Portland registra la peor calidad del aire por incendios forestales mientras la NASA monitorea contaminantes con el satélite TEMPO

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En julio, el satélite TEMPO de la NASA comenzó a emitir datos horarios sobre contaminación en Norteamérica.

En agosto, la ciudad de Portland, Oregón, en Estados Unidos, experimentó una situación alarmante: la calidad del aire se deterioró hasta posicionarse como la peor a nivel mundial, debido a los vientos que transportaron el humo y gases de incendios forestales. Este fenómeno forzó el cierre de espacios públicos y la cancelación de eventos al aire libre, una realidad que se repitió en otras urbes del continente, como Nueva York, Denver y Chicago, marcando un verano atípico caracterizado por altas temperaturas y la presencia recurrente de incendios forestales, de acuerdo con Oregon Public Broadcasting. Paralelamente, el satélite TEMPO (Tropospheric Emissions: Monitoring of Pollution, o monitorización de las emisiones troposféricas de contaminación), supervisado por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), empezó a ofrecer datos cada hora sobre los contaminantes en la atmósfera norteamericana, lo que representó una mejora significativa frente a los satélites anteriores que solo aportaban una o dos imágenes diarias.

Esta herramienta ha sido vital para comprender fenómenos como el llamado “clima químico”, un concepto que, según Laura Judd, investigadora de la NASA, ilustra cómo la contaminación varía dinámicamente de hora en hora. Aunque desde la aprobación de la Ley de Aire Limpio de 1970 el país logró reducir significativamente varios contaminantes, los avances sobre el ozono y las partículas PM2,5 (menores a 2,5 micrómetros de diámetro) se han estancado. Estas sustancias, consideradas contaminantes secundarios por formarse en la atmósfera a partir de reacciones químicas, resultan especialmente complejas de controlar, ya que sus fuentes incluyen incendios, tráfico y actividades industriales dispersas. Como señaló el ‘Annual Review of Pharmacology and Toxicology’ en 2023, existe creciente evidencia sobre la relación entre la exposición a estos contaminantes y problemas neurológicos como esquizofrenia, alzhéimer o párkinson, sumándose a los miles de casos de asma y muertes prematuras que todavía se presentan por la contaminación en Estados Unidos.

El satélite TEMPO mide varios contaminantes, incluyendo dióxido de nitrógeno (NO₂), formaldehído y ozono troposférico, identificando los picos de concentración y distinguiendo si provienen de fuentes locales o eventos distantes como los incendios. Gracias a sus datos, los investigadores pueden diferenciar cuándo es necesario implementar restricciones y cuándo los altos niveles de polución obedecen a causas externas. En ciudades como la Ciudad de México, TEMPO ha demostrado el vínculo directo entre los picos de NO₂ y el aumento de visitas a emergencias, facilitando la toma de decisiones como cancelar actividades al aire libre para proteger la salud pública.

Así, la capacidad de este satélite para vigilar el aire contaminado en tiempo real constituye un avance crucial, permitiendo a autoridades y científicos anticipar episodios peligrosos, adaptar sus políticas y, en última instancia, proteger la vida de millones de personas.

* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

¿Cómo ayuda el satélite TEMPO a controlar la contaminación atmosférica?

El satélite TEMPO permite monitorear cada hora, con gran exactitud, los contaminantes que se forman y se dispersan en la atmósfera. Esto ayuda a identificar fuentes de contaminación tanto locales como distantes, optimizando la respuesta de las autoridades y permitiendo establecer políticas más precisas y efectivas en materia de salud y calidad del aire.

¿Qué significa PM2,5 y por qué es tan difícil controlar este contaminante?

El término PM2,5 se refiere a partículas en suspensión con menos de 2,5 micrómetros de diámetro. Estas partículas son consideradas peligrosas porque pueden penetrar fácilmente en los pulmones y en el torrente sanguíneo. Su control es complejo ya que provienen de fuentes muy variadas, incluyendo incendios, tráfico y procesos industriales, y además se forman en la atmósfera a través de reacciones químicas, lo que dificulta su manejo por parte de las autoridades.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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