Elecciones 2026: Gustavo Petro es el gran perdedor de la jornada de hoy

Derrotaron a Iván Cepeda en las urnas, pero el gran perdedor (político) es Gustavo Petro

Elecciones Colombia 2026
Tiempo de lectura: 7 min
Escrito por:  Redacción Elecciones Colombia 2026
Actualizado: 2026-06-21 17:44:29

La derrota de Iván Cepeda dejó al presidente Gustavo Petro como el gran golpeado político tras apostar por la continuidad del proyecto progresista.

El resultado de la segunda vuelta de este domingo muestra que el vencido en las urnas fue el candidato, pero el que fracasó en lo político fue el mandatario.

Al presidente Gustavo Petro se le hicieron realidad sus más aterradoras pesadillas. Todo a lo que le tiene miedo se materializó con la derrota, este domingo, de su candidato Iván Cepeda. Empeñó buena parte de su esfuerzo gubernamental para que el proyecto progresista continuara otros cuatro años más, pero fue precisamente su administración la que le granjeó este traspié de imprevisibles consecuencias tanto para el orden público como para la izquierda en Colombia.

No se pueden negar los aspectos positivos que tuvo su Gobierno, pero queda claro que la mayoría de colombianos, expresada en las urnas en la segunda vuelta, indica que no fueron suficientes para que el país aprobara la continuidad. Si bien es cierto que millones de ciudadanos votaron por la prolongación de las iniciativas de Petro, también lo es que muchos más optaron por impedirlo. Fue una decisión democrática que se debe respetar, tal como ocurrió hace cuatro años cuando, por primera vez en la historia de Colombia, llegó al poder el primer presidente de izquierda, y el país acató.

Con la derrota de Cepeda se le hizo realidad a Petro el miedo que tenía a que la mayoría de los colombianos no estuviera con él y que pudiera perder las elecciones. Sobre ese hecho se empiezan a erigir otros dos fantasmas que persiguen al mandatario. El primero es que su proyecto político de izquierda pueda fracasar y reciba un golpe, si no mortal, al menos muy grave que pueda representar años de recuperación. El segundo es la idea de que, salvo para sus fieles seguidores, pueda pasar a la historia como un mal presidente.

Discurso divisivo y radical de Gustavo Petro hizo daño

El resultado de las elecciones de este domingo puede ser interpretado de diferentes maneras, todas las cuales se aglutinan como virutas magnetizadas en torno a dos imanes: uno, los que consideran que es producto de la comisión de delitos electorales, incluyendo la compraventa de votos y el constreñimiento a los electores, y otras trampas como el fraude; y dos, los que ven un voto castigo contra el presidente Petro por cuatro años de virulentos ataques a sus contradictores, de socavamiento a la necesaria separación de poderes, de amenazas con una asamblea constituyente y hasta de exhibir símbolos relacionados con la muerte, así su discurso y el su candidato buscaran reivindicar la vida.

La analogía con la física también permite recordar que en la política también hay trazos de la tercera ley de Newton, según la cual cada acción tiene como resultado una reacción. Así como se dijo que la llegada de Petro al poder fue consecuencia del gobierno de Duque (en realidad, de todo lo que había pasado con los gobiernos de Santos y especialmente el de Uribe), se podría decir que el triunfo de De la Espriella es una reacción a lo que hizo o dejó de hacer Petro, que también incluye su radicalización, su retórica de intimidación blandiendo la espada de Bolívar, los escándalos de corrupción, el fracaso de la “paz total” y el consecuente empoderamiento de los grupos armados.

Es decir que, desde el primer día de su Gobierno, el presidente Petro comenzó a delinear la suerte de su proyecto político. El auge de De la Espriella es una de las más claras consecuencias del discurso divisivo y radical que utilizó Petro durante su mandato frente a la prensa, la oposición y las instituciones democráticas. En el periodo entre las dos vueltas presidenciales, presionado por conseguir el triunfo de Cepeda, el jefe de Estado trinaba, vociferaba y gritaba. Con eso consiguió dos cosas: alborotó a sus seguidores, pero también provocó miedo, un aspecto de su talante que siempre quiso ocultar. Colombia decidió que no quiere más de eso.

El escritor Juan Gabriel Vázquez señaló por anticipado, antes de la segunda vuelta, en El País, de España, la “responsabilidad inmensa” que les cabe a Petro y a su gobierno en la “catástrofe” de la elección de De la Espriella. Para Vásquez, el ahora presidente electo “es un invento de Petro, que lo infló de diversas maneras y luego ya no supo qué hacer con él […]. Lo que ocurre ahora, la manera como miles de colombianos se han lanzado en brazos de ese espejismo extremista que representa De la Espriella, es lo que está recogiendo la izquierda radical después de cuatro años de gobernar desde su burbuja de sectarismo, arrogancia, demagogia, incoherencia y desprecio”.

Petro concentró todos los reflectores

Antes de la segunda vuelta, para rematar, el presidente Petro dejó ver las orejas del lobo que muchos perciben en él por su oposición a las instituciones. No reconoció el resultado de las elecciones ni el triunfo de De la Espriella, como sí lo hizo después Cepeda, e incluso sugirió que dejaría la presidencia para ponerse al frente de la campaña de su candidato. En este contexto se produjo la absurda decisión de la representante Gloria Arizabaleta, presidenta de la Comisión de Acusaciones, de firmar una resolución para separar al mandatario de su cargo.

Con eso, más sus correrías por el país con el pretexto de despedirse y de mostrarles a sus seguidores el balance de lo que hizo, así como la intensísima campaña en medios de comunicación, saturados de cuñas con su voz y los resultados de sus iniciativas, lo pusieron como el protagonista de la campaña, relegando a un segundo plano a Cepeda. El presidente Petro no estaba en el tarjetón, pero concentró todos los reflectores sobre su propia figura.

Ya sea porque legítimamente buscara impulsar, más que la candidatura de Cepeda (sobre lo cual quedaron muchas dudas), la continuidad de su proyecto; o porque, como señalan analistas, le cuesta dejar de ser el centro de atención debido a su megalomanía, el mandatario se jugó todas las cartas para derrotar a De la Espriella en la segunda vuelta, incluso violando abiertamente la prohibición constitucional que impide a los presidentes de la República participar en política, lo cual envió un mensaje negativo adicional a los colombianos.

Por todo eso, la figura del jefe de Estado, antes que un motor, se convirtió en un verdadero lastre para Cepeda y la izquierda. El candidato del Pacto Histórico hizo ingentes esfuerzos para disimularlo, aunque no lo consiguió. Petro estaba transido de preocupación, consumido por la inminencia de la derrota en segunda vuelta, claramente anunciada desde la primera. Por todo eso, este domingo el que perdió en el resultado electoral fue Cepeda, pero el gran derrotado en lo político fue el presidente Petro.

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