Conflicto por la tierra, violencia y esperanza: el factor del Cauca en las presidenciales de Colombia

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El Cauca es un territorio marcado por conflictos de todo tipo: territoriales, políticos y étnicos. Un departamento a la vez desbordado de exuberancia de recursos y una ubicación estratégica. De cara a las elecciones a la Presidencia, dos protagonistas provienen de este departamento en el sur de Colombia: Aida Quilcué, aspirante a la Vicepresidencia por el partido de izquierda Pacto Histórico, y Paloma Valencia, candidata presidencial por el derechista Centro Democrático. ¿En qué momento confluyen estas dos mujeres y por qué el Cauca tiene un peso especial en esta elección? 

El Cauca es un crisol de culturas, etnias, religiones y sobre todo pensamientos políticos. 

Este territorio ubicado en el sur de Colombia, cuya capital es la ciudad de Popayán, ha sido el escenario de disputas territoriales y sociales desde la época de la conquista española en el siglo XVI. 

Con 29.308 kilómetros cuadrados de extensión, 41 municipios y alrededor 1,6 millones de habitantes, este departamento está ubicado en una zona estratégica: conecta las montañas de las cordilleras central y occidental con el océano Pacífico.

Además, esta zona hace parte del denominado macizo colombiano, una estrella hídrica de donde nacen varios de los principales ríos del país sudamericano como los ríos Cauca y Patía

El Cauca cuenta con una gran diversidad de ecosistemas, biodiversidad y tipos de relieve. Se estima que en este territorio habitan alrededor del 58% de las especies de aves que viven en Colombia, teniendo en cuenta que es el país con mayor diversidad de aves en el mundo.

“En el Cauca se concentran, como la superposición de varios estratos geológicos que salen a la superficie y estallan en un volcán, todos los conflictos de la historia de Colombia: el conflicto étnico y el conflicto de clase, el conflicto por la tierra y el conflicto político y militar por el control territorial”. 

Así definió a su tierra el escritor Juan Esteban Constaín en su columna ‘Estado Fallido’, publicada en el periódico ‘El Tiempo‘. 

Ahora, de cara a las elecciones a la Presidencia del país cafetero, esta convulsa región ha tomado una especial relevancia en la opinión pública.

En los sondeos más recientes, dos fórmulas de candidatos aparecen como los eventuales aspirantes que llegarán a la segunda vuelta: Iván Cepeda y Aida Quilcué por el Pacto Histórico; y Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo por el Centro Democrático

Quilcué, Valencia y Márquez: tres caras de la política y tres visiones sobre el Cauca 

Aida Quilcué es una lideresa social indígena que pertenece al pueblo indígena Nasa y hace parte del resguardo Piçkwe Tha Fiw, ubicado en tierras pertenecientes al municipio de Paez, Cauca. 

Esta mujer de 53 años tiene un largo recorrido político dentro de organizaciones que reivindican los derechos de los pueblos originarios del país, como la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) y el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

Además, es senadora de la República desde 2022 de curul especial de la circunscripción especial indígena por el partido MAIS.

La hoy fórmula de Iván Cepeda a la Casa de Nariño ha dedicado parte de su vida a hacer activismo de paz. En parte gracias a intentar hacer prevalecer la memoria de su esposo, Edwin Legarda, que en 2008 fue asesinado a manos de miembros del Ejército, según un fallo de la Justicia

“Represento la lucha y la resistencia de los pueblos indígenas, los pueblos negros, campesinos, mujeres, estudiantes, jóvenes, niños y niñas, población diversa, todos quienes hemos sido excluidos histórica y milenariamente”, dijo Quilcué el 12 de marzo en el mitin político en el que se reveló su aspiración para ser la número dos del Ejecutivo colombiano. 

Con respecto al Cauca, Quilcué ha defendido durante décadas los derechos de las comunidades indígenas y ha empleado parte de sus esfuerzos, para que la paz prevalezca en su departamento.

“Yo espero que esa violencia del Cauca no siga cobrando vidas, que no haya más mujeres viudas, niños huérfanos y que todos busquemos los mecanismos para proteger la vida”, declaró en un discurso en el Senado, el 16 de diciembre de 2025, en el aniversario número dieciséis de la muerte de su esposo.

Una aspiración que sigue el legado de Francia Márquez, la actual vicepresidenta de Colombia, que también es oriunda del departamento del Cauca, específicamente del municipio de Suárez. 

En la historia del país, Márquez es la primera mujer afro en ocupar el segundo cargo más importante del poder Ejecutivo.

La también líder social y activista ha dedicado su gestión a dirigir el Ministerio de la Igualdad entre 2023 y 2025 y ha encabezado las labores diplomáticas para estrechar vínculos con las naciones del continente africano.

“Después de 214 años logramos un gobierno del pueblo, un gobierno popular. El gobierno de la gente, de las manos callosas, el gobierno de la gente de a pie, el gobierno de los nadies y las nadies de Colombia”, declaró la segunda al mando del presidente Petro en 2022, al conocer que habían salido victoriosos en las elecciones. 

En el territorio, Márquez resaltó como activista medioambiental y defensora de las comunidades afrodescendientes. Durante años, la también abogada luchó de frente contra grandes compañías mineras por su actuar en la contaminación de los ríos. 

“Los niños no tienen acceso a educación de calidad, tienen unas escuelitas que están deterioradas. La gente ha sido desplazada por el conflicto armado y hoy están en los cordones de miseria de las grandes ciudades y la gente vive muy mal”, afirmó la vicepresidenta en una entrevista a BBC en 2022 al ser preguntada sobre los problemas de su territorio natal.

Quilcué y Márquez encarnan dos posturas en las antípodas del pensamiento de la senadora y candidata a la Presidencia Paloma Valencia, que nació en Popayán, y es el último eslabón de una larga estirpe de líderes políticos.

Su abuelo, Guillermo León Valencia, fue presidente de Colombia entre 1962 y 1966 por el Partido Conservador durante el periodo conocido como Frente Nacional, en el que liberales y conservadores se intercalaban en el poder.

Y a su vez, Guillermo León es hijo de Guillermo Valencia, quien a inicios del siglo XX fue senador, gobernador del Cauca, y ministro de Guerra

Así lo describió el escritor y periodista Antonio Caballero en su libro ‘Historia de Colombia y sus Oligarquías’: “Poeta modernista y con rachas de progresismo social en la forma, pero político ultraconservador y gobernante represivo en el fondo: una contradictoria mezcla bastante habitual en este país”.

Para 2015, su bisnieta, Paloma Valencia, empezaba a destacar dentro de la formación política liderada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Y en una declaración pública en medio de un contexto de tensiones territoriales, propuso un referendo para cambiar la composición administrativa del Cauca y dividirlo. 

“Decidir si partimos el departamento en dos. Uno indígena, para que ellos hagan sus paros, sus manifestaciones y sus invasiones, y uno con vocación de desarrollo donde podamos tener vías, se promueva la inversión y donde haya empleos dignos para los caucanos”, lanzó la política. Una declaración que le valió críticas por el tono discriminatorio y segregacionista. 

Sin embargo, cabe aclarar que en medio de la campaña a la Presidencia de 2026, Paloma Valencia se retractó de su proyecto de 2015, advirtiendo que es imposible dividir el territorio. 

Ahora, en medio de su aspiración a la jefatura de Estado, la mujer oriunda de Popayán advierte que la seguridad es la clave para resolver los problemas de su departamento y ha hecho un llamado a la unión entre las diferentes etnias que habitan el territorio, que según ella “está en máximos históricos, gracias a la Paz Total”, una de las políticas bandera del presidente, Gustavo Petro.

El espinoso asunto de la propiedad de la tierra

La tierra en el Cauca y su propiedad es uno de los mayores puntos de disputa entre indígenas, afrodescendientes y mestizos. 

“Es un problema constante que si bien evoluciona, ha sido constante durante los últimos cuatro cuatro siglos”, señala Jorge Cotes, historiador de la Universidad Nacional de Colombia, consultado por France 24. 

De un lado, están los antiguos colonos, que tomaron grandes terrenos a la fuerza para explotarla con labores como la ganadería o el cultivo de la caña de azúcar. 

Hoy en día, las asociaciones de finqueros y empresarios caucanos argumentan que los indígenas buscan invadir su territorio, violando la legislación vigente y el derecho a la propiedad privada. 

“Los civiles que pagamos impuestos y generamos empleo no tenemos  protección, hasta la fecha me quitaron la finca y no veo seguridad, todo esto  hace que seamos pesimistas con la Justicia”, dijo uno de los propietarios en una audiencia en el Congreso sobre el tema de la tierra en el Cauca en 2021.

Y en la otra orilla, los pueblos indígenas y afrodescendientes, quienes denuncian que fueron despojados de los suelos que les pertenecían, y que para resarcir argumentan debe haber una reforma agraria que les conceda pequeños terrenos a los miembros de sus comunidades. 

“Las reivindicaciones son: la devolución, el reconocimiento de lo legítimo y lo legal al derecho a la tierra; el reconocimiento por parte del Estado como madre naturaleza, un ser vivo; y que el Estado reconozca la integralidad del territorio es decir suelo, subsuelo, y espacio”, explica a France 24 el consejero mayor del CRIC, Édgar Fernández Paja. 

Según esta organización, en el Cauca viven 11 pueblo indígenas, que actualmente poseen “alrededor de un millón de hectáreas de tierra.

Un informe del Instituto Geográfico Agustín Codazzi de 2009 recogido por la ONG International Land Coalition, señala que “el 85,4% de los propietarios del Cauca sólo poseía el 26,03% de la tierra, en pequeñas extensiones, mientras que el 7,8% de propietarios posee el 60,22% de la tierra, de ellos el 0,52% de propietarios domina el 15,63% de la tierra”.

Una disputa histórica por la tierra que ha derivado en una tensión étnica y racial que ha perdurado en el tiempo.   

Yo como odiado del blanco, perseguido del blanco, calumniado del blanco y sindicado falazmente por el blanco; pero yo no he necesitado ni he pedido una lección intelectual, es decir, una clase”, escribió el líder indígena caucano de inicios del siglo XX, Manuel Quintín Lame, en su libro ‘Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas’.

Justamente Quintin Lame se levantó en armas contra la clase alta de Popayán a la cual pertenecía la familia Valencia.

Fuerza Pública, guerrillas, disidencias y narcos bajo un mismo cielo

En las últimas décadas, el Cauca ha vivido una concatenación de oleadas de violencia.  

Actualmente, el departamento transita por una crisis de seguridad, en donde varios grupos al margen de la ley “actúan de manera permanente o intermitente, mantienen una disputa por el control de territorios estratégicos y de economías ilícitas, las cuales representan la base de su financiación”, reportó el informe de la Defensoría del Pueblo de 2025 acerca de la situación de orden público en el Cauca.  

En concreto, según el podcast periodístico ‘Disidencias por Dentro’, existen informes de que sobre el terreno operan varias disidencias de las FARC, como el Estado Mator Central (EMC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y bandas delincuenciales.  

Parte del origen de la crisis actual se deriva de la lenta implementación del Proceso de Paz con la guerrilla FARC-EP, firmado con el Estado colombiano en 2016.  

“El Estado no llegó con presencia, ni con inversiones fuertes”, explica Jorge Cote, que también trabajó para la Comisión de la Verdad de Colombia.   

A esto se le añade una cantidad en aumento de cultivos de coca en la zona. Según el informe de cultivos ilícitos de la Oficina de la ONU para la Droga el Delito, para 2023 el departamento tenía 31.844 hectáreas de coca, un 22% más que el año anterior.   

Para algunas organizaciones expertas en el estudio del conflicto interno colombiano, la coca es uno de los motores de las economías ilícitas en territorios como el Cauca. 

“Este cultivo, que tiene un profundo valor cultural y tradicional en comunidades indígenas, también es la materia prima para la producción de cocaína, lo que lo convierte en un elemento clave de las economías ilícitas y en un objetivo de las estrategias de erradicación promovidas tanto a nivel nacional como internacional”, explica un estudio del Instituto de estudios para el desarolllo y la paz (INDEPAZ) sobre la prevalencia de los cultivos de coca en Cauca y Nariño.

Otra arista relevante es la estrategia de seguridad de la Administración de Gustavo Petro, enmarcada en su política de “Paz total”, que buscó negociar con varios de los grupos armados que operan en el Cauca, pero que no se ha trasladado en acuerdos perdurables.

“El presidente Petro se confió de la voluntad política de los diversos grupos residuales que entraron a la política de ‘Paz total’, y al contrario no estaban pensando en política sino en dinero”, señala el consejero mayor del CRIC, Édgar Fernández. 

Una problemática que ha levantado relevancia también de cara a las elecciones a la Presidencia. 

La fórmula Cepeda – Quilcué asegura que le seguirá apostando por negociar con los grupos al margen de la ley con carácter político e intentar sustituir los cultivos de coca sin necesariamente entrar a los territorios con la Fuerza Pública. 

Mientras que Paloma Valencia ha prometido a sus votantes que “acabará” con la ‘Paz total’ y buscará realizar una ofensiva militar contra las organizaciones criminales y el tráfico de narcóticos.   

“Uno no ve dos tipos de Cauca, sino dos tipos de país” de cara a los comicios, concluye el historiador Cote.

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