La quebrada Doña María: límite al riesgo y esperanza ambiental con nueva ronda hídrica en Medellín
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Visitar sitioLa delimitación de la quebrada Doña María busca frenar tragedias: ¿cómo impactará a Medellín?
La quebrada Doña María ha figurado como uno de los afluentes más problemáticos en la zona sur del Valle de Aburrá, escenario de repetidas tragedias que han inquietado profundamente a la población local. El origen de estos sucesos se vincula, en gran parte, al mal manejo sistemático de este recurso hídrico, lo que ha propiciado emergencias cíclicas, especialmente en temporadas de lluvias intensas. Frente a esta situación, Corantioquia —la autoridad ambiental de la región— informó el inicio de un proceso para delimitar la ronda hídrica de la quebrada Doña María, específicamente en un tramo de 4.3 kilómetros de su cuenca media, ubicada en la vereda El Salado, corregimiento de San Antonio de Prado, dentro del Distrito de Medellín. La atención priorizada a este afluente responde a su inclusión dentro de las fuentes seleccionadas por Corantioquia para definir límites de protección y gestión sostenible.
La acción emprendida por Corantioquia se convierte en un pilar fundamental para abordar de raíz los desafíos ambientales y sociales que acompañan a la quebrada. Las rondas hídricas, según la definición del propio ente, son franjas que bordean los cuerpos de agua naturales —como ríos, quebradas, lagos y pantanos—, establecidos para salvaguardar tanto el recurso en sí como los servicios ecosistémicos que provee. Estos espacios se planifican para mitigar riesgos asociados a inundaciones, asegurar el equilibrio del territorio y ordenar el uso del suelo de manera armónica. Así, la definición de la ronda hídrica apunta a prevenir siniestros y cuidar los beneficios ambientales que la quebrada brinda a las comunidades aledañas.
El marco normativo que guía esta labor está contenido en el Plan de Ordenamiento Territorial del Distrito de Medellín (Acuerdo 46 del 2006), donde se reconoce que la cuenca de la quebrada Doña María y sus afluentes atraviesa zonas con alta amenaza de inundación. Por esta razón, la delimitación que lidera Corantioquia no solo busca la salvaguarda del afluente, sino que servirá como base técnica para que los municipios incorporen estos criterios en sus estrategias de gestión del riesgo, sobre todo ante fenómenos como las crecientes súbitas e inundaciones severas.
Liliana María Taborda González, en nombre de Corantioquia, expresó que esta iniciativa reafirma el compromiso institucional con el cuidado de los recursos naturales, la reducción de riesgos y la articulación con las comunidades campesinas, los asentamientos indígenas Emberá Dobidá y otras entidades locales, elementos esenciales para encaminar el desarrollo sostenible de la zona.
El desarrollo del proyecto, que tiene una duración prevista de ocho meses —de octubre de 2025 a mayo de 2026—, destaca por su enfoque participativo. Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, cerca de 150 personas, incluyendo líderes sociales, colectivos de mujeres, mesas ambientales y representantes de entidades públicas y privadas, han sido partícipes en las jornadas de diálogo y reconocimiento territorial. Estas actividades buscan construir consensos y recoger visiones que permitan una delimitación ajustada a las realidades y necesidades locales.
Al finalizar el proceso, se entregará un estudio técnico y un acto administrativo que definirán los nuevos límites de la ronda hídrica en el tramo seleccionado, junto con la zonificación y las estrategias para su manejo ambiental, conforme a la normativa actual. Es importante recordar que tragedias previas, como el represamiento de 2022 que cobró la vida de una mujer y una niña en el barrio Santa Rita, son evidencia dolorosa de los riesgos que se pretende mitigar a futuro mediante esta intervención integral.
¿Por qué se consideran las rondas hídricas un instrumento clave en la prevención de desastres?
El establecimiento de rondas hídricas constituye una medida esencial en la planificación ambiental y el ordenamiento territorial. Estas franjas delimitadas permiten reducir la exposición de personas y bienes ante posibles desbordamientos o inundaciones, al limitar las intervenciones humanas en zonas vulnerables.
En contextos urbanos y rurales afectados frecuentemente por emergencias asociadas a los cuerpos de agua, la delimitación rigurosa de estas rondas —como la labor que adelanta Corantioquia en la quebrada Doña María según las fuentes mencionadas— proporciona insumos técnicos y legales para que los gobiernos locales gestionen eficientemente el riesgo, protejan los ecosistemas circundantes y promuevan la seguridad de las comunidades que habitan en las proximidades de los afluentes.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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