Rusia: cuando el Oreshnik, misil balístico nuclear, se convierte en un “arma psicológica”
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Visitar sitioRusia ha optado por atacar una infraestructura civil no lejos de la frontera polaca con el Oreshnik, uno de sus misiles más avanzados, capaz de transportar varias bombas atómicas. La elección de un objetivo de importancia relativamente modesta para un arma de este tipo puede sorprender, pero dice mucho sobre la voluntad del Kremlin de hacer llegar determinados avisos.
Oreshnik, acto II. Rusia anunció haber disparado este misil balístico de alcance medio, capaz de transportar cargas nucleares, para atacar una “infraestructura crítica” en las proximidades de la ciudad de Lviv, al oeste de Ucrania, en la noche del jueves 8 al viernes 9 de enero.
Ucrania confirmó haber encontrado restos de un misil Oreshnik cerca de un sitio subterráneo de almacenamiento de gas, calificando este ataque como crimen de guerra. El SBU, el servicio de seguridad ucraniano, acusó a Moscú de haber querido privar de energía a la región de Lviv, cerca de la frontera polaca, durante un periodo de intenso frío.
Antes de este ataque, este misil solo había sido utilizado una vez, en noviembre de 2024, contra un gran complejo industrial en la ciudad de Dnipró. En aquel momento, Vladimir Putin había elogiado la eficacia de lo que la propaganda rusa presenta como una de las piezas centrales del arsenal nuclear ruso.
Vengar el ataque ucraniano (¿imaginario?) contra la residencia de Putin
Esta arma extremadamente veloz, capaz de desplazarse a diez veces la velocidad del sonido, es decir, a más de 12.000 km/h, “es muy difícil de interceptar para las defensas antiaéreas”, subraya Erik Stijnman, especialista en cuestiones de seguridad militar en el marco de la guerra ruso-ucraniana en el Instituto Neerlandés de Relaciones Internacionales Clingendael.
El Oreshnik dispone además de “varias ojivas que se separan, lo que permite golpear varios objetivos al mismo tiempo, representando un desafío aún mayor para los sistemas de defensa más modernos”, precisa Matthew Powell, especialista en guerra aérea en la Universidad de Portsmouth.
Esta vez, el Kremlin afirmó que el uso del Oreshnik representaba la respuesta al bombardeo ucraniano contra la residencia presidencial rusa del 29 de diciembre. Un ataque que Ucrania siempre ha negado haber llevado a cabo y cuya realidad también es cuestionada por los servicios de inteligencia occidentales, incluidos los estadounidenses.
“Este ataque ucraniano, muy probablemente imaginario, sirve aquí de pretexto para una demostración de fuerza”, subraya Huseyn Aliyev, especialista en la guerra en Ucrania en la Universidad de Glasgow.
Un sinsentido militar
¿Contra un depósito de gas? La elección de este tipo de objetivo para un arma del calibre del Oreshnik puede sorprender. “Los rusos perfectamente podrían haber atacado una infraestructura así con misiles más convencionales o incluso con drones”, asegura Erik Stijnman.
La única razón para recurrir a este misil hipersónico reside en su famosa velocidad, que “maximiza las posibilidades de que el ataque escape a las contramedidas defensivas”, señala Matthew Powell. El Oreshnik puede, por tanto, representar una opción militar razonable si el objetivo elegido es de primera importancia estratégica para Moscú y está muy bien defendido por los ucranianos.
No está claro que un depósito subterráneo de gas cumpla estos criterios. Esta segunda utilización del “supermisil” en tres años de guerra en Ucrania “no tiene sentido desde el punto de vista militar”, sentencia Gustav Gressel, analista de asuntos militares de la Academia Nacional de Defensa de Austria. El diagnóstico fue el mismo para el primer ataque contra el complejo industrial cerca de Dnipró en noviembre de 2024, subrayan los expertos consultados por France 24.
“Rusia utiliza el Oreshnik como un arma psicológica más que militar”, estima Huseyn Aliyev. En el caso del ataque sobre Dnipró, se trataba de hacer la primera demostración de la realidad de esta arma considerada “experimental”.
Esta vez, “la razón principal parece ser impresionar a los rusos demostrándoles que Rusia dispone de esta arma muy eficaz y que, según la propaganda, hace temblar a la OTAN”, asegura Huseyn Aliyev.
El Kremlin había prometido una respuesta a la altura del supuesto ataque ucraniano contra la residencia de Vladimir Putin. “La presidencia rusa estaba prácticamente obligada a hacer una demostración de fuerza, incluso si el ataque ucraniano era inventado, dado que se había comprometido a ello ante la opinión pública”, explica Huseyn Aliyev.
Atacar el palacio presidencial en Kiev no era una opción, ni siquiera para los rusos. “El riesgo de daños colaterales es demasiado grande”, afirma Gustav Gressel. Sobre todo porque Rusia, que se presenta como la gran garante de la Iglesia ortodoxa, “no tendría ningún interés en correr el riesgo de dañar la Laura de las Cuevas de Kiev, un sitio religioso cercano al palacio presidencial considerado la cuna de la ortodoxia”, añade este experto.
Propaganda y amenaza
El lanzamiento del Oreshnik “también puede verse como un intento ruso de intimidar a Occidente”, estima Gustav Gressel. No es casualidad que Rusia haya llevado a cabo este lanzamiento “apenas unos días después de las declaraciones de varios países europeos que se dijeron dispuestos a enviar tropas terrestres a Ucrania para hacer respetar un eventual alto el fuego”, afirma Erik Stijnman.
“La presencia de soldados de la OTAN en Ucrania sigue siendo una línea roja para Moscú”, añade este especialista. “Este ataque buscaba empujar a esos países a reconsiderar su posición, demostrándoles que Rusia dispone de un misil de este tipo que podría alcanzarlos”, asegura Matthew Powell, sobre todo teniendo en cuenta que esta arma es difícil de contrarrestar incluso con los sistemas de defensa europeos modernos.
La elección de atacar Lviv es reveladora en este sentido. La ciudad se encuentra a solo 70 km de la frontera polaca, lo que permite a Moscú acercar la amenaza nuclear muy cerca de un país que forma parte de la OTAN. Es una forma muy concreta de “recordar que los rusos tienen la capacidad, con el Oreshnik —que tiene un alcance de unos 5.000 km—, de golpear cualquier punto de Europa”, subraya Matthew Powell.
Pero también es un mensaje muy costoso. Rusia no ha revelado el coste de un Oreshnik, pero según los expertos consultados por France 24, superaría los 10 millones de dólares. “A eso hay que añadir el hecho de que cada lanzamiento cuesta cientos de miles de dólares”, precisa Matthew Powell.
Es, por tanto, un mensajero mortal y de lujo el que Moscú ha elegido enviar a Occidente. “Por el mismo precio, Rusia podría haber construido quizá entre 10 y 20 misiles balísticos convencionales”, señala Huseyn Aliyev. Lo que demuestra hasta qué punto el Kremlin quería que el mensaje fuera recibido alto y claro en Occidente.
*Análisis adaptado de su original en francés
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