Entre la maternidad y la autonomía: 20 años de libre decisión sobre el aborto en Colombia

Nación
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Día de la Madre y 20 años del aborto legal en Colombia: dos hitos, un mismo debate sobre libertad.

Este 10 de mayo, al conmemorarse el Día de la Madre y los veinte años de la primera sentencia que despenalizó el aborto en Colombia, el país se encuentra frente a una fecha cargada de simbolismo y reflexión. Ambas situaciones, aunque en apariencia opuestas, tienen un profundo vínculo: abortar o continuar con una gestación responden a decisiones reproductivas legítimas, cuyo ejercicio debe estar garantizado bajo el principio de plena libertad individual. Esta doble efeméride ofrece la oportunidad de visibilizar la importancia de que las mujeres decidan de manera autónoma sobre su cuerpo y su futuro, alejándose de imposiciones sociales o biológicas.

Desde la sentencia que permitió el aborto bajo tres causales específicas hasta la emblemática Sentencia Causa Justa (C-055/2022) de la Corte Constitucional de Colombia —que extendió la libertad de interrumpir voluntariamente el embarazo hasta la semana 24 y después de ese periodo bajo el modelo de causales—, la lucha de los movimientos de mujeres ha estado marcada por la demanda de que la maternidad no sea una obligación ni un destino impuesto. Como ha sostenido la Corte, impedir la interrupción voluntaria del embarazo supone cosificar a las mujeres y reducir su vida a un medio para fines reproductivos.

De acuerdo con el análisis de la Corte Constitucional, se ha subrayado que tanto la interrupción del embarazo como llevarlo a término constituyen decisiones válidas, que deben ser respetadas como manifestaciones de la libertad de conciencia. Según este tribunal, la decisión de tener o no hijos forma parte de los derechos reproductivos y, más específicamente, de la autonomía reproductiva, entendida como la facultad individual e intransferible de tomar decisiones sobre la procreación con base en creencias personales y en la situación social y material particular de cada mujer.

Estudios citados en El Espectador, como los desarrollados por Juliana Londoño y Estefanía Saravia, evidencian que denegar el derecho al aborto tiene consecuencias que se extienden más allá de la mujer: los hijos e hijas de mujeres a las que se les negó abortar tienden a tener una menor probabilidad de concluir sus estudios escolares y acceder a educación superior, y el ingreso promedio familiar disminuye en un 20%. Además, cada decisión sobre la maternidad o la interrupción del embarazo suele estar profundamente meditada y responde al proyecto de vida y las circunstancias familiares de cada mujer.

Así, las dos décadas de ajuste normativo y debate público en Colombia han servido no solo para enfatizar la validez ética y legal de ambas decisiones, sino también para fortalecer el reconocimiento de la autonomía reproductiva como una dimensión central de la libertad y dignidad humana. La coincidencia de estas fechas invita a recordar que el derecho a decidir sobre la maternidad o el aborto es parte de un contexto más amplio de justicia social y derechos humanos.

¿Cuál es la diferencia entre autonomía reproductiva y libertad de conciencia en las decisiones sobre interrupción voluntaria del embarazo?

Ante el debate sobre los derechos de las mujeres respecto al aborto y la maternidad, conceptos como autonomía reproductiva y libertad de conciencia han cobrado relevancia en los fallos y argumentos esgrimidos por la Corte Constitucional. La autonomía reproductiva se refiere específicamente al reconocimiento de la capacidad individual de cada mujer para decidir si desea o no ser madre, considerando sus condiciones personales, sociales y materiales. Este derecho forma parte de los denominados derechos reproductivos, que buscan garantizar el control y la autodeterminación sobre el propio cuerpo y la vida reproductiva.

La libertad de conciencia, por su parte, implica el derecho de cada persona a tomar decisiones de acuerdo con sus convicciones o creencias más profundas. En materia de interrupción voluntaria del embarazo, la Corte ha considerado que ambas dimensiones se complementan: la autonomía reproductiva habilita a las mujeres a decidir en función de su proyecto de vida, mientras que la libertad de conciencia respalda que esa decisión puede basarse en valores personales, religiosos o filosóficos. Así, ambas garantías aseguran que la decisión de continuar o no un embarazo pertenece exclusivamente a quien lo experimenta.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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