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Es innegable, de manera infortunada, lo que se volvió pan de cada día: ver mensajeros en las calles de Bogotá cometiendo infracciones de tránsito. Conducir en contravía y por andenes, no portar ni casco ni reflectivos, estacionar en donde está prohibido.
Estas son algunas de las imprudencias que más cometen las motos y bicicletas de quienes trabajan como domiciliarios.
A pesar del centenar de denuncias que se ven en redes sociales acerca de estas infracciones (la mayoría de ellas con mención a la cuenta oficial del Alcalde Peñalosa, de la Secretaría de Movilidad o de la Policía de Tránsito), y de las varias críticas que se han hecho en medios de comunicación, estos personajes siguen rompiendo las leyes de tránsito a diario. Lo peor, parece que nadie lo puede controlar.
Gracias a la aparición de aplicaciones que facilitan la prestación de este servicio, son muchos los ciudadanos que han encontrado en la mensajería una opción laboral. Esto se ve reflejado en un aumento de mensajeros, el cual se evidencia con tan solo recorrer las calles de la ciudad. Por donde uno se mueva va a encontrar a algún miembro de este gremio. El asunto es que, debido al aumento de mensajeros en la ciudad, parece que se trata de un problema que se le salió de las manos a las autoridades y que no saben cómo controlar.
Los mensajeros de Rappi (que son fácilmente identificados por los ciudadanos gracias al naranja intenso que suelen portar), por ejemplo, se mueven por toda la ciudad sin ningún tipo de respeto por las normas de tránsito. Casi ninguno de ellos usa casco, suelen movilizarse por los andenes, estacionan sus bicicletas o motos en cualquier lugar y andan en contravía constantemente. Todas estas acciones ponen en peligro a los peatones, a los conductores y al mismo mensajero; sin embargo, a ellos parece no importantes, pues todos los días es lo mismo.
No parece haber –por ahora- solución a este tema. La Secretaría de Movilidad de Bogotá y empresas como Rappi y Domicilios.com, que siempre contestan en sus redes con un “vamos a revisar el caso” o “estamos trabajando en campañas de educación con nuestros mensajeros”, parece que no tiene la capacidad para controlar a los mensajeros sin ley que se tomaron a Bogotá. Ojalá estos personajes entiendan que el prestar un buen y rápido servicio no tiene que ir de la mano con irrespetar las normas de tránsito y que el ser mensajeros no les da derecho a pasar por encima de los demás.
*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan para nada la posición editorial de Pulzo.
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