Incierta respuesta de Uribe a nuevo llamado al diálogo que le hizo Santos

El presidente dijo que le envió una carta para identificar lo que los une y trabajar por la paz de Colombia.

 
El Espectador

Según dijo el presidente, se trata del primer intento por escrito de encontrarse nuevamente con el exmandatario luego de 5 años de distanciamiento.

Le mandé una carta el día de ayer en ese sentido al expresidente Álvaro Uribe, diciéndole que respetando nuestras diferencias, yo creo que al país y a todos nos conviene que como personas civilizadas nos sentemos a tratar de identificar todo lo que nos une”,

dijo Santos.

El mandatario se encuentra en Rioacha, en la Guajira, y en su intervención aseguró que una de sus prioridades es la de reconciliarse con su antecesor.

El presidente recordó que la última vez que tuvo algún contacto con Uribe fue a principios de 2011 y que desde entonces se ha pronunciado en varias ocasiones en público invitando a su contradictor, pero que esta es la primera que lo hace a través de una carta.

Según El Espectador, no habrá aceptación de Uribe a la invitación.

El exjefe de Estado nunca volverá a confiar en Santos, a quien considera un traidor por abandonar la política de seguridad democrática e iniciar un proceso de diálogos con las Farc”,

dice El Espectador, que cita personas allegadas al expresidente.

Uribe se encuentra en Italia y este martes acudió a una reunión con el secretario de Estado del Vaticano, pero no refirió a la invitación de Santos.

Este es el texto de la carta:

Bogotá D.C., 10 de julio de 2016

Doctor ALVARO URIBE VELEZ Expresidente y Senador de la República Ciudad

Respetado expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez:

Usted y yo hemos sido elegidos presidentes de la República, la más alta dignidad que otorga el pueblo colombiano, y recibimos de nuestros compatriotas un mandato para liderar el país hacia un mejor futuro, más seguro y más próspero. Cada uno de nosotros asumió esa responsabilidad con entereza y convicción, a la luz de lo que el país requería en su momento histórico, y con la mente y el corazón puestos en un mañana mejor.

Esa responsabilidad nos impone igualmente el deber de liderar con el ejemplo, para guiar al país por un camino de reconciliación y no de enfrentamientos.

Convencido de esto, decidí escribirle esta carta para invitarlo, desde el fondo de mi corazón, a que nos ayude, con su indiscutible liderazgo y sin abandonar su independencia crítica, a aprovechar la oportunidad única de paz que se abre a los colombianos y producir así el cambio que nos lleve a un futuro mejor para todos, en especial para las nuevas generaciones.

Con ese propósito trabajamos juntos cuando usted me hizo el honor de nombrarme como su ministro de Defensa. Me siento orgulloso de los resultados que obtuvimos en la consolidación de la seguridad democrática. Como presidente, continué asestando los mayores golpes a los grupos armados ilegales, al crimen organizado y la delincuencia común. También redoblamos los esfuerzos para acelerar la efectiva disminución de homicidios y secuestros que se inició en su administración.

En los últimos años, junto con nuestros valientes soldados de tierra, mar y aire, y nuestros policías, usted y yo hemos dado los pasos que nos llevaron a esta coyuntura histórica. Si hoy las FARC están en un proceso de paz que ha avanzado como ningún otro, listas a dejar las armas y reintegrarse a la sociedad, se debe en buena parte a esos reiterados y contundentes éxitos. Y se debe también a que retomé las conversaciones discretas para avanzar en una solución negociada -como en el mundo de hoy debe terminar toda guerra asimétrica- que su gobierno comenzó.

Presidente Uribe: esta ha sido una negociación seria, juiciosa, ponderada, realizada por un equipo negociador con personas de la más alta credibilidad y experiencia, incluidos quienes fueran su comandante general de las Fuerzas Militares, su director general de la Policía Nacional y su alto comisionado de Paz.

¿Qué estamos obteniendo los colombianos con este Acuerdo? El fin de la guerra y sus innumerables víctimas, un campo en paz con verdaderas opciones legales y reales de desarrollo económico, el fortalecimiento de nuestra democracia y que nuestra Colombia deje de ser estigmatizada como tierra de violencia.

Las FARC entregan todas, todas sus armas a las Naciones Unidas, abandonan el secuestro y la extorsión, rompen sus vínculos con el narcotráfico y la minería ilegal, cesan los ataques a la fuerza pública y a la población civil. Es la consecuencia del cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo cuyas reglas se pactaron el pasado 23 de junio.

Las FARC, al desmovilizarse y dejar de existir como grupo armado, inician su tránsito hacia la vida civil. Los que quieran continuar su lucha política deberán abrirse camino sin armas en nuestra democracia.

Los miembros de las FARC deberán someterse al sistema de justicia transicional que se estableció. No habrá amnistía para los responsables de graves crímenes de guerra o delitos de lesa humanidad. Estos serán investigados, juzgados y sancionados por la jurisdicción especial de paz y deberán someterse a una restricción efectiva de su libertad entre 5 y 8 años, siempre y cuando digan toda la verdad sobre lo que sucedió y contribuyan a la reparación de las víctimas. De lo contrario, tendrán penas de prisión de hasta 20 años. Es decir, no hay impunidad. Y si llegaran a reincidir, perderán todos los beneficios.

Los terceros, los que no son ni miembros de las FARC ni agentes del Estado, y que hayan participado de forma “determinante” en la comisión de delitos atroces con ocasión del conflicto también podrán someterse a esta justicia transicional. Los civiles que hayan sido obligados a pagar vacunas o rescates serán considerados víctimas, no victimarios.

Todas las actuaciones relacionadas con el conflicto de los miembros de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, como guardianes de la libertad y la democracia, se presumen legales. Todo lo contrario sucede con las actuaciones de la guerrilla que se presumen -todas- ilegales. Aquellos agentes del Estado que hayan cometido algún delito relacionado con el conflicto podrán acogerse voluntariamente a la justicia especial de paz con los mismos beneficios. Evitaremos de esta forma que se repita la injusticia de ver a exguerrilleros totalmente amnistiados y en libertad, mientras nuestros soldados y policías acaban purgando largas penas en la cárcel.

Este proceso de paz es el primero en el mundo en el que la prioridad son las víctimas y sus derechos. Esto parte del reconocimiento de más de 7 millones de víctimas que ha dejado el conflicto armado, de las cuales 8 de cada 10 han sido civiles. Las víctimas recibirán justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición. Los colombianos podremos vivir sin esa macabra y tenebrosa fábrica de víctimas que hemos tenido que soportar en estos últimos 50 años.

Durante décadas se ha venido hablando de la necesidad de eliminar la desigualdad y el atraso que sufren nuestro campo y nuestros campesinos. La guerra, el desplazamiento forzado, la falta de claridad sobre la propiedad de la tierra, lo han impedido. Con la paz, podremos por fin iniciar la verdadera transformación del campo. Llegará más inversión, más presencia del Estado, más oportunidades y más progreso. El campo se convertirá en ese motor de crecimiento que todos esperamos.

Con el fin de la guerra podremos ser más efectivos en la superación del problema de la droga. El Estado se concentra en combatir a las grandes mafias. Los campesinos cultivadores no serán tratados como criminales, recibirán apoyo para tener alternativas económicas legales. Con la paz y una fortalecida presencia del Estado, los resultados serán más eficaces y permanentes. El domingo pasado se inició el primer plan piloto de colaboración con las FARC para tal fin.

Por último, y como debe ser el objetivo de todo proceso de paz, aprovecharemos esta oportunidad para robustecer y ampliar las bases de nuestra democracia. Se pretende que todos los colombianos puedan participar, ser escuchados y decidir su futuro con tranquilidad y sin temor.

Tenemos una oportunidad de oro que requerirá un gran esfuerzo por parte de todos los colombianos. Lo invito a usted y a sus seguidores a participar en el diseño de ese nuevo país que todos queremos, de esas nuevas reglas que garanticen, por ejemplo, los derechos de la oposición y mejoren nuestro sistema electoral.

Estamos a tiempo de demostrar que la paz que se logra con los adversarios armados de más de medio siglo debe acompañarse de un espíritu de concertación y trabajo entre quienes obramos siempre desde la democracia y dentro de la ley.

El pueblo colombiano y la historia así lo exigen. Sin sacrificar nuestros principios ni nuestras convicciones, creo sinceramente que podemos trabajar conjuntamente en la construcción de un país mejor y en paz. En esa dirección, estoy dispuesto, junto con el equipo negociador del gobierno, a reunirme con usted para escuchar sus inquietudes y abrir un diálogo constructivo.

Hoy tenemos la oportunidad única de transformar nuestro país para el bienestar, la tranquilidad y el mejor futuro de nuestros hijos y de nuestros nietos, que no tienen por qué seguir sufriendo este conflicto.

Como lo señaló el papa Francisco, “no podemos permitir otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación”.

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