China experimenta con microalgas para frenar el avance del desierto
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Visitar sitioEn China, la lucha contra la desertificación entra en una nueva fase. En las áridas regiones del noroeste, los científicos utilizan algas microscópicas para transformar la arena en suelo. En pocos meses, estos microbios forman una costra viva capaz de fijar las dunas y preparar la vegetación. Se trata de una forma de geoingeniería biológica, probada a gran escala por primera vez.
Por Clea Broadhurst, corresponsal de RFI en Pekín
Se trata de cianobacterias, también llamadas algas verdeazuladas. Son microorganismos muy antiguos, presentes en la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años. Tienen la capacidad de sobrevivir en condiciones extremas: calor intenso, sequía prolongada, suelos casi estériles.
Cuando llueve, se reactivan, se multiplican rápidamente y secretan sustancias que unen los granos de arena entre sí. De este modo se obtiene una costra biológica sólida, rica en carbono y nutrientes.
¿Una técnica revolucionaria?
Esta tecnología permite acelerar considerablemente un proceso natural. En la naturaleza, se necesitan entre cinco y diez años para que se forme este tipo de costra: con esta técnica, se tarda aproximadamente un año. Esto cambia por completo la escala de la lucha contra la desertificación: ya no se trata de conformarse con frenar la erosión, sino que se crean las condiciones para un suelo capaz de acoger plantas, retener agua y almacenar carbono.
Los investigadores han desarrollado una especie de “semillas del suelo”. Las cianobacterias se mezclan con materia orgánica y partículas finas, y luego se moldean en pequeños bloques sólidos. Fáciles de transportar, pueden dispersarse en grandes superficies desérticas.
Estos bloques permanecen inactivos mientras no llueve, pero luego se desarrollan rápidamente y forman una costra capaz de resistir el viento y estabilizar la arena de forma duradera. Al estabilizar la arena, estas microalgas ya han permitido que las plantas pioneras echen raíces en el desierto: un primer paso, aún lejos de un desierto verdaderamente verde.
¿Una solución sin riesgos?
Sin embargo, los científicos piden cautela. Algunas cianobacterias pueden producir toxinas y el impacto a largo plazo en los ecosistemas sigue siendo difícil de prever. Una vez introducidos, estos microorganismos evolucionan de forma autónoma.
La cuestión es, por tanto, si estamos asistiendo a una restauración ecológica controlada o a una nueva forma de intervención humana grave en los entornos naturales.
China invierte en este tipo de soluciones porque la desertificación amenaza directamente la agricultura, los recursos hídricos y las ciudades del norte del país. Pero también hay un reto estratégico: China quiere convertirse en un actor central en las tecnologías medioambientales.
Si este método funciona, podría implementarse en otras regiones áridas del mundo, especialmente en África o Asia Central, convirtiendo la lucha contra la desertificación en un nuevo campo de influencia tecnológica.
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