial de las víctimas -en un entorno donde el roce físico es constante- les permite sustraer objetos en menos de tres segundos sin que la persona advierta el robo a tiempo.

Un hallazgo relevante del informe de la UMB revela que cuatro de cada diez ciudadanos depositan toda su confianza en el bolsillo interno de la chaqueta como un espacio seguro para guardar el celular u otros elementos de valor. No obstante, el análisis subraya que este supuesto refugio puede resultar paradójicamente uno de los accesos más sencillos para los delincuentes experimentados, quienes han aprendido a detectar las señales que emiten los usuarios al vigilar repetidamente sus pertenencias o mostrar patrones de conducta rutinarios. La sensación de seguridad termina potenciando la vulnerabilidad de las personas, tornándose en una trampa muy efectiva.

El documento señala que el 70% de los participantes del grupo focal experimental identificó el celular como su bien más preciado. El hecho de comprobar constantemente su presencia o ubicación, lejos de evitar el hurto, se transforma en un indicador para los criminales sobre dónde y cuándo actuar. En situaciones de aglomeración, el fenómeno denominado como “trampa térmica” surge cuando el calor obliga a los usuarios a relajar medidas de protección —como abrir la chaqueta—, proporcionando el momento perfecto para que los cosquilleros pongan en marcha su destreza.

Reportes de El Espectador, medio que abordó con detalle la seguridad ciudadana en la capital, respaldan la prevalencia de este delito en zonas donde el contacto físico es inevitable. Además, aunque durante 2024 disminuyeron las capturas por hurto en el sistema de transporte, el cosquilleo volvió a posicionarse en 2025 como una de las principales amenazas, con frecuentes operativos y denuncias que confirman su vigencia y adaptabilidad.

El grupo focal de la UMB también evidenció la persistencia de mitos en torno al riesgo: el 30% de los encuestados piensa que portar el dispositivo en la cadera o el pecho disminuye el peligro, pero durante el trayecto, al levantar los brazos o cambiar de postura, estos lugares se convierten en puntos vulnerables. Sumado a esto, el cansancio y las prisas al final de la jornada hacen que seis de cada diez ciudadanos bajen la guardia, concentrándose un alto porcentaje de los hurtos en horario nocturno.

No menos relevante es el efecto psicológico posterior. El estudio menciona la “alerta residual”, manifestada en personas que persisten en conductas protectoras incluso en entornos considerados seguros, como centros comerciales. Esta prolongación de la sensación de amenaza demuestra cuán profundo es el impacto emocional del cosquilleo, que opera con el objetivo de evitar la confrontación directa y reducir el riesgo penal para quien comete el delito.

Los investigadores de la UMB recomiendan diversificar hábitos de protección, evitar rutinas, sospechar de los supuestos “bolsillos seguros” y mantener la alerta, especialmente en las horas de mayor vulnerabilidad. Las recomendaciones apuntan a que, más allá de confiar en la percepción de seguridad, es necesario replantear la relación cotidiana con los objetos de valor en espacios públicos.

¿Por qué es tan efectivo el cosquilleo en entornos congestionados?
La efectividad del cosquilleo en lugares con alto flujo de personas, como el transporte público de Bogotá, radica en la sobrecarga sensorial provocada por la cercanía física constante. Los ciudadanos tienden a normalizar el contacto, lo que disminuye la capacidad de diferenciar entre un toque casual y un acto deliberado. Esta modalidad, al no recurrir a la violencia, genera menos sospechas y permite al delincuente mezclarse rápidamente entre los pasajeros. Entender este mecanismo es crucial para modificar hábitos y actuar con mayor prevención ante una amenaza que evoluciona junto con las rutinas urbanas.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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