Bogotá aprende de la sequía: así logró la ciudad mejorar su abastecimiento de agua y evitar el racionamiento
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Visitar sitioReservas hídricas en Bogotá alcanzan niveles históricos a un año del racionamiento: ¿cómo se logró este avance?
Un año después de que Bogotá superara el período de racionamiento de agua, la situación en la capital se presenta notablemente diferente, según informes de las autoridades distritales y datos proporcionados por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB). Las limitaciones que afectaron a millones de bogotanos parecen haber quedado atrás, pues la ciudad no solo incrementó de manera significativa el nivel de sus reservas hídricas, sino que además mejoró la capacidad de reacción ante eventuales sequías, gracias a inversiones enfocadas en la modernización de la infraestructura y en modificar el comportamiento de consumo de los ciudadanos.
En este panorama, el fortalecimiento de las plantas de tratamiento juega un papel relevante. De acuerdo con la EAAB, la planta de Tibitoc logró aumentar su capacidad operativa, pasando de tratar 4,5 metros cúbicos de agua por segundo a 10,5 metros cúbicos por segundo. Este ajuste permitió reducir la dependencia del sistema Chingaza —la fuente de agua más importante para la ciudad—, que antes del racionamiento aportaba el 70% del suministro hídrico de Bogotá y hoy representa el 50%. Además, la planta Wiesner se encuentra en un proceso de modernización que prevé llevar su capacidad de tratamiento de 14 a 21 metros cúbicos por segundo, acción que reforzará la red hídrica en los próximos años.
En cuanto al estado de los embalses, el sistema Chingaza ha logrado alcanzar el 42,6% de su capacidad, un nivel superior al estimado para la fecha, incluso después de las disminuciones sufridas en febrero y marzo recientes. Según cifras del Acueducto, eso equivale a 120 millones de metros cúbicos de agua, es decir, 73 millones más que en abril de 2024, eliminando así el riesgo de un racionamiento inmediato. Adicionalmente, los sistemas norte (Tominé, Neusa y Sisga) y sur (La Regadera y Chisacá) muestran una recuperación favorable, con cerca del 55% y 56% de almacenamiento, respectivamente.
Algo destacable es que, a pesar del crecimiento poblacional de la ciudad y del fin de las restricciones, el consumo de agua permanece estable, situándose en 17,3 metros cúbicos por segundo, cifra similar a la registrada durante 2023, incluso cuando el número de usuarios aumentó en 120.000. Este escenario implica que los hábitos de ahorro aprendidos durante la crisis siguen arraigados en la población, si bien todavía queda camino para alcanzar el objetivo de 16 metros cúbicos por segundo establecidos como meta de consumo responsable.
Mirando al futuro, la EAAB ha preparado una estrategia integral de seguridad hídrica basada en siete líneas de acción, apoyada por cooperación internacional que suma más de 18 millones de dólares. Entre las medidas adoptadas se encuentra la modelación del sistema hídrico en conjunto con el Banco Mundial, estudios en el acuífero de la Sabana, implementación del reúso de aguas tratadas mediante la planta PTAR Salitre y la reducción de pérdidas de agua, que para 2025 superarán los 6 millones de metros cúbicos recuperados. Además, se están actualizando los protocolos frente a sequías, incorporando sistemas de alerta temprana y, desde la perspectiva de conservación, se han invertido COP 63.000 millones en el mantenimiento de predios estratégicos de cuencas, cumpliendo así con el compromiso de destinar el 1% del impuesto predial a la preservación de las fuentes hídricas de la ciudad.
Sin embargo, como lo indica la EAAB, el desafío principal sigue siendo estructural: la dependencia de factores climáticos, la continuidad en la inversión y el fortalecimiento de un consumo consciente condicionan el panorama a largo plazo. Evitar regresar a escenarios de racionamiento dependerá de la restauración de cuencas, el control de la expansión urbana sin planeación y la implementación de una nueva cultura frente al uso del agua, entendiendo que se trata de un recurso limitado.
¿Qué significa la modelación del sistema hídrico?
El término “modelación del sistema hídrico” hace referencia a la utilización de herramientas matemáticas y tecnológicas para simular el comportamiento de las fuentes, infraestructuras y demandas de agua en un territorio determinado. En el caso de Bogotá, la EAAB adelanta esta labor en conjunto con el Banco Mundial para anticipar escenarios de sequía, calcular necesidades futuras e identificar puntos críticos de la red hídrica. Comprender y aplicar correctamente estos modelos es esencial para tomar decisiones acertadas y asegurar la sostenibilidad del abastecimiento de agua en la ciudad.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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