"Entraron a la casa": dicen cómo vecinos casi linchan a extranjero por chisme de supuesto abuso
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La directora del ICBF confirmó que la violencia sexual está descartada y alertó sobre el grave daño emocional causado a los tres menores.
El delicado caso del ciudadano estadounidense detenido en el norte de Bogotá dio un nuevo y desgarrador giro tras las declaraciones de Astrid Cáceres, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). En entrevista con Blu Radio, la funcionaria confirmó de manera categórica que la violencia sexual está totalmente descartada, desmintiendo el violento escenario que se viralizó en redes sociales. Sin embargo, Cáceres encendió las alarmas por el grave impacto emocional y psicológico que sufrieron los tres menores de edad involucrados debido al linchamiento social del que fue víctima su familia adoptiva.
La directora reveló detalles alarmantes sobre el caos vivido dentro del apartamento en el barrio Chicó Navarra. Según Cáceres, dos personas ingresaron con violencia a la vivienda para interpelar a los niños antes de que llegaran las autoridades. Como los padres adoptivos no hablan español, la hermana mayor, una adolescente de 15 años, se vio obligada a traducir los gritos, acusaciones e insultos de la multitud, entre ellos el calificativo de “alcahueta” hacia la madre. “Para la niña mayor tener que traducirle eso a los papás fue lo más complejo y esa ruptura emocional es lo que más los ha afectado”, lamentó la funcionaria, destacando que la menor intentó defender a su familia en todo momento.
El verdadero drama ahora se centra en el futuro de la adopción de los tres hermanos de 4, 7 y 15 años. Cáceres advirtió con profunda preocupación que todo este escándalo mediático y la agresión de los vecinos vulneró el proceso de confianza que se venía construyendo con éxito. El daño psicológico es tan severo que la funcionaria admitió que la pareja norteamericana podría arrepentirse de continuar con el proceso legal en el país, a pesar de que los lazos afectivos ya estaban consolidados. “Los niños ya les decían papás”, confesó de forma conmovedora.
Actualmente, el ICBF concentra todos sus esfuerzos institucionales en un plan de reparación emocional para estabilizar a los menores, quienes presenciaron cómo la comunidad apartaba a sus cuidadores bajo sospechas infundadas. Mientras la Fiscalía define la situación del ciudadano texano tras comprobarse que solo auxiliaba al niño por un atoramiento alimenticio, este caso deja una cruda lección sobre las consecuencias devastadoras de la justicia por mano propia y la difusión irresponsable de contenidos en las plataformas digitales.
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