Cuatro años de guerra en Ucrania: la vida cotidiana como frío campo de batalla
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Visitar sitioTras cuatro años del inicio de la invasión rusa a gran escala, Ucrania no solo es un frente militar activo en el corazón de Europa: es también el escenario de una de las crisis humanitarias más profundas del Viejo Continente en décadas. Las cifras de muertes y heridos, el colapso de infraestructura vital, la emigración forzada y la erosión de las condiciones básicas de supervivencia han reconfigurado la vida cotidiana de millones de personas, principalmente en la nación invadida, aunque también al otro lado de la frontera. Informe especial.
Bombardeos, explosiones y destrucción…
Si la muerte es la cara más visible de la guerra, el frío que cala hasta los huesos y la precariedad son su telón de fondo permanente.
En medio de uno de los inviernos más intensos en Europa de los últimos años, Moscú ha lanzado embestidas con mayor intensidad contra centrales energéticas que han privado a la población de la provisión de electricidad y calefacción mientras los termómetros marcan hasta los 20 grados bajo cero.
Solo el pasado enero, el Ejército ruso atacó casi a diario la red eléctrica de Ucrania, incluidos cinco asaltos a gran escala y en simultáneo que dañaron o destruyeron componentes clave del sistema energético en al menos 17 regiones, así como en la ciudad de Kiev, como recogió un informe de la Misión de Observación de Naciones Unidas en Ucrania (HRMU).
Los apagones prolongados hacen de la supervivencia básica una lucha diaria que impacta en la salud: hospitales que cancelan procedimientos considerados no urgentes y hogares que dependen de generadores improvisados o estufas de emergencia.
“La magnitud y la persistencia de estos ataques ponen de manifiesto un grave desprecio por la vida y el bienestar de la población civil”, declaró Danielle Bell, directora de la HRMMU.
Desde Ternópil, en el occidente del país donde se registra un relativo menor impacto del conflicto, la abogada ucraniana Liliya Mykolayiv destaca a France 24 que esas condiciones están empujando a un mayor éxodo.
“Ante la falta de energía, hay mucha gente que se ha movido desde la capital hacia otras provincias de Ucrania y el exterior (…) Están saliendo porque el este de Ucrania no es seguro, mucha gente que en un primer momento no quería irse porque toda su vida estaba allí, ahora, a medida de que hay más inseguridad, ha tomado decisiones. Este invierno es especialmente duro, frío, y con ataques tan graves que no se habían producido en otros años”.
Rusia sigue usando el frío como “un arma de guerra”, con una estrategia definida y envalentonada por el presidente de EE. UU., Donald Trump, cuyo respaldo ha servido para “prolongar la guerra”, señala el experto en geopolítica y estrategia militar, Luis Alberto Villamarín.
En medio de esa dinámica, el lanzamiento de distintos tipos de drones por parte de Moscú busca hacer insostenible la vida de los civiles para expulsarlos de áreas determinadas.
“La despoblación intencionada de las zonas cercanas a la retaguardia facilita los avances tácticos rusos en primera línea ya que es relativamente más fácil para las fuerzas rusas infiltrarse o avanzar hacia asentamientos vacíos”, indica el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW por sus siglas en inglés), en un informe del pasado 10 de febrero.
“El Ejército ruso está utilizando drones FPV para convertir el daño a civiles en armamento como herramienta de guerra intencional”
El Ejército de Ucrania contraataca y también causa daños al otro lado de la frontera mientras apunta contra una de las mayores fuentes de ingresos del Kremlin para financiar la guerra: las instalaciones petroleras.
Como muestra de ello, en la región rusa de Belgorod, el pasado 12 de febrero más de 220.000 personas quedaron por varias horas sin electricidad tras un asalto de Kiev.
Pese a la distribución relativamente equitativa de sistemas no tripulados entre los ejércitos de los dos países, “las fuerzas rusas parecen estar atacando deliberadamente a civiles e infraestructuras civiles para lograr objetivos militares específicos. Esta tendencia sugiere que el Ejército ruso está utilizando drones FPV para convertir el daño a civiles en armamento como herramienta de guerra intencional”, remarca el ISW.
2025, el año más mortífero para la población civil en Ucrania
La Misión de Observación de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania (HRMMU) verificó 2.514 muertes violentas de civiles, en 2025 y 12.142 heridos.
Ambas cifras representaron un aumento del 31 % frente a 2024 – cuando se registraron 2.088 muertos y 9.138 heridos –, así como un incremento del 70 % con respecto a 2023 (1.974 muertos; 6.651 heridos).
La gran mayoría de las “bajas verificadas” (término usado para víctimas mortales y heridos) por la HRMMU el año pasado se produjeron debido a ataques lanzados por las Fuerzas Armadas rusas (97%; 2.395 muertos y 11.751 heridos).
La pérdida de vidas civiles no es un efecto secundario de la invasión, sino la respuesta de una intencionalidad, explica el Instituto para el Estudio de la Guerra.
“Los ataques con drones tácticos rusos contra civiles e infraestructuras civiles a lo largo de la línea del frente se han vuelto tan generalizados que los observadores los han descrito como una “cacería” o un “safari humano”, analiza.
El ISW detalla que con el uso por ejemplo de FVP, (drones que permiten al operador ver el objetivo en tiempo real) Moscú ataca a civiles de forma deliberada.
“Infundir temor no es un efecto secundario de los ataques con drones rusos, sino su intención precisa”
Detrás de cada cifra hay historias concretas: familias que pierden a un hijo en un mercado, adultos mayores alcanzados por fragmentos de metralla en su propio apartamento, niños heridos en trayectos escolares.
También, vehículos de servicios de emergencia y convoyes humanitarios claramente identificados, lo que dificulta las labores de rescate, según las recopilaciones del think tank estadounidense.
“Esta constante sensación de miedo, exacerbada por la alta saturación de drones en el espacio aéreo de baja altitud, crea la impresión de que los civiles no pueden salir de sus hogares ni siquiera para realizar las tareas más básicas, como recoger comida, agua o cobrar sus pensiones (…) Infundir temor no es un efecto secundario de los ataques con drones rusos, sino su intención precisa”, plantea el ISW.
Desde que Vladimir Putin ordenó la invasión, el 24 de febrero de 2022 y hasta finales de 2025, se registraron más de 15.00 civiles muertos en la violencia relacionada con el conflicto y más de 41.000 han resultado heridos, según indicó la Misión de Monitoreo de Derechos Humanos de la ONU en Ucrania (HRMMU) en un informe divulgado el pasado 16 de febrero.
Pero la organización advierte que se refiere solo a los casos verificados. Ante las dificultades para acceder a zonas de combate o territorios ocupados, las cifras pueden ser mayores.
En el plano militar, aunque la opacidad de ambos lados dificulta conocer con precisión el número de muertos, un reporte del pasado 2 de diciembre, publicado por el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Kiev, atribuyó a Rusia 1.175.030 militares muertos.
Y el portal Russia Matters–que cita como referencia datos de ISW y otras fuentes– cifró en “más de 790.000” el total de bajas (muertos o heridos) rusas desde 2022 hasta finales de 2025.
En cuanto a los civiles rusos, la ONU no ha publicado un recuento verificable de los cuatro años de guerra, en medio del veto de las autoridades locales que, incluso, han prohibido el acceso a medios de comunicación independientes.
Rusia “ha padecido muchas consecuencias, pero el poder sobre la información que tiene Putin ha impedido que se conozca todo, pero son aldeas enteras (…) Muchos escapan para huirle a la guerra y también tiene un fenómeno que en cualquier momento le puede crecer que es el yihadismo, la población civil es la más afectada porque tiene que soportar el reclutamiento a la fuerza. Y así como Ucrania ha matado a militares rusos de altos cargos, puede seguir con funcionarios de otro nivel, en alcaldías, gobernaciones, los riesgos y el desgaste que puede seguir padeciendo Rusia es aún indescriptible y no se puede cuantificar tan fácil”, resalta el experto en geopolítica y estrategia militar Luis Alberto Villamarín.
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El mayor éxodo en europa desde la II Guerra Mundial
Según los últimos datos de ACNUR, recogidos hasta 2025, casi siete millones de personas han buscado refugio fuera de Ucrania desde febrero de 2022. A ello se suman aproximadamente 3,7 millones de desplazados internos, de acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
Estas cifras implican que millones de ucranianos han tenido que abandonar sus hogares, a menudo con lo que tienen puesto, para escapar de bombardeos, ocupación o destrucción de infraestructuras básicas.
El desplazamiento no es solo un cambio geográfico, es una ruptura biográfica.
En las ciudades del occidente de Ucrania, la presión demográfica ha tensionado servicios sociales, vivienda y empleo. Y en los países vecinos —Polonia, Alemania, República Checa, entre otros— los sistemas educativos y sanitarios han debido adaptarse a una llegada masiva y sostenida de refugiados.
El desarraigo prolongado tiene consecuencias profundas: niños que pasan años fuera de su entorno original, profesionales cualificados que rehacen su vida en el extranjero, familias divididas por fronteras y decisiones difíciles.
La guerra no solo desplaza cuerpos; desplaza proyectos vitales. Y las dificultades no terminan al emigrar.
La abogada ucraniana Liliya Mykolayiv, especializada en asuntos de Extranjería en España, subraya que a menudo el idioma es el mayor obstáculo.
“Normalmente el ciudadano ucraniano es un profesional que huye de la guerra y se encuentra con que no puede ejercer porque no puede comunicarse. A largo plazo puede dominar el idioma, pero no en un par de años, por lo que tienen que reorganizar su vida y asumir otros oficios”, señala.
A esto se suma la incertidumbre sobre su estatus migratorio. “La protección temporal, la figura jurídica con la que pueden contar los ucranianos es una respuesta correcta, eficiente y muy buena que ha encontrado la UE para gestionar esa situación, pero es temporal, tiene que haber un mecanismo de modificación de ese estatus jurídico a otros y es la fase en la que estamos, todavía no está claro qué se va a adaptar para los ucranianos o qué requisitos va a haber y esa es una gran inseguridad para muchos”, agrega.
Si bien la población dentro de Ucrania ha disminuido significativamente desde el inicio de la invasión, millones se rehúsan a abandonar su nación.
“El pueblo ucraniano es indómito, tiene una identidad total con su territorio y prevención por la era de la Unión Soviética. Si Ucrania fuera obligada por la fuerza a ceder el Donbass y aceptar las disposiciones de Rusia, vendría una guerra de guerrillas interminable y acciones de participación de partisanos y reacciones irregulares para cobrar venganza”, advierte el analista Luis Alberto Villamarín.
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Invasión rusa: ¿un modelo para futuros conflictos?
Ucrania ha servido, además, como una especie de plataforma por parte de Rusia para ensayar su combinación de armas y drones mientras difumina la línea entre objetivos militares y civiles. Y estas son prácticas exportables.
“Es probable que Rusia emplee campañas FPV similares en futuros conflictos, incluyendo una posible confrontación con la OTAN, para hostigar a la población civil en Europa, desestabilizar la logística en la retaguardia y la retaguardia y moldear el espacio de batalla mediante el ataque a objetivos civiles”, enfatiza el Instituto para el Estudio de la Guerra.
De hecho, los drones FPV–económicos y relativamente fáciles de operar–están disponibles comercialmente y ya están siendo utilizados por diversos grupos terroristas, separatistas y mercenarios de África Occidental y el Sahel.
Sobre Ucrania, la Comisión de la ONU concluyó que estos ataques de corto alcance constituyen crímenes de lesa humanidad, como asesinato y traslado forzoso de población, debido a que causan daños persistentes a la población civil.
Pero sin una rendición de cuentas, su uso podría ser aún más extendido.
“Ahora mismo la economía rusa se basa en el armamento, ya no en la producción de recursos. Si el día de mañana Ucrania cediera en lo que quiere Rusia y se acabara la guerra por ocupación, ¿qué va a hacer Rusia con todas esas armas? Con su espíritu imperialista va a buscar la forma de ocupar otros territorios, ya tiene todas las armas para hacerlo, si no se le aplican sanciones y advertencias, se puede repetir”, remarca Mykolayiv.
Cuatro años después, la invasión rusa ha dejado una huella que no se limita al plano militar y altera la experiencia elemental de vivir: la seguridad del hogar, la previsibilidad del invierno, la continuidad de la escuela, la estabilidad del trabajo.
Y mientras las negociaciones diplomáticas se mueven con lentitud y el frente permanece activo, millones de ucranianos siguen enfrentando cada día una pregunta básica y urgente: cómo sobrevivir —y mantener un mínimo de normalidad— en medio de una guerra que, lejos de apagarse, continúa moldeando cada aspecto de su vida.
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