Por la marihuana, Canadá vive una quimera como la del oro

Inversores y empresarios quieren controlar un mercado que se valora en miles de millones de dólares al año.

 
AFP

Y todo comenzó tras la anunciada legalización en 2017 del consumo de la yerba.

A finales de mayo, la policía de Toronto ejecutó una redada en varias decenas de establecimientos que venden marihuana en Toronto, la mayor ciudad canadiense.

La redada se saldó con el arresto de 90 personas y la incautación de 281 kilogramos de cannabis, tanto para fumar como para consumir en forma de alimentos y bebidas, 160.000 dólares canadienses en efectivo (123.200 dólares estadounidenses) y 32 gramos de cocaína.

Los dispensarios de marihuana han estado funcionando de forma abierta en la ciudad desde meses sin que las autoridades actuasen contra ellos.

Pero en las últimas semanas, asociaciones de vecinos y políticos locales expresaron su preocupación por la incontrolada aparición de nuevos establecimientos en un reducido número de barrios de Toronto.

Finalmente, a mediados de mayo, el alcalde de Toronto, John Tory, pidió a la Policía y a los funcionarios municipales encargados de licenciar establecimientos comerciales que actuasen contra los dispensarios de marihuana y dos semanas después se produjo la masiva redada.

Aunque desde 2001 el consumo de marihuana recetado por doctores es legal, hasta ahora el sistema de producción, distribución y venta de cannabis había sido meticulosamente regulado.

El Ministerio de Sanidad ha concedido licencias a 26 empresas para producir marihuana con fines medicinales, la única que se puede vender legalmente en el país. Para que un individuo pueda comprar esa marihuana, necesita que se lo recete un doctor.

Finalmente el paciente envía la receta junto con un formulario a uno de los 26 productores de marihuana del país y el cannabis es enviado a domicilio por correo.

Este sistema es el que ha funcionado en Canadá desde hace más de una década. Pero la victoria del Partido Liberal de Justin Trudeau en la elecciones generales del pasado 19 de octubre ha alterado el panorama.

Trudeau, ahora primer ministro de Canadá, ha asegurado que en 2017 el consumo de marihuana será legal en el país, lo que está provocando una auténtica quimera del oro para controlar lo que será sin duda un mercado muy lucrativo.

Según un análisis realizado en 2015 por la firma de inversiones GMP Capital, el mercado de la marihuana para uso recreativo en Canadá está valorado entre 4.000 y 5.000 millones de dólares canadienses (entre 3.080 y 3.850 millones de dólares estadounidenses).

Muchos ven ahora el mercado de cannabis como una inversión segura. Al día siguiente de la victoria electoral del Partido Liberal, las acciones de las compañías productoras de cannabis que cotizan en bolsa experimentaron una significante subida.

Uno de los inversores que confía en la rentabilidad del mercado legal de marihuana en Canadá es el rapero estadounidense Snoop Dogg.

En febrero de este año, el mayor productor de marihuana de Canadá, Canopy Growth (anteriormente conocida como Tweed Marijuana) firmó un contrato con la compañía de Dogg, LBC Holdings, para utilizar el contenido y marcas del rapero.

A cambio, Dogg, que en el estado de Colorado (EEUU) vende cannabis bajo la marca Leafs by Snoop, se hizo con una cantidad no revelada de dinero y acciones en Canopy Growth.

La venta de cannabis para fumar es sólo la punta del iceberg del negocio una vez que el consumo de marihuana se legalice en Canadá. De hecho, hay compañías e individuos que están invirtiendo para incluir la droga en comidas y bebidas, incluido las cápsulas de café de máquinas expreso.

Ante este lucrativo panorama, no son extrañas las prisas de los emprendedores, que han comenzado a operar antes de que el consumo recreativo de cannabis sea legal en Canadá y que, en pocas semanas, han abierto decenas de dispensarios de marihuana en Toronto, y otras ciudades del país.

Y esta actitud también es indicativa de la confusión legal y policial de la situación: si el consumo de marihuana va a ser legal en pocos meses, ¿por qué utilizar preciosos recursos policiales y judiciales ahora contra los vendedores y compradores de cannabis?

Julio César Rivas / EFE

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