Dream Theater sumergió a Bogotá en estado de ‘Parasomnia’ durante una noche inolvidable
La banda dio un 'show' técnico y conmovedor en el Movistar Arena, con protagonismo colectivo y conexión profunda con un público entregado desde el principio.
Lo de Dream Theater en el Movistar Arena, como se había anticipado, fue mucho más que un concierto bien ejecutado: fue la demostración de una banda que funciona como organismo completo. Desde el arranque con ‘The Miracle and the Sleeper’, quedó claro que James LaBrie y compañía no se iban a guardar nada.
El bloque inicial fue una declaración de intenciones. El espectáculo traído por Páramo Presenta fue un repaso por los más de 40 años de la banda que activó la memoria colectiva de un público que respondió con precisión casi quirúrgica. ‘The Mirror’, después de ‘Strange Déjà Vu’, elevó la intensidad a un terreno más oscuro y contundente, mientras que ‘Panic Attack’ recordó ese trabajo hermoso que es el álbum ‘Octavarium’, y ‘The Enemy Inside’ mantuvo la tensión en alto.
En ese entramado, cada integrante encontró su espacio. John Myung, como es habitual, sostuvo la arquitectura sonora con una solidez casi invisible, pero absolutamente determinante: su bajo no busca protagonismo, lo construye.
A las espaldas del grupo, Mike Portnoy no solo marcó el pulso con autoridad, sino que aportó ese carácter expresivo que tanto define el ADN histórico del grupo. Su regreso a la alineación de oro era esperado por todos y el público respondió coreando su nombre en varios tramos de la noche.
El paso por ‘Peruvian Skies’ ofreció matices que dialogaron con los homenajes insertados. John Petrucci dio espacio para que aparecieran ‘Wish You Were Here’ (de Pink Floyd) y ‘Wherever I May Roam’ (de Metallica), al tiempo que fue avisando que sus solos elevarían a los asistentes. Lo del guitarrista de Dream Theater siempre será alucinante.
En el recorrido por la historia de la banda también hubo espacio para el disco ‘Train of Thought’: ‘As I Am’, potente como gran parte de ese álbum, desató uno de los estallidos más viscerales de la noche. Fue ahí donde se confirmó algo esencial: la banda entiende perfectamente cómo administrar la energía de un ‘show’ largo sin perder cohesión.
En el frente, James LaBrie asumió su rol. Lejos de intentar imponerse sobre la instrumentación, se integró a ella. Él, siempre bajo la lupa por su voz, cumplió con solvencia en un repertorio intenso y exigente. La noche estaba lejos de terminar.
‘Parasomnia’: una apuesta estética que expandió la experiencia en Bogotá
Después del destello de energía, era necesario un descanso. El intermedio de 15 minutos no fue una pausa convencional, sino la antesala de un cambio de lenguaje. El bloque de ‘Parasomnia’ introdujo una dimensión más conceptual, donde la música se apoyó en lo visual para construir atmósferas densas y envolventes.
De hecho, ‘Bend the Clock’ emergió como uno de los puntos más altos del segmento, tanto por su construcción como por la respuesta del público. El protagonismo de John Petrucci fue indiscutible, pero no en clave de exhibición vacía. Sus solos se sintieron orgánicos, cargados de intención. No es exagerado decir que varios asistentes quedaron con la boca abierta, otros se tomaban la cabeza incrédulos y otros se abrazaron entre sí envueltos por el aura que emergía de la guitarra. “Petrucci le hace el amor a esa guitarra”, dijo alguno de los fanáticos entre el público. ¡Sublime!
Después, ‘The Shadow Man Incident’ cerró el bloque del último álbum como una síntesis perfecta de lo que la banda es capaz de hacer: complejidad, control y una estética bien definida.
Además del virtuosismo, hubo una relación íntima de Petrucci con su guitarra, reforzada por una puesta en escena simbólica: la sombra que se erigió en el escenario era visitada constantemente por el guitarrista, que acudía a ella casi como en un ritual… esa capa narrativa elevó la experiencia y llevó a los bogotanos a una experiencia onírica, muy de la ‘Parasomnia’.
‘A Change of Seasons’ como acto ceremonial en el Movistar Arena
La transición hacia el tramo final estuvo marcada por un guiño cinematográfico con ‘Dead Poets Society’, cuyo llamado al ‘Carpe Diem’ preparó el terreno para uno de los momentos más esperados de la noche: la interpretación de ‘A Change of Seasons’.
Lo que ocurrió allí fue más que música. Los apoyos visuales, cuidadosamente integrados, dialogaron con cada movimiento, brindando una experiencia inmersiva que trascendió el formato de concierto.
Capítulo aparte merece Jordan Rudess. Su despliegue con los teclados fue, sencillamente, espectacular: texturas, capas y matices que en varios momentos guiaron la narrativa sonora. Su capacidad añadió profundidad a un concierto lleno de virtuosismo en el que no se sabía qué estímulo sensorial se lo iba a llevar a uno por delante.
El encore terminó de sellar la noche desde lo humano. ‘The Spirit Carries On’ convirtió el recinto en un espacio de catarsis colectiva —hubo lágrimas, silencios y miradas cómplices—. ¡Qué pedazo de canción!
Después de tres horas llegó ‘Pull Me Under’ para cerrar con una explosión de energía compartida, coreada como un himno que atraviesa generaciones. Todo el Movistar Arena la saltó, la vivó, la gritó en el epílogo perfecto para una de las noches más emotivas que sus asistentes hayan vivido en un concierto.
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