Cuando los recuerdos de Supía se vuelven libro: el autor que convierte la violencia en memoria viva
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Visitar sitioDesde Supía, una vida dedicada a narrar la memoria y la violencia de Caldas se renueva en su último libro.
Originario de Supía, un municipio con una historia que se extiende por más de cuatro siglos, el autor ha consagrado tanto su obra periodística como literaria a preservar y explorar la memoria regional, documentando las complejas transformaciones sociales en Caldas. Desde 1971, su actividad profesional se ha repartido entre la investigación periodística y la creación literaria. Su producción abarca alrededor de veinte libros, incursionando en géneros como la poesía, el cuento, la crónica histórica y la literatura infantil. Este último campo, según ha manifestado el propio autor, representa aún un territorio poco transitado en el contexto local, lo que añadió un reto particular a su trayectoria.
La más reciente edición del libro, que llega cinco años después de la publicación original, constituye una profunda revisión: varios relatos han experimentado reescritura y otros textos se han sumado por primera vez. El eje central de la obra es la violencia en sus formas política, social, económica y familiar, pero el autor elige abordarla a partir de las vivencias y reflexiones de sus personajes, más que desde una perspectiva documental directa. Así, las emociones y la interpretación subjetiva de los acontecimientos cobran protagonismo sobre el simple relato factual.
La publicación estuvo a cargo de Manigraf, imprenta que ha respaldado a diversos escritores caldenses. El libro ya está disponible en librerías de ciudades como Manizales, Pereira y Armenia, además de municipios tales como Anserma y Riosucio, con un precio accesible de diez mil pesos. Esta estrategia busca ampliar el acceso entre lectores locales, contribuyendo a la circulación de la memoria regional.
La inspiración detrás de los relatos es fundamentalmente personal. El mismo autor confiesa que muchas de sus narraciones germinan a partir de recuerdos de su infancia y juventud, guardados en la memoria de Supía. Aunque los nombres y lugares puedan transformarse en la literatura, la fidelidad a las sensaciones y a la esencia de los hechos se mantiene —un esfuerzo por reconciliar la frontera entre la realidad y la ficción.—
Entre las dedicatorias, destaca la dirigida a un amigo fallecido, así como el cuento "El milagro de la abuela": un tributo a su abuela, Dolores Taborda de Bonilla, cuyos relatos orales resultaron determinantes en su formación de narrador. La longeva vida de Dolores, quien alcanzó los 106 años, representa también la persistencia y la riqueza de la tradición oral caldense.
No menos relevante es el papel que desempeñó el autor como fundador y presidente de la Academia Caldense de Historia durante más de una década, renunciando solo por motivos de salud. Aunque concentrado ahora en la escritura de ensayos, continúa reuniendo materiales para futuras publicaciones. Entre sus obras, sobresale “El Rey Baltazar”, colección de relatos dedicada a la infancia afrocolombiana del Guamal —comunidad radicada en Supía desde hace casi trescientos años—, reiterando su constante interés por la diversidad cultural del territorio.
El proceso creativo, en palabras del escritor, implica una paciencia inusual: cada manuscrito atraviesa múltiples revisiones, reescrituras y selecciones a lo largo de los años, sin atarse a plazos ni urgencias externas. En la soledad de su biblioteca, que resguarda más de cinco mil libros, continúa la labor de narrar la historia y la identidad colectiva de Caldas. Para él, abordar la violencia no significa solo registrar el sufrimiento, sino impedir que el olvido se imponga sobre la experiencia de quienes la padecieron.
¿De qué manera influye la literatura infantil en la construcción de memoria regional?
La literatura infantil, aunque en este contexto ha sido señalada por el autor como un campo poco explorado, cumple una función central en la transmisión de relatos, valores y vivencias propias de la región a las nuevas generaciones. Sirve no solo como herramienta educativa, sino también como un puente intergeneracional capaz de vincular a los más jóvenes con la historia y la cultura local.
Es justamente a través de cuentos y relatos dirigidos a niñas y niños donde las memorias personales y colectivas encuentran nuevas formas de persistir, despojándose de tonos didácticos y apelando más bien a la curiosidad, la empatía y el reconocimiento de la diversidad. Así, la literatura infantil se convierte en un vehículo poderoso para que la memoria regional se renueve y permanezca.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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