Mandar a dormir la constituyente: ¿debilidad, incoherencia o astucia del petrismo?
Echar para atrás, por ahora, el mayor anhelo del progresismo es un cálculo político, primero para reordenar las fuerzas tras el fracaso de la primera vuelta.
El martillazo que recibieron Gustavo Petro, su candidato presidencial Iván Cepeda y en general el progresismo con los resultados de la primera vuelta presidencial no puede ser más evidente. Primero, apelaron a su natural impronta antiinstitucional para rechazar los resultados, después dieron palos de ciego mientras salían del aturdimiento y terminaron desmontándose de una de sus banderas más importantes y simbólicas, la constituyente, por la que el jefe de Estado venía peleando casi que desde el comienzo de su mandato.
(Le interesa: La idea de constituyente pone en aprietos (ahora sí) a Gustavo Petro e Iván Cepeda)
La victoria de Abelardo de la Espriella también corrió un velo que cubría celosamente la aparente buena relación entre el jefe del Pacto Histórico y el candidato de ese partido. Ahora salen a la luz atisbos de una confrontación entre Cepeda y Petro. El aspirante y la campaña entendieron con la crudeza del golpe que recibieron (pues estaban seguros de que ganarían en primera, y ahora Cepeda pasó de ser virtual ganador a retador) que, si quieren recomponer el camino de acá al 21 de junio, lo mejor es apartar al presidente, que parece más el candidato.
Gustavo Petro arrastra a Iván Cepeda
Petro habla a través de X y, en episódicos actos suicidas políticamente hablando, pone en peligro la continuidad de su propio proyecto. Empezó a hacerlo desde cuando rechazó el preconteo, un problema del que no ha podido salir, arrastrando tras de sí a Cepeda, y siguió cuando dijo que se iba a echar la campaña al hombro, dejando a Cepeda como un muñeco. Y Cepeda anda detrás de su jefe apagándole los incendios, leyendo, eso sí, sus intervenciones, ahora con un estilo afectado de alocución presidencial, más bien cantadito, como dictando el texto.
El golpe que les produjo la victoria de De la Espriella no lo encajaron y, en un primer momento, lucieron espantados. Mostrarse el presidente como un mal perdedor (una de esas categorías universales que el género humano reprocha y castiga sin ningún reparo, así como premia y elogia la gallardía y el valor de aceptar una derrota), y querer manejar la campaña de un candidato que debe ser el responsable de ella, vende la idea de que, si Cepeda no es capaz de resolver estos problemas, tampoco tiene las competencias para enfrentar las crisis del país cuando se le presenten como presidente.
La excandidata Claudia López pintó mejor el panorama la misma noche del domingo de elecciones con un esclarecedor mensaje: “Yo sé que Iván es un hombre decente, pero, Iván, querido, no te pueden hacer la campaña eternamente. Llegó la hora de asumir el liderazgo de tu propia campaña, de poner la cara, de debatir y de defender tus tesis”. En esa línea ha surgido la idea de que la relación entre Petro y Cepeda puede terminar como la de Uribe con Santos.
Pero una de las cosas que más ha llamado la atención del electorado en estos días posteriores a las elecciones es la decisión del petrismo de echar para atrás la idea de convocar una asamblea constituyente, para la cual el presiente había organizado una vaca con el fin de recoger fondos y un comité con muchos apoyos en el Gobierno estaba recogiendo firmas. Dicen que llevaban dos millones y que solo le faltaron 600.000 para llegar a su meta.
“En la conversación que ha tenido el comité promotor con el Gobierno en cabeza del presidente de la república y de quien les habla, hemos coincidido en que lo prioritario para el país y para el Gobierno y para los sectores sociales son las reformas sociales. Eso es mucho más importante que el mecanismo, y la constituyente es un mecanismo”, dijo este jueves el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, queriéndole bajar el tono a esa iniciativa que está en el ADN del progresismo y en las prioridades del presidente Petro.
Sobre Cepeda pesa el pasado de Petro
El ministro, el Gobierno y el candidato Cepeda siguen asociando la constituyente solo con reformas sociales, con la necesidad de sacarlas adelante. Pero no cuentan, y en esto hay que insistir, que, una vez conformada una asamblea constituyente, ella misma se dicta sus reglas y establece los temas de los que se va a ocupar. Cobra independencia, incluso del propio presidente. Con otras palabras: una vez aprobada e instalada, puede incorporar temas como el de la reelección y otros más.
La constituyente es una entidad que acumula el poder supremo. Puede decidir sobre temas apararentemente triviales como cambiarle el nombre a Colombia, o complejos como cambiar el modelo político, el tipo de Estado, eliminar la presidencia y reemplazarla por un gobierno colegiado. En suma, puede hacer de todo. En eso radica la férrea oposición de amplios sectores de la sociedad que insisten en que para hacer reformas en el país no se necesita cambiar la Constitución, sino aplicarla.
El comité promotor de la asamblea nacional constituyente aseguró que la decisión de detener el proceso de recolección de firmas y retirar el proyecto de convocatoria se tomó después “de un proceso de reflexión colectiva sobre la coyuntura nacional y el momento político que atraviesa Colombia”, y obedece a “una lectura responsable de las condiciones políticas actuales”. Como es natural, es su forma de decir que la iniciativa que impulsaba estaba acumulando demasiados rechazos y afectando seriamente el proyecto de retener la presidencia.
Ahora, sobre el candidato Cepeda comienza a pesar el pasado del candidato Petro. Si el actual mandatario firmó en mármol, para las elecciones de 2018, que no convocaría una asamblea constituyente, y después para las de 2022 aseguró que “la Constitución de 1991 sirve para hacer los cambios en Colombia”, pero no cumplió como gobernante, cómo creerle a Cepeda y al progresismo que se apartan de la idea de una constituyente, si apenas la mandan a dormir mientras pasan las elecciones.
El abrupto viraje se entiende a la luz de los intereses políticos de la campaña. Es válido y necesario intentar recomponer el camino antes de que sea demasiado tarde. Pero el daño a la imagen de coherencia y fortaleza ya está hecho, y a escasas dos semanas de la segunda vuelta. Por el contrario, queda la sensación de debilidad y aturdimiento de una poderosa fuerza política con muchas posibilidades de repetir, pero que fue eclipsada por la espesa sombra de su propio líder.
Temas Relacionados:
Te puede interesar
Sigue leyendo