“Todo el mundo sabe lo que viene ahora”: los cubanos se preparan para una temida caída al vacío

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Con los inventarios de combustible casi extinguidos y una presión cada vez más asfixiante por parte de Estados Unidos, Cuba está lista para entrar en estado de hibernación energética. Los apagones se han convertido en una especie de nueva normalidad en la isla, donde se improvisan braseros con viejos tambores de lavadoras, se planifican jornadas de teletrabajo y se arrancan puertas de madera para cocinar. Así se alistan dos millones de cubanos para resistir.

Cuba recibió este 10 de febrero un vuelo con 170 migrantes irregulares repatriados desde Estados Unidos. Probablemente será uno de los últimos vuelos internacionales que lleguen a la isla en un buen tiempo.

Con las reservas de combustible en su punto crítico, Cuba no tiene la opción de aparcar a un lado de la ruta mientras dura la asfixia energética por parte del Gobierno de Donald Trump, pero tampoco tiene certeza de hasta cuándo podrá resistir.

Cada pequeño aspecto de la vida cotidiana en la isla ha quedado trastocado. Solanda Oña, una vendedora de libros de 64 años, le contó a la agencia AP que el 5 de febrero tuvo que quedarse a pasar la noche en un restaurante cerca de su puesto en un distrito costero, porque el autobús en el que suele ir a su casa en un barrio del centro de La Habana simplemente no pasó.

“Estoy muy preocupada. Antes, las cosas siempre eran difíciles. Pero siempre había un autobús. Una forma de volver a casa. Ahora, no hay ninguna”, lamentó Oña, que como muchos otros cubanos se pregunta qué más puede sacrificar.

“Todo el mundo sabe lo que viene ahora. No tenemos combustible en el país, hay que tomar alternativas”, le dijo a AFP Niurbis Lamothe, una empleada pública de 53 años que compraba una cocina artesanal de carbón.

Es un lujo que no muchos pueden darse. Otra compradora, que prefirió no dar su nombre, recordó que una bolsa de carbón vegetal cuesta 2.600 pesos (5,25 dólares al cambio) y eso es casi la mitad de un salario promedio mensual en Cuba.

Aun así, Yurisnel Agosto, un vendedor que ofrece bolsas de carbón a la orilla de una carretera en La Habana, comenta que “nunca había vendido tanto”, ni siquiera cuando reservaba su producto para pizzerías y restaurantes de carne a la brasa. “La gente viene y compra tres sacos para prepararse para cuando no haya electricidad”, apunta.

Es también buen momento para los vendedores de braseros artesanales, incluyendo los que los improvisan con piezas tan insospechadas como el tambor de una lavadora inservible.

Y quienes no pueden ni siquiera apelar al carbón como alternativa recurren a medidas más desesperadas, como Kenia Montoya, una madre de 51 años que le contó a AP que arrancó la puerta de su baño para usarla como leña.

“Las cosas están empeorando para nosotros ahora. No nos suministran petróleo. No nos suministran comida. ¿Dónde nos deja eso, entonces?”, se preguntó Montoya.

Pero no solo las soluciones precarias se imponen. Reinier Hernández, propietario de una empresa de instalación de paneles solares le dijo a la agencia AFP que desde mediados de enero no ha podido descansar.

“La gente está desesperada por resolver”, relató Hernández, mientras que su jefe de brigada Orley Estrada agrega: “A veces he llegado a la casa a la una de la mañana y están llamando más clientes constantemente”.

La hermana Gertrudis, una religiosa a cargo de un comedor para personas mayores administrado por la Iglesia católica en el barrio de Guanabacoa, en La Habana, tuvo que pedir donaciones para poder pagar la instalación de un sistema fotovoltaico que costó 7.000 dólares, pero le permitirá mantener abierto el recinto.

Cada vez más puertas cerradas

Cuba perdió el apoyo de su principal aliado, el Gobierno  de Nicolás Maduro, cuando el mandatario fue extraído junto a su esposa Cilia Flores por fuerzas Delta de Estados Unidos, y su sucesora Delcy Rodríguez se ha plegado a las exigencias de la Administración Trump de no seguir enviando combustible a la isla.

Se estima que 30.000 de los 110.000 barriles de petróleo diarios que Cuba necesita para atender su demanda energética eran provistos por Venezuela.

México, que se ofreció como alternativa cuando cesaron los envíos desde la estatal venezolana PDVSA, sigue buscando una fórmula para asistir a Cuba sin exponerse a los aranceles punitivos que Trump ha anunciado para los países que vendan petróleo a La Habana.

Con unos inventarios más deficitarios que nunca y con Venezuela y México con las manos atadas, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel se va quedando cada vez más desconectado de sus aliados tradicionales.

Guatemala anunció el fin del convenio por el que 412 trabajadores sanitarios de Cuba prestaban asistencia, una fuente de oxígeno para las maltrechas finanzas públicas de la isla.

El Ministerio de Salud del país centroamericano argumentó que la rescisión del acuerdo se debía a un “análisis técnico” que determinó la conveniencia de fortalecer el sistema sanitario nacional, pero la decisión se toma poco después de que Bahamas cancelara los contratos de los médicos cubanos bajo presión de Estados Unidos.

Incluso Nicaragua, ideológicamente afín a La Habana, anunció el 8 de febrero que los cubanos necesitarán visa de ahora en adelante para entrar a su territorio, lo que cierra una ruta habitual de migrantes de la isla que buscaban llegar a Estados Unidos a través de la frontera terrestre.

En modo de supervivencia

Es la situación más desesperada que el país ha enfrentado desde el llamado “período especial”, cuando el colapso de la Unión Soviética dejó a Cuba sin soporte vital. Muchos de los que están viviendo los constantes apagones, algunos de más de 12 horas, recuerdan cómo fue vivir ese periodo.

“¿Qué significa no permitir que llegue ni una sola gota de combustible a un país?”, se preguntó el presidente Díaz-Canel en una alocución pública. “Afecta al transporte de alimentos, la producción de alimentos, el transporte público, el funcionamiento de hospitales, instituciones de todo tipo, escuelas, producción económica, turismo. ¿Cómo funcionan nuestros sistemas vitales sin combustible?”.

De momento, el transporte público ha reducido sus rutas, el Gobierno ha pedido a las empresas estatales que promuevan el teletrabajo, se han cancelado eventos y las escuelas tienen la indicación de apelar a la educación remota.

Los cubanos se movilizan con transporte contratado por los empleadores y motocicletas eléctricas compartidas, pero el Ministerio del Trabajo ha pedido que se busque la reubicación de los empleados a plazas cercanas a su lugar de residencia, para facilitar los traslados.

“Estamos viviendo lo mejor que podemos”, le dijo a la agencia AP Cristina Díaz, una empleada de limpieza que ha comenzado a ir a su trabajo caminando, junto a grupos organizados para hacerse compañía a lo largo de las carreteras. “¿Qué puedo hacer? Vivo aquí, nací aquí y esto es lo mío. Tengo que andar para llegar al trabajo y poder alimentar a mis hijos”.

Alivio que no llega

Mientras tanto, muchos turistas se han quedado varados por la falta de combustible para aviones y han comenzado a ser reubicados para poder cerrar algunos hoteles y reducir de esta forma el consumo energético.

Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, informó el 9 de febrero en su habitual contacto con los medios que Moscú hará todo lo posible para ayudar en el retorno de unos 4.000 turistas rusos varados en La Habana: “Tanto por canales diplomáticos como por otras vías, mantenemos intensos contactos con los amigos cubanos”.

Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, declaró que su país “apoya firmemente a Cuba en la salvaguardia de su soberanía y seguridad nacional, y se opone a la interferencia extranjera”, y prometió: “Siempre brindaremos apoyo y ayuda al bando cubano en la medida de nuestras posibilidades”, sin detallar en qué podría consistir esa asistencia.

Políticos progresistas y celebridades como el músico Roger Waters y los actores Susan Sarandon y Mark Ruffalo unieron sus voces en una carta abierta dirigida a Donald Trump, en la que le pidieron detener su “cruel asalto” al pueblo cubano.

“Esta política es inconcebible. Agrava una crisis humanitaria que nosotros mismos hemos creado. Cuba no representa ninguna amenaza para Estados Unidos. Matar de hambre a una población para someterla no es diplomacia, es una forma de terrorismo”, reza el comunicado, que cierra con un llamado urgente: “¡Dejen vivir a Cuba!”.

Con AFP, EFE, Reuters y AP

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