Sarah Mullaly, primera mujer nombrada jefa de la iglesia anglicana

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La elección de Sarah Mullally como nueva arzobispa de Canterbury es un hito histórico por ser la primera mujer en los 500 años de la Iglesia Anglicana que ocupa el cargo. 

Sara Mullally tiene 63 años y es madre de dos hijos. Durante buena parte de su vida profesional no estuvo en la Iglesia, sino en los hospitales. Fue enfermera, una experiencia que ella misma describe como “inmensamente pastoral”, porque —dice— cuidar a los enfermos también es acompañar espiritualmente.

Ordenada sacerdotisa en 2006, Mullally se fue abriendo camino en la jerarquía anglicana impulsada por su pasión por la teología y su capacidad de liderazgo. En 2018 llegó otro momento histórico: fue nombrada obispa de Londres, convirtiéndose también en la primera mujer en ocupar ese puesto. Ya entonces su nombramiento sorprendió a muchos y fue interpretado como una señal de que el patriarcado que durante siglos ha marcado a la Iglesia anglicana —y a muchas instituciones religiosas— comenzaba a resquebrajarse. La confirmación de ese cambio llegó en octubre de 2025, cuando Mullally fue designada arzobispa de Canterbury, el cargo más importante de la Iglesia anglicana.

Pero su papel no se limita al ámbito religioso. Como arzobispa de Canterbury ocupa también un escaño en la Cámara de los Lores, lo que la convierte en una figura activa de la vida pública británica: participa en debates sobre política pública y asiste a ceremonias de Estado.

Nuestro corresponsal en Londres, Daniel Postico, visitó la Abadía de Westminster, donde conversó con Arthur y Ethel, un matrimonio de pensionistas anglicanos que recibe con entusiasmo el nombramiento de Mullally. “Son muy buenas noticias —dice Ethel—. Es una mujer muy respetada, con una vida interesante, y creo que marcará la diferencia”.

Aunque reconoce que el camino no fue fácil. Mullally ha tenido que enfrentarse a resistencias dentro de los sectores más conservadores de la Iglesia. “Ha tenido bastante oposición —explica Ethel— porque todavía hay gente que no quiere que una mujer ocupe ese cargo. Pero estoy segura de que lo hará muy bien”.

El puesto de arzobispo de Canterbury estuvo vacante durante un año. El predecesor de Mullally, Justin Welby, se vio obligado a dimitir tras un escándalo relacionado con abusos sexuales en la Iglesia. Las investigaciones concluyeron que el líder de un campamento cristiano, John Smyth, considerado el mayor abusador de menores vinculado a la institución, podría haber sido llevado ante la justicia si Welby lo hubiera denunciado a la policía en 2013. Sanar a la Iglesia de esos escándalos es, precisamente, uno de los mayores desafíos que ahora enfrenta Mullally.

Daniel Postico también habló con Georgie, una anglicana practicante que cree que Mullally no fue elegida por ser mujer, sino por su trayectoria: “Fue la enfermera con el rango más alto del país —explica—, un cargo de enorme responsabilidad. Allí demostró su capacidad para dirigir, para liderar y para ayudar a los demás. Si alguien está preparada para esto, es ella”.

Para Georgie, su elección no responde necesariamente a un intento de modernizar la Iglesia. “No sé si es una señal de modernización —dice—. Creo que ha sido una decisión tomada desde la oración”.

Mullally pertenece al ala más liberal de la Iglesia anglicana y se ha mostrado favorable al reconocimiento de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Ethel cree que, con el tiempo, esos cambios llegarán: “Todo irá despacio —dice sonriendo— porque nada va rápido en la Iglesia de Inglaterra. Pero creo que intentará que las cosas sean más abiertas”.

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