Del encierro a la esperanza: la carta de una niña colombiana revela el drama de las familias migrantes en EE.UU.
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Visitar sitioLa carta de una niña colombiana desde un centro de detención migratoria en EE. UU. destapa nuevas denuncias.
La historia de María Antonia Guerra Montoya, una niña colombiana de nueve años, puso en evidencia los desafíos a los que se enfrentan las familias migrantes bajo custodia en Estados Unidos. Después de pasar más de cuatro meses detenidas en el Centro Residencial Familiar del Sur de Texas, tanto ella como su madre, María Alejandra Montoya, regresaron finalmente a Medellín. El caso saltó a la luz cuando ProPublica dio a conocer una carta escrita por la niña, integrando su testimonio entre otras cartas de menores recluidos en ese centro, una instalación empleada por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) para retener a adultos con hijos mientras se resuelven procedimientos migratorios.
En su relato, María Antonia describió el viaje que la llevó desde Medellín hasta Estados Unidos con una visa de turista, con la intención aparente de pasar unas vacaciones. Su madre residía ya en Nueva York y gestionaba un ajuste de estatus migratorio tras casarse con un ciudadano estadounidense. Sin embargo, al llegar al aeropuerto de Miami, oficiales de migración retuvieron a la menor y, poco después, también a su madre. Durante este proceso, ambas permanecieron más de cien días bajo custodia, sin información clara sobre su situación, y fueron trasladas hasta Texas.
Según narró la madre en entrevista para Noticias Caracol, estuvieron en una sala de migración dos días antes de ser enviadas a Texas, lugar en el que permanecieron 128 días. La menor fue interrogada por cerca de dos horas, separada de su madre, y en sus cartas reflejó tristeza, insomnio y episodios de desmayo. Dijo: “ICE me usó para agarrar a mi mamá… estoy en una cárcel y estoy triste”.
Durante la detención, madre e hija se alojaron con otras familias. María Alejandra expuso inconformidades respecto al trato recibido, incluidas inspecciones frecuentes, restricciones en objetos que la niña usaba para distraerse y limitaciones estrictas de horarios de comida. Su testimonio reveló también que la niña, con dieta vegetariana, apenas pudo acceder a una alimentación acorde durante su encierro.
El rumbo del caso cambió gracias a la atención mediática y la denuncia pública. La madre relató que organizó una manifestación pacífica con otros detenidos; poco después, una oficial les comunicó su liberación. Sin embargo, la salida no supuso deportación formal: Montoya aceptó abandonar voluntariamente Estados Unidos para lograr la libertad de su hija. Ya en Colombia, el desafío inmediato fue recuperar el bienestar emocional de ambas, quienes iniciaron terapia psicológica por las secuelas del encierro. Según Montoya, lo esencial ahora es “convertir esta mala experiencia en una voz para otros niños que siguen detenidos” y promover alternativas más humanas frente a la detención de familias migrantes.
El proceso de residencia de Montoya continúa vigente al tratarse de un derecho familiar solicitado por su esposo, ciudadano estadounidense, aunque deberá gestionarse ahora desde Colombia. Por el momento, no planea regresar a Estados Unidos hasta lograr estabilidad emocional y claridad legal. Finalmente, madre e hija se esfuerzan por reconstruir su vida en Medellín, procurando retomar la rutina interrumpida y restablecer lazos que temieron perder.
¿Qué consecuencias emocionales sufren los niños tras pasar largo tiempo detenidos en centros migratorios?
La experiencia prolongada de reclusión puede tener un impacto significativo en el bienestar psicológico de los niños, que, como en este caso documentado por Noticias Caracol y ProPublica, se manifiesta a través de episodios de ansiedad, trastornos del sueño e incluso desmayos. La ausencia de estabilidad y el ambiente restrictivo potencializan sentimientos de miedo, tristeza y angustia, afectando su desarrollo emocional y social.
Tras regresar a Colombia, tanto la madre como la pequeña debieron buscar acompañamiento psicológico para enfrentar las secuelas de este periodo. La situación resalta la importancia de abordar integralmente los efectos de la detención en menores, quienes requieren de procesos de recuperación que contemplen tanto la salud mental como la reconstrucción de sus rutinas y vínculos familiares esenciales.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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