Un mes de guerra en Medio Oriente: destrucción, diplomacia estancada y escalada impredecible

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Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su guerra contra Irán el 28 de febrero pasado, sus líderes la justificaron con miras a destruir las capacidades balísticas y nucleares iraníes y, en última instancia, causar el colapso del régimen. Transcurrido el primer mes, esos objetivos están lejos de cumplirse, la República Islámica mantiene el pulso (a costa de su propia población) con ataques en toda la región, tensiona la economía global con el bloqueo al estrecho de Ormuz y es reacio a los intentos de diálogo. Trump parece buscar una salida al conflicto, entre negociaciones infructuosas o una peligrosa incursión terrestre.

Con los ataques a gran escala de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero pasado y la previsible represalia iraní hacia posiciones estadounidenses, israelíes o de sus aliados en el Golfo Pérsico, Medio Oriente se convirtió en escenario de una guerra que sumerge a la región en una era de inestabilidad, cuyo alcance aún está por verse.

Un mes de incesantes y mortíferos bombardeos le han permitido a Washington e Israel cumplir objetivos iniciales, como reducir las capacidades de defensa y de lanzamiento de misiles de Teherán o matar a los altos mandos del régimen, incluyendo al líder supremo Alí Jamenei, asesinado en el primer día de asalto.

Pero, lejos de la meta de causar su caída, el régimen islámico ha absorbido los golpes y, de momento, parece haberse reorganizado para contragolpear, con una estrategia que apunta a prolongar el conflicto –sin importar demasiado las vidas de iraníes que se sigue cobrando– y maximizar el daño en la economía global y la opinión pública.

Irán, entre las bombas ajenas y la represión interna

En una guerra aérea que se libra a largas distancias y cuya atención mediática y en redes se centra en imágenes impactantes y debates sobre los costes económicos, es fácil perder el foco sobre la magnitud del impacto sobre las vidas de los civiles.

Hasta el viernes 27 de marzo, y a sabiendas de que algunos recuentos son conservadores, el conflicto contabiliza más de 3.000 muertos, la abrumadora mayoría en Irán y Líbano.

Según señaló el viceministro de Salud iraní, Ali Jafarian, a la cadena catarí ‘Al Jazeera‘ el jueves, más de 1.900 personas, incluyendo 240 mujeres y 212 niños, han muerto en ese país como consecuencia de los ataques estadounidenses-israelíes, que además han provocado más de 24.000 heridos y más de 3,2 millones de desplazados forzados, según cifras de la ONU.

Por su lado, un reporte publicado este viernes por las ONG Human Rights Activists in Iran (HRA), Center for Civilians in Conflict (CIVIC) y Airwars documentó, entre el 28 de febrero y el 23 de marzo, al menos 1.443 muertes de civiles, entre ellos 217 menores, como resultado de los ataques de EE. UU. e Israel, cifras que, aclararon, “representan mínimos verificados y se prevé que aumenten”.

Esta misma jornada, el presidente de la Media Luna Roja de Irán, Pir Hosein Kolivand, denunció que más de 71 mil viviendas y cerca de 20 mil locales comerciales han sufrido daños y que los ataques también han alcanzado a 290 centros sanitarios y 600 escuelas.

Lejos del levantamiento popular que dijeron querer alentar el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, los iraníes viven entre buscar refugio de sus bombardeos y evitar la represión doméstica del régimen de los ayatolás.

En su informe, HRA afirma haber documentado una expansión de los arrestos arbitrarios (al menos 1.830 hasta el 19 de marzo), de los rígidos controles en las calles y de la retórica oficial que amenaza con la prisión o incluso la muerte a sus detractores. El texto señala que la vulnerabilidad social se agrava por las restricciones al movimiento y la información, con la conectividad a Internet reducida a cerca del 1% de sus niveles habituales desde el 28 de febrero.

“Los ataques aéreos en zonas pobladas han provocado la pérdida repentina de vidas, desplazamientos y daños a infraestructuras críticas, mientras que la intensificación de la represión interna ha restringido aún más la capacidad de las personas para desplazarse, comunicarse o buscar atención médica y seguridad”, advierte el mencionado documento.

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Líbano, lastrado por la enésima escalada de Israel contra Hezbolá

En tanto, en Líbano, el Ministerio de Salud local ya ha reportado más de 1.100 víctimas mortales por los bombardeos masivos de Israel, enfocados sobre todo en el sur y este del país, en los suburbios de Beirut y algunos registrados en el centro de la capital libanesa. A eso se suman más de 3.200 heridos y más de un millón de desplazados forzados –unos 370.000 niños, según Unicef–.

El país se ha visto arrastrado al conflicto desde el 2 de marzo, cuando el partido-milicia chiita Hezbolá, en represalia por la muerte de Jamenei, se metió de lleno lanzando proyectiles hacia Israel, que aprovechó para iniciar una extensa campaña de bombardeos, a la que ha sumado una creciente invasión del sur libanés.

Bajo el argumento de “ampliar su zona de seguridad” y arrasar infraestructura de Hezbolá, el Estado hebreo ha amasado tropas en la zona fronteriza con Líbano y pretende tomar el área hasta el río Litani, a unos 30 kilómetros de la divisoria, un avance que se teme se convierta en una ocupación permanente.

Karolina Lindholm Billing, representante de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Beirut, advirtió este viernes que uno de cada cinco residentes se han visto forzados a abandonar sus hogares por los ataques israelíes y que Líbano enfrenta “un riesgo de una catástrofe humanitaria”.

A eso sumó que unas 150.000 personas han quedado aisladas en el sur de Líbano por la destrucción deliberada de puentes clave causada por Israel, lo que limita gravemente el acceso a la ayuda humanitaria y suministros esenciales.

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Los países del Golfo se debaten entre mediar o escalar

En el triste escalafón de víctimas mortales, Irak es el tercer país más afectado. Son más de 90 muertos, en un país atrapado por el fuego cruzado de los ataques de EE. UU. e Israel contra milicias proiraníes y de los lanzamientos de drones iraníes a bases militares estadounidenses o los ataques en el Kurdistán iraquí de los grupos aliados a Teherán.

En Israel, las víctimas superan la veintena, con al menos 15 civiles muertos por ataques de Irán o Hezbolá, un civil alcanzado por ‘fuego amigo’ en el norte, y cuatro soldados caídos en la actual invasión israelí en el sur de Líbano. En paralelo, otras cuatro mujeres palestinas fueron víctimas de una munición de un misil de racimo iraní, interceptado por Israel, que cayó en la ciudad de Beit Awwa, en Cisjordania ocupada, donde las poblaciones palestinas no cuentan con refugios.

Asimismo, Estados Unidos sufrió la pérdida de 13 soldados, siete caídos en países del Golfo Pérsico y seis en Irak.

Hasta la fecha, los otros países de la región con víctimas mortales son Emiratos Árabes Unidos (11), Kuwait (6), Siria (4), Omán (3), Bahrein (3) y Arabia Saudita (2).

Pese al impacto económico y a la disrupción que han significado los ataques de represalia iraníes –que inicialmente se centraron en bases militares estadounidenses pero se han extendido a algunas infraestructuras críticas–, los países del Golfo se han mantenido, por ahora, al margen de las hostilidades, aunque eso podría cambiar.

Reuters reporta que, por un lado, Qatar, Omán y Kuwait presionan para que la guerra termine rápido por temor a las consecuencias económicas y las represalias.

Pero por el otro, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Bahrein se dicen listos para afrontar una escalada y no aceptarán un Irán que, tras la guerra, siga utilizando el Estrecho de Ormuz como moneda de cambio.

En una columna de opinión en el Wall Street Journal, Yousef Al-Otaiba, embajador emiratí en Estados Unidos, advirtió que “un simple cese al fuego no es suficiente”. “Necesitamos un resultado concluyente que aborde la totalidad de las amenazas de Irán: capacidades nucleares, misiles, drones, grupos terroristas afines y bloqueos de rutas marítimas internacionales”, resumió.

Según una fuente de inteligencia saudita citada por The Guardian, el príncipe heredero saudita Mohamed bin Salman transmitió un mensaje similar a Washington, instándolo a aumentar los ataques y sopesando sumarse a la ofensiva si fracasa el tibio intento diplomático iniciado días atrás por Trump.

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El bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, en el centro del conflicto

A pesar de que los bombardeos diarios siguen dañando sus capacidades militares y de defensa y cobrándose vidas, Irán sigue acosando a sus vecinos árabes del Golfo y a Israel con misiles y drones –que lanza en pequeñas cantidades, para contar con municiones que le permitan extender sus ataques por más tiempo– y mantiene un bloqueo parcial del tráfico en el estrecho de Ormuz.

El impacto que causa en la economía global el control del flujo por esa vía marítima, por la que pasa el 20% del petróleo mundial, se ha convertido en la mayor ventaja estratégica de Teherán. El régimen, también en una precaria situación económica y con el riesgo de un estallido interno, se aferra a su supervivencia en gran medida por el daño que inflige a otros.

En esa ruta marítima clave, además, la Guardia Revolucionaria iraní está imponiendo de facto un régimen de peaje, según la empresa de información marítima Lloyd’s List Intelligence, que señala que las “intermediarios” de las fuerzas iraníes presionan (y en casos puntuales, cobran) a barcos para garantizarles protección en el cruce.

El bloqueo del estrecho está provocando un alza de los precios del petróleo, vaivenes en las bolsas de valores y aumentos en los precios de muchos productos básicos, temas que ejercen presión sobre el presidente estadounidense Donald Trump, más sensible a la estabilidad de los mercados y el coste político interno que al coste humano de la guerra.

En ese contexto, Trump ha optado por abrir una vía diplomática con Irán, que ha endurecido su postura y ha rechazado una propuesta inicial de 15 puntos, tildada de “parcial e injusta” por Teherán. Aun así, se estima que podría darse algún encuentro directo entre funcionarios de ambos países en los próximos días.

Aunque las posiciones de ambas partes parecen lejanas, el presidente estadounidense ha postergado hasta las 00:00 GMT del 7 de abril su ultimátum para atacar las plantas energéticas iraníes si Teherán no reabre el estrecho.

Pero si, como todo parece indicar, las conversaciones no llegan a buen puerto, Trump podría optar por una escalada aún mayor, y, según informó Axios, dar un “golpe final masivo” a Irán, que le permita mejorar su posición negociadora o conseguir una ‘imagen de victoria’ para dar por concluido el conflicto, una apuesta arriesgada que, lejos de servir de cierre, podría causar una peligrosa escalada.

Entre las opciones que barajaría el Pentágono está alguna operación terrestre para tomar la isla de Kharg –principal centro de exportación de petróleo iraní– u otras posiciones iraníes en el Estrecho de Ormuz, lo que involucraría la impopular decisión de utilizar a los alrededor de 7.000 soldados (unos 5.000 marines y casi 2.000 paracaidistas) que está trasladando a Medio Oriente.

De acuerdo a The Wall Street Journal, de hecho, la Administración Trump evalúa desplegar hasta 10.000 tropas más en Medio Oriente, incluyendo unidades de infantería y vehículos blindados.

Por su lado, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, aseguró este viernes que los ataques de su Ejército en Irán “se intensificarán y se extenderán”, mientras medios israelíes estiman que el gobierno de Netanyahu busca maximizar los daños a Irán frente a la posibilidad de que Trump declare unilateralmente un cese al fuego.

Mientras cada parte realiza sus cálculos, Medio Oriente sigue al filo de un conflicto que puede salirse de control, agudizando aún más el sufrimiento de los civiles en la región.

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Con Reuters, AP, EFE y medios locales

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