EEUU se prepara para un Super Bowl histórico con los New England Patriots y Bad Bunny

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Gran espectáculo del deporte anual, el Super Bowl vivirá este 8 de febrero el intento de los New England Patriots de recuperar el trono de la NFL, y un show histórico de la superestrella puertorriqueña Bad Bunny, en medio de tensiones políticas.

Más de 120 millones de estadounidenses volverán a seguir en sus pantallas la final de la liga de football americano (NFL) en un fenómeno que, este año más que nunca, adquiere trascendencia cultural y política.

En la competencia deportiva, los New England Patriots chocarán contra los Seattle Seahawks en Santa Clara, California, a partir de las 15H30 locales (23H30 GMT), en busca de su séptimo título de Super Bowl y primero desde el fin de la dinastía liderada por Tom Brady. Con este trofeo, los Patriotas romperían su actual empate con los Pittsburgh Steelers y se consagrarían como la franquicia más ganadora de la competición.

Según las casas de apuestas, que este año se estima que moverán unos 1.760 millones de dólares, los favoritos al triunfo son los Seahawks, dueños de la defensa más feroz de la liga. Seattle, de la mano del subestimado quarterback Sam Darnold, no estaba en este escenario desde que en 2014 salió vencedor de su primer trofeo Vince Lombardi y un año después perdedor de un duelo con los Patriots que se les escapó de las manos en los últimos segundos.

“El mundo va a estar feliz”  

Más allá del emparrillado, todas las miradas estarán puestas en la actuación del medio tiempo de Bad Bunny, bajo una expectación disparada tras su éxito en los premios Grammy y su contundente protesta contra el gobierno de Donald Trump.

El puertorriqueño, que será el primero en protagonizar el show en español, condenó con dureza la ofensiva antimigratoria del republicano, que ha sembrado el temor en una buena parte de la comunidad latina en Estados Unidos.

La magnitud y agresividad de estas redadas generó indignación incluso en una parte de la base de apoyo de Trump, especialmente tras la muerte a tiros de dos estadounidenses por agentes de migración en Mineápolis.

Sin dar ninguna pista de sus intenciones, ni de sus posibles invitados, Bad Bunny se limitó a prometer esta semana que el recital será “una enorme fiesta” y “el mundo va a estar feliz”. Las expectativas están en todo lo alto para comprobar si Bad Bunny repite su protesta.

Una máquina comercial

Trump, por su parte, se negó a acudir esta vez al Super Bowl y tenía previsto seguirlo desde su residencia de Mar-a-Lago, Florida. El mandatario, al igual que muchos de sus partidarios, arremetió contra las invitaciones a Bad Bunny y Green Day, que actuarán antes y son también feroces críticos del republicano, afirmando que el cartel es “terrible” y “sembrará odio”.

La presencia del reguetonero, el artista más reproducido en Spotify, ha atraído aún más la atención global sobre la cita cumbre del deporte norteamericano, una máquina comercial sin igual que este año puede superar sus propios récords.

El costo de algunos de los codiciados anuncios televisivos, de 30 segundos, escalará hasta los 10 millones de dólares y, según el gobierno de California, la economía local también se beneficiará con la llegada de unos 90.000 visitantes y un impacto de unos 500 millones de dólares.

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