Opinión

Rodrigo Bueno Vásquez

El tiempo perdido de la garantía, los santos lo lloran

Una de las razones para no dejar abandonado el vehículo en el talles es que el tiempo de la garantía corre.

Quien abandona su vehículo en el taller del concesionario porque considera que allí están obligados a darle hospedaje y adecuado mantenimiento mientras la SIC se pronuncia sobre la demanda por el producto, muchas veces no alcanzan a medir las malas consecuencias de ese proceder, ya que ni la ley del consumidor ni las leyes civiles avalan esa conducta, pues nadie está obligado a cuidar un vehículo contra su voluntad.

La ley del consumidor establece que quienes reciben un bien para repararlo tienen la obligación de cuidarlo y conservarlo en buen estado, pero eso no significa que terminada la labor deban responder por el deterioro que la inmovilidad causa en muchas piezas del vehículo, que se cristalizan, se espesan, se desinflan, se oxidan o se descargan. Si a así fuera, los talleres de servicio se convertirían en parqueaderos con servicio de lavado incluido, o en Almacenes Generales de Depósito con ambiente climatizado, y no un lugar de trabajo donde casi no caben los vehículos que los clientes llevan para su reparación o para darles mantenimiento, del creciente parque automotor que circula por nuestras calles.

Por si fuera poco, la ley del consumidor creó la figura del ¨abandono del vehículo¨ cuando se aplica un protocolo en el que le envían al cliente dos comunicaciones: la primera para informarle que su vehículo está listo para la entrega o en la que le piden que defina si autoriza la reparación cotizada o no, y la segunda, un mes más tarde, para hacerle ver que si no lo retira máximo en dos meses empezarán a facturarle mantenimiento y bodegaje, y no podrá recogerlo sin pagar la cuenta, que a veces termina siendo más costosa que el mismo vehículo.

Pero hay un ítem más, que se suma al deterioro del vehículo y la factura por el servicio de reparación, bodegaje y mantenimiento, que consiste en que el tiempo de la garantía se va agotando inexorablemente mientras el vehículo permanece abandonado en un rincón del taller de servicio, y si el fallo de la Superintendencia de Industria y Comercio favorece a la marca y el concesionario porque el consumidor no tiene la razón en su reclamo por garantía, nadie le repondrá el tiempo perdido, y es sabido que la garantía es un bien precioso, costoso y sumamente confortable, que incide en el precio de venta del vehículo usado.

Existe el paradigma de que el consumidor tiene el derecho de usar cualquier medio a su alcance para exteriorizar su inconformidad, e incluso hay quienes usan las redes sociales para desacreditar al concesionario y al producto, y agregan como la gran cosa que por esa razón lo dejaron en el taller de servicio y no piensan pasar a recogerlo.

Esta práctica no se la aconsejamos a nadie, porque el asunto puede terminar en una fiscalía o en un juzgado civil, por más que el consumidor tenga la razón en su reclamo, pues una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Las cosas son para cuidarlas, y los vehículos que no se usan se atrofian por todos lados.

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