Más de 600 km contaminados: las claves del derrame de petróleo en el Golfo de México

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Un derrame de hidrocarburos que se extiende por más de 600 kilómetros en el Golfo de México enciende alertas ambientales y genera cuestionamientos sobre su origen, magnitud y manejo, en medio de versiones divergentes entre autoridades y especialistas. De acuerdo con las autoridades, se han recolectado cerca de 430 toneladas de hidrocarburos y se han realizado labores de atención en 223 kilómetros de costa impactada. Entrega desde Ciudad de México. 

A casi un mes de las primeras alertas, el derrame de hidrocarburos en el Golfo de México sigue sin una explicación definitiva. Lo que hay hasta ahora no es una causa, sino varias hipótesis que se cruzan entre sí.

El secretario de Marina, el almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, lo resumió así en conferencia de prensa: “La contaminación proviene de tres fuentes”.

La primera hipótesis apunta a un posible vertimiento ilegal desde una embarcación en las inmediaciones del fondeadero de Coatzacoalcos.

Las imágenes satelitales detectaron una mancha de combustible en esa zona, pero no permiten identificar con certeza al responsable. En el momento del incidente había 13 embarcaciones ancladas. Cuatro permanecen en aguas mexicanas bajo inspección de las autoridades; las otras nueve ya se desplazaron a aguas internacionales.

“Cualquiera pudo haber sido”, reconoció el almirante Morales Ángeles, y confirmó que México solicitó cooperación internacional para rastrear su origen.

Una segunda línea de investigación apunta a fenómenos naturales. Las llamadas chapopoteras —filtraciones de petróleo y gas desde el subsuelo marino— existen cerca de Coatzacoalcos, aunque actualmente no están activas.

Una tercera hipótesis, explicó, apunta a filtraciones naturales ubicadas a unas 60 millas de Ciudad del Carmen, en Campeche. De acuerdo con el secretario de Marina, esta fuente continúa en actividad.

“Estamos colocando, en coordinación con Pemex, barreras marinas para contener el sitio del contaminante y que ya no llegue a las playas. Y estamos efectuando revisiones con drones submarinos y buzos para descartar cualquier falla estructural de las plataformas en esta región”, aseguró. 

Las manchas de chapopote se extienden ya por más de 600 kilómetros de litoral —desde Tabasco hasta Tamaulipas, atravesando Veracruz— y las autoridades mexicanas enfrentan dos frentes simultáneos: contener el derrame y esclarecer su origen.

“Tenemos que evaluar qué está pasando, si es que la emanación natural ha aumentado o tengamos una falla estructural en alguna plataforma. Solamente lo vamos a determinar verificando en el sitio”, agregó el almirante.

Según la Marina, se han retirado alrededor de 430 toneladas de hidrocarburos y se han intervenido 223 kilómetros de litoral afectados.

Las playas con mayor actividad turística “se encuentran limpias” y bajo vigilancia.

Pemex informó que ha contratado a 300 personas de comunidades locales para labores de limpieza. La secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, señaló que, por ahora, se descarta que el daño ambiental “sea severo”.

Para entender la dimensión del derrame, France 24 consultó a la doctora Christina Boyes, especialista en política medioambiental, quién aseguró que no se trata de un incidente menor, sino de uno de los más extensos en la historia reciente del país.

“Bastante”, responde cuando se le pregunta qué tan grande es realmente la afectación. Y recurre a comparaciones recientes para dimensionarla: “Si pensamos en el desastre de 2023, justo en la misma zona, la extensión fue de más o menos 450 kilómetros. Entonces, estamos hablando de algo más grande”, explica.

El 7 de julio de 2023, una explosión en la plataforma Nohoch-Alfa de Pemex en la Sonda de Campeche dejó dos trabajadores muertos, uno desaparecido y ocho heridos, además de paralizar el 43% de la producción petrolera nacional del complejo Cantarell.

Sin embargo, matiza que no se trata necesariamente de uno de los mayores eventos en términos de volumen de petróleo derramado, sino de su alcance territorial y su potencial impacto ecológico.

Profundo impacto ambiental y social

Pero más allá de la extensión geográfica, la magnitud también se mide en tiempo. “No es así como que mañana se va a limpiar”, explica.

Boyes señala, por ejemplo, que los ecosistemas de manglar podrían sufrir consecuencias a largo plazo: el petróleo puede asfixiar sus raíces de forma progresiva, alterando uno de los sistemas más sensibles y clave para la biodiversidad costera.

Sin embargo, no todos los especialistas coinciden en la magnitud del desastre. Para Gerardo Sánchez, profesor investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, el derrame debe leerse con cautela en términos comparativos.

“En términos concretos el derrame no es tan severo”, explica. Aunque matiza de inmediato: “Cualquier derrame conlleva una afectación fuerte a la salud y al ecosistema”, advierte.

Desde su perspectiva, la diferencia está en la escala frente a otros eventos históricos. “No es tan grande como otros derrames que ha habido en la historia de México”, señala. 

Para Nahum Orocio, coordinador universitario para la sustentabilidad en la Universidad Iberoamericana, el problema no es solo cuánto petróleo se derramó, sino cómo se comporta una vez entra en el ecosistema.

“Hay varias vertientes de alarma más que de preocupación”, advierte. Por un lado, señala que los hidrocarburos, al no formar parte del equilibrio natural del mar o del suelo, generan impactos que no siempre son visibles de inmediato. Incluso si se recupera una parte del crudo, otra fracción entra en la cadena alimenticia.

“Un pez que se alimenta puede llevarse consigo restos de hidrocarburos y luego otra especie que consuma ese pez lo incorpora”, explica, describiendo un proceso de bioacumulación que puede escalar silenciosamente en todo el ecosistema.

El daño, además, no se queda en la superficie. Orocio subraya que una parte del contaminante se infiltra en el suelo y se vuelve prácticamente irrecuperable.

“Esa es la parte que ya no se recupera y que se queda por mucho tiempo en los ecosistemas”, dice. Desde su perspectiva, el verdadero riesgo no es solo este derrame, sino la acumulación histórica. 

El impacto también es social. Las comunidades costeras —particularmente quienes dependen de la pesca y el turismo— son las primeras en resentir las consecuencias. Aunque el Gobierno reporta avances de hasta 88% en la recuperación del crudo, Orocio pone en duda qué se está limpiando realmente.

“Ese 88% principalmente está atendiendo a aquellas zonas… turísticas, mientras las otras secciones siguen siendo vulnerables”, afirma. El Golfo de México alberga a más de 15.000 especies de aves, peces y moluscos. De ese ecosistema también dependen cerca de 80 mil pescadores para su sustento. 

El estado de Pemex, narrativa y modelo

Más allá del origen del vertido, el derrame vuelve a poner bajo la lupa a Pemex y, en general, el modelo energético del país.

Para Christina Boyes, el punto de partida es que  Pemex no es solo una empresa, es parte del Estado. Y eso, advierte, genera “un problema de interés”.

“Tenemos que asegurar que hay transparencia… y que no se olvide el problema real”, afirma.

En ese sentido, plantea que el riesgo no es exclusivo del sector público: si el origen estuviera en un buque privado, también evidenciaría fallas en los controles.

“Debería ser mucho mejor manejado el control de quién está ahí haciendo transferencias de hidrocarburos”, apunta.

Desde otra mirada, Nahum Orocio amplía el foco y cuestiona el modelo energético en su conjunto. Para él, el problema va más allá de la empresa estatal, sino la apuesta estructural por los hidrocarburos en un contexto global que empuja en sentido contrario.

Mientras el mundo habla de descarbonización, México —dice— sigue apostando por refinerías y expansión energética. “La realidad es que el cambio climático ya nos alcanzó y cada vez que pensamos en construir una nueva refinería estaríamos asumiendo el costo de los daños ambientales que eso nos ocasiona”, explicó. 

Por su parte, Gerardo Sánchez, del CIDE, afirma que “Pemex tiene mucha experiencia realmente lidiando con este tipo de derrames, porque lamentablemente suceden mucho”.

Según él, la empresa atendió más de 1.000 incidentes en años recientes. Desde el punto de vista técnico, considera que la respuesta ha sido relativamente efectiva: contención, limpieza y contratación de comunidades locales. Pero el problema, dice, está en que “el manejo público de la crisis ha sido malo”.

Un análisis de Mongabay Latam y Data Crítica en 2025, que cruzó información oficial con imágenes satelitales y evidencia de comunidades pesqueras, encontró que la mayoría de los derrames en el Golfo de México ni siquiera se reportan.

En los últimos seis años y medio, especialistas identificaron manchas de crudo en 74 meses distintos. Sin embargo, en 44 de esos meses —es decir, el 60% del tiempo— no existe ningún registro oficial de derrames.

La investigación reveló fallas en la rendición de cuentas tras los incidentes. “Entre enero de 2018 y julio de 2024, se iniciaron 48 procesos sancionatorios contra empresas que extraen petróleo, pero en menos de la mitad de los casos, en 21 procesos, se establecieron sanciones con multa. Solo ocho de ellas han sido pagadas”, afirmaron. 

“México es un es un país que tiene derrames constantes y los ha tenido desde hace mucho tiempo, y digamos que las respuestas institucionales no son tan profundas como deberían de ser por el tipo de afectación tan grave que representa tener hidrocarburos”, agrega Sánchez. 

“A veces no tiene datos científicos para sustentar lo que dice”

En medio de la controversia por el derrame, la presidenta Claudia Sheinbaum utilizó su conferencia matutina para cuestionar públicamente a Greenpeace México.

El señalamiento se centró en una infografía difundida por la organización en redes sociales, que mostraba una extensa mancha de hidrocarburos en el Golfo de México y que, según el Gobierno, no refleja la situación actual.

“Subió una imagen como si hubiera en el Golfo de México una catástrofe terrible, como si todo el Golfo estuviera lleno de hidrocarburos, y casualmente parecía que todo salía de la refinería Dos Bocas”, afirmó la mandataria.

“Esa imagen es falsa. No tiene nada que ver con la situación en la que actualmente está el Golfo”, aseguró. 

Además de rechazar el contenido de la imagen, Sheinbaum cuestionó la base técnica de la organización ambientalista. Sostuvo que Greenpeace es una organización que “a veces no tiene datos científicos para sustentar lo que dice”.

Por su parte, Greenpeace reconoció haber difundido la imagen y lamentó la confusión generada. Sin embargo, la organización no se retractó del fondo de su denuncia sobre el impacto ambiental del derrame.

“Hacemos un llamado a las autoridades a no desacreditar el trabajo de las comunidades y de la sociedad civil que denunciamos  la opacidad e ineficiencia en las labores de contención de este derrame con graves impactos socioambientales”, reclamó la organización. 

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