El pollo asado revela el verdadero costo de la inflación: así varían sus precios en Colombia en 2025

Economía
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El precio del pollo asado revela sorpresas en la inflación de Colombia: ¿en qué ciudad es más caro?

El pollo asado ha pasado de ser un simple plato popular a convertirse en un termómetro económico clave para los hogares colombianos. Así lo demuestra el Índice del Pollo Asado, una medición impulsada por el medio especializado La República, que hace seguimiento al aumento de los precios de este alimento fundamental en la canasta familiar. Esta herramienta permite comparar, de manera cercana y representativa, cómo varían los costos del plato en distintas regiones del país y cómo estos cambios se relacionan con la inflación, medida oficialmente por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

La importancia del pollo en la dieta colombiana sustenta la utilidad del índice. Según la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi), en 2025 el consumo nacional per cápita llegó a 35,7 kilos por persona, consolidando al pollo como la fuente proteica animal más solicitada en Colombia. Este alimento representa, nada menos, que el 55,2% de todas las carnes comercializadas, superando tanto a la carne de res (21,0%) como a la carne de cerdo (21,2%). Por ello, cualquier variación en su precio se refleja de inmediato en el presupuesto familiar y tiene repercusiones directas en la economía cotidiana de millones de personas.

Durante el año 2025, el costo promedio del pollo asado se incrementó en $809 a nivel nacional. El análisis del Índice incluye ciudades como Medellín, Cartagena, Cúcuta, Cali, Villavicencio, Bogotá y Tunja, lo que permite hacer observaciones regionales y entender la dinámica de la inflación desde una perspectiva accesible para la población. Las diferencias de precio entre ciudades quedaron claras: Cartagena fue la urbe donde el pollo asado resultó más caro durante el año, con un promedio de $46.877, aunque en diciembre Medellín alcanzó el valor más alto del país con $51.330 por unidad.

Por el contrario, Tunja conservó la reputación de ser la capital con el pollo asado más económico en diciembre, con un precio medio de $34.500, una cifra que de todos modos representa un aumento del 8,38% frente al año anterior. Bogotá sobresalió por una caída notable en el valor promedio, bajando de $52.066 en 2024 a $35.180 en 2025, un descenso que contrasta con las tendencias nacionales y regionales observadas.

En el caso de Pereira, los inicios de 2025 estuvieron marcados por un alza general en los precios del pollo asado, reportando aumentos de cerca de $2.000 en el centro de la ciudad. Aquí, el valor de este plato oscila entre $30.000 y $50.000, ubicándose en línea con el promedio nacional. Esta tendencia se inscribe dentro del crecimiento del rubro ‘comidas fuera del hogar’, que en Pereira tuvo un repunte acumulado del 7,7% entre enero y noviembre de 2025 y que, de manera anualizada, subió por encima del 9%, compartiendo protagonismo con el sector educativo entre los grupos con mayor variación dentro de hoteles y restaurantes.

Óscar Jiménez, del Laboratorio de Desarrollo Territorial de Risaralda y la Sociedad de Mejoras de Pereira – ProRisaralda, puntualiza que este comportamiento obedece principalmente a los movimientos en la demanda —si hay más clientela, los precios suben— y a la estructura de costos: arrendamientos, salarios e insumos cuyos valores se ven afectados por factores como la energía o los precios globales de los alimentos. Además, alerta sobre el impacto que tendrán en el sector los cambios de la reforma laboral y el aumento del salario mínimo, factores que pueden mantener presionado el precio para los consumidores en los meses venideros.

¿Qué factores explican las diferencias de precio en el pollo asado entre ciudades colombianas?
La disparidad en el costo del pollo asado en distintas regiones trasciende simples temas de oferta y demanda. Las diferencias pueden relacionarse con factores como la ubicación de los locales, el valor de los arriendos urbanos, los niveles salariales exigidos en cada ciudad y la variación en los precios de los insumos esenciales para la preparación del plato, incluyendo energía y servicios públicos. Entender estas diferencias ayuda a evaluar de manera más amplia cómo la economía local incide en la vida diaria de los ciudadanos.

Este contexto otorga importancia a los indicadores alimentarios como herramientas para tomar el pulso a la economía real, demostrando que la inflación y las políticas laborales no solo afectan índices macroeconómicos, sino también los productos que a diario nutren la mesa de los colombianos. ¿Qué otras comidas del diario vivir podrían convertirse en indicadores efectivos para monitorear el costo de vida?


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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