La economía colombiana en época de elecciones
Tradicionalmente en Colombia, la época electoral se ve marcada por un constante nerviosismo que se refleja en la actividad económica en todos sus niveles, [...]
[…] los inversionistas comienzan a pasar su capital líquido a dólares y repatriar sus utilidades, con la esperanza de asegurar su dinero ante un eventual desorden público. Una vez pasadas las elecciones, se suele volver a la calma, esto debido a que pasa lo que siempre se espera. Esta situación conlleva a que la demanda del dólar aumente y por consiguiente su precio, algo parecido pasa con el euro.
Las elecciones en nuestro país siguen siendo una incógnita. la preferencia y tendencia en las encuestas ponen como favorito al candidato del progresismo, lo que genera incertidumbre, dado que jamás la izquierda ha gobernado el país.
Todo ello, sucede mientras el gobierno se debilita ante su mal manejo económico, los altos índices de corrupción, la violencia, el gasto desbordado del estado y la creciente deuda externa que ahoga a los ciudadanos, especialmente la clase media.
Los principales caciques políticos del país, quienes se dan golpes en pecho ajeno en temas como la corrupción, amparados en el poderío regional y tradicional, se esfuerzan en mostrar cualquier fuerza alternativa de poder como no viable ni política ni económicamente. El remedio puede ser peor que la enfermedad: lo anterior puede desencadenar en una negativa a reconocer una derrota que, parece inevitable.
Para el poder tradicional en Colombia, cualquier alternativa, no es ni legal ni legítima, así el pasado este plagado de irregularidades, atraso y corrupción.
La posibilidad de que la economía sea manejada por alguien que no haya tenido el poder en una de las democracias más antiguas de América, basta para generar desconfianza en la inversión, si bien la costumbre en nuestro país es manejar la economía de acuerdo a los intereses políticos, el país se ha acostumbrado a ello y parece que dichos grupos políticos y los grandes inversores la prefiere así, es decir, mejor malo conocido que bueno por conocer.
La conformación del congreso será clave, puesto que, si las maquinarias políticas pierden participación, la incertidumbre hará que la tendencia sea a que se negocie aún más en dólares y la inversión de capital trasladado a pesos se pueda reducir, lo que aumenta aún más el precio de la divisa.
Esta situación la tendremos hasta después de las elecciones presidenciales, será un periodo de nerviosismo, que ante la incertidumbre se retrae, a la espera que se calme la tormenta política.
Las prioridades de los partidos actuales, no serán la creciente inflación, el aumento de la pobreza, la violencia en todo el territorio nacional o las necesidades sociales, será mantenerse en el poder a cualquier costo, esto se traduce en gasto del estado.
Esto es bien sabido por los inversionistas, la demanda del dólar aumenta y por lo tanto su precio. No se debe esperar el aumento de la inversión en épocas de nerviosismo, por lo que se prefiere importar productos para hacer el retorno del efectivo más rápido, invertir solo en lo necesario y sacar los dólares del país. Esto se reflejará en el aumento del desempleo con los efectos que ello trae, la pérdida del poder adquisitivo del peso nos traerá inflación con los consecuentes efectos sobre el empleo.
Los efectos económicos se prevén a corto plazo, el ambiente no es mejor ni para la inversión ni para el desarrollo, no es buen momento para poner en marcha proyectos, solo para ser optimista y aprender a esperar.
*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan para nada la posición editorial de Pulzo.
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