Murió la creadora de los 'Canticuentos' en Colombia, recordada por canciones como 'La iguana'
El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioLa noticia fue confirmada por la disquera Codiscos, casa que publicó el primer volumen de esas recordadas canciones en 1975 en el territorio nacional.
Marlore Anwandter, compositora, pedagoga y creadora de los Canticuentos, falleció en Missouri a los 92 años, dejando un repertorio que durante cinco décadas acompañó la formación y la vida cotidiana de millones de niños en Colombia y otros países de América Latina.
La noticia fue confirmada por la disquera Codiscos, casa que publicó el primer volumen de ‘Canticuentos’ en 1975 y que acompañó la difusión de una obra que transformó la manera de relacionar la música con los procesos de aprendizaje infantil.
Aunque nació en Chile en 1932, Anwandter desarrolló buena parte de su trayectoria en Colombia. Llegó a Bogotá en la década de 1970 y fue allí donde empezó a construir el universo de personajes, historias y canciones que terminaría convirtiéndose en parte de la memoria colectiva de varias generaciones.
View this post on Instagram
Su propuesta surgió de una convicción pedagógica: los niños podían aprender a través de la música, la imaginación y el juego. Esa idea dio origen a canciones que trascendieron las aulas y los hogares para instalarse en el repertorio afectivo del país. Temas como ‘La ronda de las vocales’, ‘La Bruja Loca’, ‘El Pirata Feroz’, ‘Sammy el Heladero’, ‘La Iguana’ y el ‘Perezoso’ o ‘El Ratón Japonés’ continúan siendo reconocidos décadas después de su creación.
La permanencia de esas composiciones resulta particularmente significativa en un panorama cultural marcado por la rápida circulación de contenidos. Mientras numerosas producciones infantiles desaparecen con el paso del tiempo, las canciones de Anwandter lograron atravesar generaciones y convertirse en un punto de encuentro entre padres, hijos e incluso abuelos que crecieron escuchándolas.
La propia autora atribuía ese fenómeno a la relación que estableció con Colombia. En una entrevista concedida a Semana en 2025, afirmó: “No hice los ‘Canticuentos’. Colombia me los regaló”, una frase que resumía la manera en que entendía el origen colectivo de su trabajo.
Su legado, además, no permaneció anclado al pasado. En los últimos años, una nueva generación de intérpretes y productores impulsó el proyecto ‘Los nuevos Canticuentos’, una iniciativa que recuperó y actualizó parte de ese repertorio para acercarlo a públicos contemporáneos.
El proyecto obtuvo reconocimiento internacional al ganar el Latin Grammy en la categoría de Mejor Álbum Infantil, un logro que volvió a poner en circulación canciones creadas medio siglo atrás.
Durante la ceremonia, el músico Gustavo Gordillo, uno de los impulsores de esa renovación, rindió homenaje a Anwandter y destacó la importancia de una obra que, según afirmó, merecía haber sido reconocida internacionalmente décadas antes. Tras conocerse su fallecimiento, el artista volvió a referirse a ella como una figura fundamental para quienes crecieron escuchando sus canciones.
Más allá de los premios y las cifras de ventas, la relevancia de Marlore Anwandter radica en haber construido una propuesta cultural que combinó arte y educación sin sacrificar ninguna de las dos dimensiones.
Sus canciones fueron utilizadas en colegios, jardines infantiles y espacios familiares, pero también lograron consolidarse como piezas musicales capaces de sobrevivir fuera de los contextos pedagógicos para los que originalmente fueron concebidas.
La noticia de su muerte provocó reacciones de músicos, educadores y seguidores que recordaron el impacto de una obra presente en distintas etapas de la infancia colombiana. No se trató únicamente de canciones populares, sino de un lenguaje compartido que ayudó a varias generaciones a aprender palabras, sonidos, historias y formas de relacionarse con la imaginación.
Cada nueva interpretación de Sammy el Heladero, cada coro de La Bruja Loca o cada niño que descubre por primera vez La ronda de las vocales confirma que la obra de Marlore Anwandter logró algo poco frecuente: sobrevivir a su tiempo y convertirse en parte del patrimonio emocional de un país.
Temas Relacionados:
Recomendados en Entretenimiento
Te puede interesar
Sigue leyendo