Cómo Eisenstein reinventó la Revolución Rusa en “Octubre”: cine, propaganda y memoria colectiva

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¿Cómo Eisenstein transformó la Revolución Rusa en cine épico y qué papel jugó el montaje en su legado?

Cuando Sérgei Eisenstein decidió rodar las escenas de la toma del Palacio de Invierno para la película “Octubre”, llevó a cabo una reinterpretación audaz de la historia de la Revolución Rusa. Según narra el historiador Orlando Figes en su libro “El baile de Natacha, una historia cultural rusa”, en 1917 los bolcheviques que realmente protagonizaron la toma apenas sumaban poco más de doscientos entre marineros y guardias rojos. Contrario a la escala modesta de aquellos hechos, Eisenstein regresó años después al mismo Palacio acompañado de más de cinco mil extras, muchos de ellos veteranos de la Guerra Civil posterior a la revolución. Estos extras, armados con sus propias armas, dispararon tanto a objetos valiosos del palacio como a los pocos guardias presentes durante la filmación, lo que llevó a Figes a describir a “Octubre” como una obra “de una envergadura muy superior a la realidad histórica”.

Eisenstein no solo amplificó el número de participantes, sino que también modificó la geografía de los hechos para acentuar el dramatismo. Según el relato de Figes, la modesta escalera original por la que entraron los bolcheviques fue cambiada en la película por la majestuosa escalera jordana, reservada para procesiones zaristas. Posteriormente, tras el rodaje, un anciano portero fue testigo de los estragos dejados por la filmación, recordando que los revolucionarios “fueron mucho más cuidadosos la primera vez”. Estos detalles reflejan el poder del cine como herramienta para reinterpretar y fijar la memoria colectiva sobre eventos históricos.

La película “Octubre” también se transformó en un espacio de simbolismos y metáforas visuales, siguiendo las enseñanzas de maestros como Kuleshov y Meyerhold. Eisenstein introdujo, por ejemplo, secuencias de un caballo blanco que caía al río Neva entremezcladas con escenas de represión contra manifestantes en julio de 1917. Como apunta Figes, el caballo blanco tenía una carga simbólica compleja en la tradición intelectual rusa: era tanto un presagio del Apocalipsis vinculado a la revolución, como un emblema bonapartista, utilizado en la propaganda bolchevique para identificar a la contrarrevolución.

Tras la represión de las protestas de julio de 1917, Alexandr Kérensky, jefe del gobierno provisional, ordenó la captura y detención de líderes bolcheviques, atisbo de la disputa definitiva por el poder en Rusia. En la visión de Eisenstein, reflejada en el filme según Figes, este fue el instante crucial al que Lenin aludía como decisivo en 1917. The Guardian, en un artículo de Peter Bradshaw con motivo del centenario de la Revolución, destaca cómo la película fue pionera en la técnica del montaje y muestra, además, la censura ejercida por Stalin, quien eliminó escenas de Trotsky y Lenin, afirmándose como el primer productor autoritario del cine ruso.

Veinte años después del estreno y afectado por problemas de salud, Eisenstein comenzó a escribir sus memorias. En ellas, expresa el deseo de reconstruir y retener los momentos fugaces e intensos de su vida, aunque, como revelan posteriores reflexiones de historiadores, parte de estos relatos pudieron ser moldeados por la censura soviética. Hacia los años cuarenta, Eisenstein debió disculparse públicamente por supuestos errores en su obra, un testimonio del control y vigilancia que pesaba sobre los creadores bajo el régimen de Stalin, que marcó al cineasta durante la producción de la segunda parte de “Iván, el terrible”.

¿Por qué fue tan importante el montaje en la obra de Eisenstein? La importancia del montaje en las películas de Eisenstein, y en especial en “Octubre”, radica en su capacidad para transmitir ideas y emociones complejas a través de la yuxtaposición de imágenes. El montaje, según lo destaca el artículo conmemorativo de The Guardian, permitió a Eisenstein crear asociaciones visuales intensas y construir metáforas políticas sin necesidad de recurrir a palabras. Esta herramienta revolucionó la narrativa cinematográfica y continúa siendo objeto de análisis por su influencia en la manera de contar historias en el cine mundial. En el contexto de la Unión Soviética y bajo la presión de la censura, el montaje se volvió un recurso fundamental para sortear los límites impuestos al discurso fílmico, otorgando a cada imagen una potencia simbólica capaz de trascender la simple representación literal de los hechos.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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