El Consejo de Paz de Donald Trump se reúne por primera vez, con una participación limitada

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Lanzado a principios de año por el presidente estadounidense, un nuevo organismo internacional llamado "Consejo de Paz" se reúne por primera vez este 19 de febrero en Estados Unidos. Pero su razón de ser, así como su composición, ya están atrayendo muchas críticas, especialmente en Europa.

Creado por Donald Trump y lanzado oficialmente en Davos en enero de 2026, el Consejo de Paz creado por el presidente estadounidense Donald Trump celebrará su primera reunión en Washington este jueves.

Originalmente diseñado para orquestar la reconstrucción de la Franja de Gaza, ahora tiene como objetivo, de forma más amplia, resolver conflictos armados en todo el mundo. Se espera que representantes de 32 países —sin contar Estados Unidos— participen en la sesión inaugural, cinco de ellos como observadores.

Participación limitada y alta concentración de gobiernos autoritarios

Casi 60 países fueron invitados a unirse al Consejo de Paz. Al final, solo 27 de ellos respondieron favorablemente a la invitación. Entre ellos se encuentran Indonesia, Turquía, Bielorrusia, Arabia Saudí y Kazajistán. Solo participan tres países latinoamericanos (Argentina, El Salvador y Paraguay), así como dos países africanos: Marruecos y Egipto. Por parte de la Unión Europea, solo están representados Hungría y Bulgaria.

En conjunto, estos países representan alrededor de 1.500 millones de habitantes, es decir el 18% de la población mundial. Esta proporción es mucho menor que la de organismos como el G20 o el BRICS.

Sin embargo, el Consejo de Paz se distingue por la alta concentración de gobiernos autoritarios entre sus miembros: 20 de los 28 países que lo componen están gobernados por regímenes de este tipo, la mitad de los cuales se consideran autocracias cerradas donde las libertades son limitadas y las elecciones —cuando existen— están estrictamente controladas. Queda por ver si esta primera reunión animará a otros Estados a unirse al organismo.

“Espíritu de sumisión”

La celebración de esta reunión inaugural ha suscitado algunas críticas en Europa y la Comisión Europea se ha negado a unirse, por lo que la decisión de enviar “observadores”, incluida la comisaria Dubravka Suica, ha provocado incomprensión entre varios grupos políticos del Parlamento Europeo, informa nuestra corresponsal en Bruselas, Elena Louazon. Los eurodiputados liberales del grupo Renew lo denunciaron como una “mala señal”, diciendo que esta presencia “legitima a un organismo que margina a la ONU”.

Los eurodiputados socialistas han solicitado aclaraciones sobre los motivos de esta participación, al igual que la francesa Chloé Ridel, que también es miembro de la comisión de derechos humanos del Parlamento Europeo: “No vamos a legitimar un organismo que pretende competir con la ONU, que fue creada por alguien que nos ataca mañana, mediodía y noche —es decir, Donald Trump— y que además reúne a todos los líderes autoritarios del mundo”, dijo Ridel, antes de añadir que la decisión de Bruselas “demuestra una vez más el espíritu de sumisión en el que la Comisión Europea se sitúa frente a la administración estadounidense”.

Varios países comparten estas críticas. Bélgica, Portugal, España, Irlanda, Francia y Eslovenia critican una decisión que excede las prerrogativas de la Comisión Europea.

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