Gisèle Pelicot anunció la publicación de su nuevo libro para dejar el “estatus de víctima”

Gisèle Pelicot rompe el silencio: cómo transformó el dolor en valentía tras uno de los juicios más impactantes de Francia

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La valiente decisión de Gisèle Pelicot de relatar su caso reabre el debate sobre la exposición de las víctimas.

Gisèle Pelicot, víctima de uno de los casos de violencia sexual más notorios en Francia, ha decidido narrar su experiencia en un libro, un año y medio después de la condena de su exmarido, Dominique Pelicot. Él fue sentenciado por ofrecerla a numerosos hombres para que abusaran sexualmente de ella mientras estaba bajo los efectos de drogas. La francesa describe en entrevistas, como la concedida a Le Figaro, que el proceso judicial y la repercusión mediática la llevaron a replantearse la etiqueta de “víctima”. En sus propias palabras, ya no desea ser definida solo por ese estatus y aspira a reapropiarse de su relato, ahora traducido en España bajo el título ‘Un himno a la vida’.

En este libro, que Pelicot considera su testamento, se detalla el impacto global del juicio celebrado en 2024, juicio que no fue a puerta cerrada por decisión de la propia Gisèle. Su objetivo era que la vergüenza recayera sobre los agresores y no sobre ella. Esta determinación se convirtió en un símbolo de coraje y en un acto pensado tanto para proteger a otras víctimas como para señalar la necesidad de una discusión pública sobre los crímenes cometidos.

Pelicot, de 73 años en la actualidad, enfatiza que no ha permitido que la fama que surgió a raíz del juicio altere su identidad. Explica que nunca buscó el reconocimiento público ni el papel de icono que algunos le atribuyen, pero admite que su caso ha dejado huella en la sociedad. Aunque no tuvo la intención inicial de escribir el libro, la insistencia de distintas editoriales la llevó, junto a la periodista y novelista Judith Perrignon, a embarcarse en este proyecto que consideró útil para quienes puedan encontrarse en situaciones similares.

El proceso judicial estuvo marcado por la exposición pública, los prejuicios y las humillaciones que suelen enfrentar las víctimas de abuso incluso cuando existen pruebas irrefutables. Pelicot lamenta que hasta detalles como su atuendo durante el juicio fueran motivo de crítica y hace un llamado, dirigido especialmente a los abogados defensores, para que se pueda ejercer la defensa respetando a la parte afectada, tal como hizo la abogada Béatrice Zavarro.

Un aspecto que destaca en el relato de Pelicot es su deseo de confrontar a su exmarido en prisión, buscando respuestas sobre las razones detrás de sus crímenes y sobre la implicación de su hija, Caroline, quien también denunció a su padre por presuntas violaciones y abusos tras el hallazgo de imágenes en los archivos de Dominique Pelicot. Además, Dominique enfrenta investigaciones por otros delitos, incluido el asesinato de Sophie Narme, una carga que Gisèle espera no se confirme, ya que sería devastadora para la familia.

La autora revela que, a raíz de su caso, ha recibido cartas de hombres impactados por la repercusión de estos hechos, algunos de los cuales confesaron sentir vergüenza propia. Pelicot insiste en que no pretende generalizar y que el cambio profundo depende no solo de leyes, sino principalmente de la educación y de la transformación de mentalidades.

La decisión de mantener el proceso abierto no fue sencilla. En palabras de Pelicot, la posibilidad de enfrentar a “50 hombres como una masa” y su temor frente a sus miradas y presencia constante formó parte de su reflexión. Logró superar ese miedo, concluyendo que la transparencia era el único camino para que la sociedad conociera la verdadera magnitud del sufrimiento causado y para que otras mujeres no se sintieran solas en sus procesos.

Su encuentro con la realidad de los crímenes comenzó cuando una investigación policial reveló imágenes incautadas a su esposo, imágenes que ella inicialmente no reconoció como propias. Solo con las palabras del comisario comprendió la gravedad de lo ocurrido, situación que la ha impulsado a combatir la invisibilidad de las víctimas y a pedir una mayor atención pública y legal sobre estos delitos.

¿Cómo afecta la exposición pública a las víctimas en casos judiciales tan mediáticos?
El debate sobre la exposición pública en procesos judiciales relacionados con delitos sexuales cobra renovada importancia en casos como el de Gisèle Pelicot. Muchas víctimas deben decidir entre preservar su anonimato o permitir un juicio abierto, lo cual puede implicar enfrentarse no solo a los acusados, sino también al juicio de la sociedad. La decisión de Pelicot hizo visible cómo la transparencia puede invertir el sentimiento de vergüenza, trasladándolo hacia los perpetradores y liberando a la víctima de un aislamiento social adicional.
A la vez, este nivel de exposición suele venir acompañado de críticas, prejuicios y una profunda vulnerabilidad, como se evidenció en el proceso de Pelicot. La opinión pública, las repercusiones sociales y las narrativas mediáticas ejercen una presión extra sobre quienes buscan justicia, convirtiendo el proceso judicial en una experiencia todavía más compleja para las víctimas y sus allegados.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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