El "Chinamaxxing", o cuando Occidente quiere hacer todo "a la manera china"

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En la red social TikTok, cada vez más occidentales adoptan hábitos que se presentan como típicamente chinos: beber agua caliente, comer congee, llevar zapatillas en casa, probar tai chi. El fenómeno tiene un nombre: "Chinamaxxing" —o convertirse en lo más chino posible. Entre la búsqueda del bienestar y la fascinación por una China percibida como moderna y eficiente, la tendencia resulta divertida. Pero también plantea preguntas: ¿es un simple efecto de moda, una nueva forma de poder blando o una cultura transformada en un disfraz?

Por nuestra corresponsal en Pekín, Clea Broadhurst

Chinamaxxing nació en las redes sociales, donde los usuarios —especialmente los estadounidenses— adoptan rutinas asociadas a la vida diaria china: beber caliente en lugar de frío, añadir bayas de goji o gominolas al té, practicar qi gong y seguir consejos inspirados en la medicina tradicional.

A menudo, el fenómeno se trata de forma humorística: “mañana, te haces chino”. Pero detrás de la broma, todo gira en torno a adoptar gestos muy visibles que sean fáciles de reproducir y grabar. Es más bien una versión simplificada y estilizada del modo de vida chino que una verdadera inmersión cultural.

Estos contenidos tienen millones de visualizaciones, especialmente entre la Generación Z. El fenómeno sigue siendo difícil de medir con precisión, pero es lo suficientemente visible como para atraer la atención de los medios, creadores… y las propias autoridades chinas.

Viralidad de los contenidos

Varios factores explican este aumento de popularidad. Primero, la circulación directa de imágenes. Con los intercambios entre TikTok y Xiaohongshu, los usuarios occidentales de Internet descubren la vida china casi sin filtros: recetas, hábitos de salud, negocios domésticos.

En segundo lugar, el contexto social. Esta tendencia forma parte de la ola de bienestar, que es especialmente fuerte al comienzo del año, cuando muchos buscan nuevos rituales sencillos que se perciban como beneficiosos para el cuerpo.

Por último, la forma en que se percibe a China está cambiando. Los influencers muestran una sociedad ultramoderna: trenes de alta velocidad, ciudades futuristas, tecnologías omnipresentes. Al mismo tiempo, algunos jóvenes en Occidente expresan una sensación de incertidumbre económica o social. Para ellos, China puede parecer una promesa de eficiencia o de futuro.

Un soft power sin estrategia oficial

El fenómeno es una cuestión de poder blando, pero sin una estrategia explícitamente organizada. Al hacer que ciertos hábitos chinos sean familiares, cotidianos e incluso deseables, ayuda a normalizar la imagen del país en el extranjero. China aparece entonces a través de sus rutinas, su cocina o sus prácticas de bienestar, mucho más que a través de sus cuestiones geopolíticas. Esta trivialización también genera curiosidad: por el lenguaje, los productos, las ciudades o los viajes.

Los medios estatales chinos la reciben abiertamente, viéndola como prueba de un creciente atractivo cultural. Pekín no ha iniciado esta tendencia, pero sabe cómo amplificar sus efectos. Podemos hablar de un poder blando de oportunidad, más que de un poder blando planificado.

Pero, como muchos fenómenos digitales, Chinamaxxing también se basa en una lógica viral: simplifica y transforma prácticas ordinarias en signos culturales fácilmente reconocibles. Lo que circula no es tanto la verdadera China… que su versión memética.

El entusiasmo… y el malestar de la diáspora

Del lado de las diásporas chinas, las reacciones están muy divididas. Algunos se alegran de ver que su cultura finalmente despierta curiosidad e interés. Pero otros se sienten incómodos. Porque lo que ahora se percibe como “guay” a menudo ha sido objeto de burlas —o incluso estigmatizado— en el pasado. Muchos dicen que han sido juzgados por sus hábitos alimenticios, su acento o sus medicinas tradicionales. Algunos incluso han sufrido insultos o violencia, especialmente durante la pandemia de Covid-19.

En este contexto, oír a no chinos decir “Me estoy convirtiendo en chino” puede parecer apropiación: adoptar signos sin llevar la experiencia vivida. O una caricatura: reducir una cultura a unos pocos gestos de bienestar.

Una fascinación altamente selectiva

Chinamaxxing presenta a China como un reservorio de imágenes poderosas: una modernidad espectacular por un lado, tradiciones de salud y equilibrio por otro. Pero también refleja preocupaciones occidentales: fatiga social, necesidad de rituales, búsqueda de otros modelos de vida.

Sigue existiendo un punto ciego. Estos videos rara vez muestran las tensiones o desigualdades de la vida cotidiana en China: presión escolar, precariedad de algunos trabajadores, desempleo juvenil o control político. El fenómeno selecciona lo que es “tiktokable”: comodidad, no complejidad.

Queda por ver si Chinamaxxing es una tendencia efímera o un signo de un cambio más profundo en la imaginación. Porque detrás de estos gestos cotidianos puede haber algo más amplio: en un mundo donde las imágenes circulan libremente, la influencia cultural ya no parte de un solo centro, y los modelos de vida también se convierten en un terreno simbólico de competencia.

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