Terror en Halloween: la historia de supuesto asesino en serie que envenena dulces

Estados Unidos
Tiempo de lectura: 6 min
Escrito por:  Redacción Estados Unidos
Actualizado: 2026-10-15 12:42:26

Hace 52 años, un crimen ocurrido en Texas convirtió una tradición infantil en motivo de temor para miles de familias.

Halloween suele asociarse con disfraces, calabazas y recorridos infantiles para recoger dulces. Sin embargo, en Estados Unidos, uno de los crímenes más recordados de esta celebración dejó una huella de miedo que trascendió generaciones: el caso de Ronald Clark O’Bryan, un diácono de iglesia que fue condenado por envenenar golosinas con cianuro de potasio, causando la muerte de su hijo Timothy, de ocho años.

Los hechos ocurrieron el 31 de octubre de 1974 en Deer Park, Texas, en el área metropolitana de Houston. La investigación reveló que varias golosinas habían sido contaminadas deliberadamente y que el caso no correspondía a un ataque indiscriminado de un desconocido, como se temía en un principio, sino a un crimen atribuido al propio padre de la víctima.

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La noche del crimen estuvo marcada por la lluvia en la región de Houston. A pesar del mal tiempo, O’Bryan salió con sus hijos, Timothy y Elizabeth, para participar en la tradicional búsqueda de dulces por el vecindario.

Al regresar a casa, el niño de ocho años eligió una golosina de las que había recogido durante el recorrido: un tubo de caramelos Pixy Stix. Según los reportes periodísticos, el menor comentó que el dulce tenía un sabor amargo.

O’Bryan relató posteriormente a los detectives que, poco después de salir de la habitación de su hijo, escuchó que el niño lo llamaba porque le dolía el estómago.

De acuerdo con información publicada por Associated Press, el padre ayudó a Timothy a abrir el envase y le dio una bebida para suavizar el sabor. Sin embargo, el pequeño comenzó a vomitar y sufrió convulsiones. Murió menos de una hora después de consumir el dulce.

La muerte del menor llevó a los investigadores a examinar las golosinas que había recogido durante Halloween. Las pruebas permitieron establecer que algunas contenían cianuro de potasio, una sustancia altamente tóxica.

El seguro de vida que se convirtió en una pieza clave del caso

A medida que avanzó la investigación, los detectives encontraron elementos que apuntaban hacia el padre del niño. Uno de los aspectos que cobró relevancia durante el proceso judicial fue la existencia de pólizas de seguro de vida contratadas para sus hijos, cuyo valor conjunto habría alcanzado los 31.000 dólares.

Según los reportes de la época, los fiscales sostuvieron que el móvil del crimen estaba relacionado con el dinero. Durante el juicio, Vic Driscoll, fiscal del condado de Harris, cuestionó duramente la conducta del acusado.

La fiscalía presentó el caso como un homicidio premeditado y argumentó que O’Bryan habría utilizado la tradición de Halloween para ocultar el envenenamiento entre las golosinas que los niños recibían durante el recorrido.

El acusado, por su parte, mantuvo su versión de que los dulces envenenados habían sido recogidos durante la celebración y negó haber causado la muerte de su hijo. Sin embargo, el jurado no aceptó su explicación. En 1975, O’Bryan fue declarado culpable y condenado a muerte.

¿Por qué lo llamaron ‘el hombre que mató Halloween’?

El caso trascendió el ámbito judicial y terminó asociado a una de las mayores preocupaciones de los padres durante Halloween: la posibilidad de que desconocidos alteraran los dulces entregados a los niños.

El experto cultural David Skal, citado por Toronto Sun, planteó que O’Bryan pudo haberse aprovechado del temor que ya existía alrededor de las leyendas urbanas sobre golosinas envenenadas para desviar las sospechas hacia una persona desconocida.

Con el tiempo, el condenado recibió apodos como ‘el hombre de los dulces’ y ‘el hombre que mató Halloween’. Su historia se convirtió en una referencia recurrente en las discusiones sobre la seguridad infantil durante esta festividad. Aunque las leyendas sobre dulces adulterados circularon ampliamente en Estados Unidos, el caso de O’Bryan tuvo una particularidad: según la investigación y la sentencia judicial, el responsable no era un extraño que atacaba al azar, sino el padre de uno de los niños afectados.

La ejecución de Ronald O’Bryan en 1984

Después de permanecer varios años en el corredor de la muerte, Ronald Clark O’Bryan fue ejecutado en marzo de 1984.

Según la información publicada por Associated Press, el hombre conservó su postura de inocencia hasta el final y sostuvo que su ejecución era un error.

A las afueras del lugar se congregaron alrededor de 300 personas. Entre los asistentes había quienes respaldaban la ejecución y otros que se oponían a la pena capital. Los reportes de la época también señalaron que algunas personas lanzaron golosinas contra quienes protestaban contra la ejecución.

La muerte de O’Bryan cerró el proceso penal, pero no borró el impacto que el caso había dejado en la memoria colectiva estadounidense.

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Un crimen que cambió la percepción de Halloween

Halloween tiene raíces en antiguas tradiciones europeas, entre ellas Samhain, una festividad celta relacionada con el final de la cosecha y la llegada del invierno. Con el paso de los siglos, la celebración evolucionó hasta convertirse en una fiesta popular en Estados Unidos, donde los niños recorren los vecindarios para pedir dulces.

El caso de Timothy O’Bryan alimentó los temores relacionados con esa costumbre y reforzó la vigilancia de algunas familias sobre las golosinas que reciben sus hijos. Sin embargo, la historia también dejó una lección dolorosa sobre la naturaleza del crimen: en este caso, el peligro no provenía de un desconocido que repartía dulces, sino de alguien que debía proteger al menor.

Más de cinco décadas después, el nombre de Ronald Clark O’Bryan sigue ligado a uno de los episodios criminales más perturbadores asociados con Halloween en Estados Unidos.

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