10 fragmentos memorables de 'Cien años de soledad', en sus 50 años

La novela más famosa de Gabriel García Márquez fue publicada por primera vez el 30 de mayo de 1967, en Buenos Aires.

Siete días después, el 6 de junio de 1967, se empezó a vender en las librerías de la capital de Argentina, recuerda Semana.

La primera edición de ‘Cien años de soledad’ fue publicada por la Editorial Sudamericana.

Sudamericana, actualmente, hace parte del grupo editorial Penguin Random House.

‘Cien años de soledad’ ha sido editada en español por varios sellos: Oveja Negra, Cátedra y Norma.

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En 2007, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, con Alfaguara (que ahora pertenece a Random House), publicó una edición conmemorativa de la novela para celebrar los 80 años de edad de Gabriel García Márquez.

Justamente de esa edición Pulzo extracta los fragmentos.

Actualmente, Random House publica y distribuye la novela en Colombia. Esa editorial, además, acaba de sacar una edición especial, con ilustraciones de la artista chilena Luisa Rivera, por los 50 años de ‘Cien años de soledad’.

Esta publicación tiene una tipografía creada por uno de los hijos de ‘Gabo’, Gonzalo García Barcha.

Estos son los fragmentos:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Pulzo

“[…] la muerte lo seguía a todas partes, husmeándole los pantalones, pero sin decidirse a darle el zarpazo final”.

Wikimedia Commons

“Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita”.

Pulzo

“Era un simple recurso de desahogo, porque en verdad estaban ligados hasta la muerte por un vínculo más sólido que el amor: un común remordimiento de conciencia. Eran primos entre sí”.

Pulzo

“Una noche, cuando lo tenía en el vientre, lo oyó llorar. Fue un lamento tan definido, que José Arcadio Buendía despertó a su lado y se alegró con la idea de que el niño iba a ser ventrílocuo. Otras personas pronosticaron que sería adivino. Ella, en cambio, se estremeció con la certidumbre de que aquel bramido profundo era un primer indicio de la temible cola de cerdo”.

Pulzo

“Pero la lucidez de la decrepitud le permitió ver, y así lo repitió muchas veces, que el llanto de los niños en el vientre de la madre no es anuncio de ventriloquia ni facultad adivinatoria, sino una señal inequívoca de incapacidad para el amor”.

Pulzo

“La casa se llenó de amor. Aureliano lo expresó en versos que no tenían principio ni fin. Los escribía en los ásperos pergaminos que le regalaba Melquíades, en las paredes del baño, en la piel de sus brazos, y en todos aparecía Remedios transfigurada: Remedios en el aire soporífero de las dos de la tarde, Remedios en la callada respiración de las rosas, Remedios en la clepsidra secreta de las polillas, Remedios en el vapor del pan al amanecer, Remedios en todas partes y Remedios para siempre”.

Pulzo

“Murió de viejo en la soledad, sin un quejido, sin una protesta, sin una sola tentativa de infidencia, atormentado por los recuerdos y por las mariposas amarillas que no le concedieron un instante de paz, y públicamente repudiado como ladrón de gallinas”.

Pulzo

“Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Pulzo

“Rebeca esperaba el amor a las cuatro de la tarde bordando junto a la ventana. Sabía que la mula del correo no llegaba sino cada quince días, pero ella la esperaba siempre, convencida de que iba a llegar un día cualquiera por equivocación”.

Pulzo

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