Opinión

Ariel Peña

En la actualidad soy columnista de Minuto30, el Espacio, Debate, Periodismo sin Fronteras y el Centro de Pensamiento Primero Colombia

Corrupción y marxismo

Odebrecht fue el instrumento para extender la corrupción y financiar la toma del poder en varios países.

Para las élites de la secta marxista-leninista en diferentes partes del mundo, utilizar la corrupción es otra forma de lucha, ya sea para conquistar el poder o consolidar por siempre a sus camarillas en la dirección de algunos Estados; con ello queda patentado que el foro de Sao Paulo bajo la batuta de Lula Da Silva dio la orientación política para que se materializara la corrupción de la empresa brasileña Odebrecht, que pago coimas en 12 países a funcionarios del sector privado y público, y también dio dinero para campañas políticas, comprometiendo a futuros gobiernos con el proyecto del socialismo de siglo XXl, de diferentes maneras.

Indiscutiblemente los regímenes más corruptos que se han conocido en el planeta en el último siglo, son los de las dictaduras marxistas o ¿quién puede controlar la corrupción en Norcorea, Cuba, China o Vietnam?

Porque no se conoce de algún castigo a funcionario, y si lo hay es porque cayó en desgracia con la cúpula del partido comunista, de la misma manera la corrupción de la pandilla del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) es inocultable y los controles a los bandidos de esa burocracia gobernante, prácticamente son inexistentes, recordando que en Venezuela fue el país en donde Odebrecht repartió mas sobornos, pues la cuantía es cercana a 100 millones de dólares, entonces ahí esta retratado de cuerpo entero el comunismo totalitario con la corrupción.

En Colombia necesariamente con el conocimiento de la dirección del foro de Sao Paulo, entraron a las campañas presidenciales de Santos en 2010 y 2014 dineros que no se registraron de la empresa Odebrecht, y se podría pensar que dicho apoyo se enmarcaba para promover el proceso de paz entre el gobierno y las Farc, ya que desde que se creó el foro de Sao Paulo en 1990, el sátrapa de Fidel Castro diseñó como estrategia para tomarse el poder en los diferentes países de Latinoamérica.

En primer lugar utilizar las elecciones, teniendo como tareas previas grandes protestas y movilizaciones sociales como ocurrió en Bolivia, Ecuador y Argentina, o intentonas de golpes de estado como sucedió en Venezuela con Hugo Chávez en febrero de 1992, y para Colombia el proceso de paz era la mejor manera de poner a las puertas de la toma del poder a las fuerzas marxistas-leninistas, usando diferentes disfraces, así que las coimas que pagó Odebrecht no eran únicamente para enriquecer aún más a los propietarios de esa empresa, sino que también había un fondo político.

En las marchas del próximo primero de abril, que organizan diferentes movimientos políticos, sociales y sindicales, indudablemente uno de los puntos fundamentales de la convocatoria es el repudio a la gigantesca corrupción que envuelve al gobierno nacional, porque ha puesto a la institucionalidad en grave peligro, por ello la defensa de nuestra democracia liberal es de trascendencia capital, ya que su pérdida nos conduciría a que desapareciera la libertad que como dijera Cervantes: “es por único que se puede vivir y morir”.

Hay denuncias desde Brasil acerca de que las Farc durante 20 años recibieron dinero de la compañía Odebrecht, y un cabecilla de la banda narcomarxista taxativamente lo admitió en un programa de televisión, alegándolo como economía de guerra. Con semejante afirmación prácticamente cualquier argumento político es válido para justificar la corrupción en el país, porque si esa cáfila comunista totalitaria se exculpa de esa manera, un político corrupto o un empleado del sector privado o alto funcionario del sector público que haya sido sobornado, tranquilamente lo puede justificar recogiendo lo expuesto por el jefe subversivo.

¿O será que por pertenecer al engendro marxista-leninista existe una patente de corso, que les permite a los miembros de las Farc no solo ser terroristas, genocidas, narcotraficantes y violadores, sino que de paso la corrupción no le es imputable a ese grupo narcocomunista?

Con esto queda claro que la corrupción, para los seguidores del marxismo-leninismo, es otra forma de lucha, y por eso un diabólico personaje como Lenin, afirmaba: “salvo el poder todo es ilusión” en donde la corrupción no es cuestionada ni combatida, sino que se usa únicamente en ocasiones de caballito de batalla para purgar a los enemigos políticos (como ocurrió en Cuba en 1989 con el general Arnaldo Ochoa), porque como lo dijimos anteriormente, en los regímenes comunistas no se reprime a la corrupción cuando es practicada por la camarilla, ya que ella es inherente al marxismo-leninismo, cuyas pandillas buscan el poder del Estado eternamente y para que eso ocurra la corrupción debe de ir de la mano del comunismo totalitario.

Hipócritamente en Colombia, partidos afiliados al foro de Sao Paulo patrocinador de la corrupción de Odebrecht, se rasgan las vestiduras y promueven firmatones en contra de ese flagelo, pero no renuncian a pertenecer a semejante engendro, buscando engañar a la ciudadanía, por ello el repudio genuino a esa calamidad debe partir desde las masas que movilizadas como va ocurrir el primero de abril denuncien y acorralen a los corruptos, que desde el alto gobierno promueven semejante práctica tan deleznable.

Sin olvidar que el marxismo-leninismo es un padre innegable de la corrupción, y en Colombia las bandas narcoterroristas de las Farc y Eln son sus fieles seguidoras.

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