¿Discurso del año? Estudiante de los Andes sorprendió con reflexión del éxito y plata para profesionales
Un recién graduado de la Universidad de los Andes cuestionó en su discurso la carrera por el dinero y defendió la paz.
Las ceremonias de graduación suelen caracterizarse por discursos institucionales predecibles orientados a exaltar el triunfo profesional y la inserción rápida en el mercado laboral. Sin embargo, la reciente ceremonia de grados del segundo semestre de 2026 de la Universidad de los Andes rompió con ese molde gracias a la intervención de Santiago Ortiz, un recién graduado del programa de Derecho que obtuvo la máxima distinción académica como summa cum laude. Su alocución, compartida por la institución en su cuenta oficial de X, rápidamente se viralizó en redes sociales al plantear una profunda reflexión sobre la obsesión colectiva con el éxito, la acumulación de riqueza y el valor de priorizar una vida en paz.
La historia personal de Ortiz en la institución estuvo marcada por el esfuerzo y el respaldo financiero solidario. Ingresó a la universidad a través de “Quiero Estudiar”, un reconocido programa de becas financiado por aportes de donantes que cubre hasta el 95 % de la matrícula semestral para jóvenes de diversas regiones del país con sobresalientes resultados en las pruebas del Icfes que carecen de recursos económicos. Partiendo de esa trayectoria de superación, el nuevo abogado subió al atril para confrontar de manera directa a sus propios compañeros con una pregunta incómoda pero ineludible en el entorno corporativo contemporáneo: “¿Qué tanto dinero será suficiente?”.
En su intervención, Ortiz confesó la presión asfixiante con la que egresan los profesionales de las instituciones de educación superior en el país. “Yo les quiero admitir que estamos graduándonos de la mejor universidad del país con la presión de correr a máxima velocidad y competir, entrenados para anhelar un lugar en el podio de una carrera con millones y millones de competidores”, señaló ante un auditorio atónito. El joven advirtió sobre los estragos del cansancio crónico, el descuido de los vínculos afectivos esenciales y el peligro de no detenerse a reflexionar sobre el sentido real de la existencia, formulando el interrogante central de su mensaje: “¿Serán 30, 40, 50 años de acumular títulos, dinero, ascensos, empresas suficientes para estar en paz?”.
Frente a esa inercia de consumo y competencia desmedida, el graduado reivindicó el derecho supremo a la libertad, a elegir un proyecto vital ajustado a las necesidades individuales, a asumir el fracaso sin culpa y a decidir cuándo parar. Dirigiéndose a los familiares y padres presentes en la ceremonia, matizó su postura con un mensaje tranquilizador: “Familias, padres y madres financieros de nuestros pregrados, yo sé que este mensaje tal vez les preocupa, pero por favor no se asusten. Les aseguro que este mundo automáticamente nos hará correr, nos incentivará a competir y nos hará aferrarnos a nuestros sueños”.
Asimismo, Ortiz dedicó un espacio para reivindicar a su generación frente al estigma de la apatía, contextualizando el momento histórico que les ha tocado vivir. “Hoy quiero defender a nuestra generación expresando que tras crecer en un mundo plagado por la violencia, donde las emergencias climáticas amenazan la sostenibilidad de nuestro planeta y la polarización ha erosionado los estados democráticos, escoger una vida en paz es tal vez la decisión más valiente que puede tomar la juventud”, sentenció.
No obstante, el nuevo abogado aclaró que la pausa y la búsqueda de tranquilidad no equivalen a la indiferencia frente a la realidad nacional. Citando informes del Comité Internacional de la Cruz Roja sobre la persistencia de al menos ocho conflictos armados internos en Colombia, así como cifras de las Naciones Unidas que revelan que más de 630.000 personas resultaron afectadas por la violencia durante el primer semestre de 2026, Ortiz hizo un llamado vehemente a ejercer las profesiones con integridad, compasión y solidaridad, sin darle la espalda a la memoria histórica que interpela a la sociedad.
El discurso concluyó con una ovación y un mensaje que encapsuló el espíritu de su intervención: “Me despido deseándoles paz, paz en sus vidas, paz en sus familias, pero sobre todo, paz en Colombia para todas y todos nosotros”, sellando una de las reflexiones más memorables que se recuerden en los recintos universitarios del país en los últimos años.
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