La magia detrás del Cartagena Festival de Música: tradición, crossover y autenticidad en tiempos de IA
El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioEl Cartagena Festival de Música explora el “crossover” entre géneros y reinventa el impacto de lo clásico.
La presencia de un productor y músico en un evento de gran envergadura como el Cartagena Festival de Música va mucho más allá de un simple reconocimiento profesional. Según declaraciones recogidas por El Espectador, para uno de los protagonistas de la edición, este acontecimiento significa conectar profundamente su formación en la música clásica con el estado actual del entretenimiento musical a nivel global. En el contexto de la proliferación de la inteligencia artificial, la vivencia musical en directo se revaloriza; asistir a conciertos y experimentar lo que sólo es posible en vivo adquiere, ahora, una relevancia inédita. Así, se considera que el futuro del entretenimiento reposará precisamente en estas experiencias humanas auténticas que solo un evento como el Cartagena Festival puede ofrecer.
Para entender la importancia de este festival, cabe destacar el esfuerzo de Julia Salvi y la Fundación Salvi, quienes según el músico entrevistado por El Espectador, han elevado los estándares de calidad a niveles poco comunes en Colombia y reconocidos internacionalmente. La atención al detalle y la voluntad de dar a los artistas un trato excepcional han convertido este encuentro en uno de los más prestigiosos de América Latina y del mundo en el ámbito de la música clásica. Esto se refleja en la forma como los artistas valoran su participación y el orgullo que sienten al ser parte del evento.
El tema central de este año, “El alma y el cuerpo”, implica una conexión entre dos maneras de ver y experimentar la música: la perspectiva universal y las escuelas nacionalistas. Tal concepto hace eco en la carrera de los artistas involucrados, quienes han transitado entre la música clásica y la popular. Destacan que la dualidad alma-cuerpo atraviesa incluso las grandes obras de compositores como Mozart, Haydn o Beethoven, y puede descubrirse en la energía dinámica de una sonata o en los procesos creativos detrás de piezas magistrales, bien sean eruditas o populares.
Como productor ejecutivo, la vivencia en medio del ambiente de Cartagena y en escenarios cuidadosamente dispuestos ha dejado una impresión indeleble. La magia y el realismo mágico, conceptos tan propios de la cultura colombiana, se manifiestan en cada presentación y espacio, creando recuerdos inolvidables tanto para artistas como para el público. Esta atmósfera, junto con el talento de los participantes, constituye para Colombia una oportunidad de proyección internacional basada en su singularidad cultural.
Un aspecto sobresaliente de la programación ha sido la inclusión de artistas procedentes de géneros no tradicionales para el festival, como la electrónica y el pop. Según opiniones recogidas por El Espectador, proyectos como los de Grandbrothers y Cody Fry aportan un “crossover” —o mezcla estilística— ejecutado con gran calidad, logrando así captar el interés de audiencias más jóvenes sin perder de vista el rigor y la esencia que caracteriza el evento. La experimentación responsable y la apertura controlada a nuevas corrientes musicales se plantean como retos fundamentales para el futuro del festival.
Ante la necesidad de ampliar el público, las decisiones sobre la programación deben tomarse con sensibilidad y cautela, manteniendo el eje central de la música clásica y, al mismo tiempo, sumando propuestas educativas, grabaciones en vivo y proyectos audiovisuales que permitan que el Cartagena Festival de Música tenga presencia y relevancia más allá de la semana oficial en enero. En palabras del entrevistado, estos espacios podrían ser una vitrina relevante para la música colombiana y un estímulo para los creadores nacionales.
Finalmente, el deseo de traer figuras como la violinista María Dueñas, el chelista Pablo Ferrández, o incluso artistas internacionales de renombre como Rosalía o Sting, junto con representantes tradicionales colombianos, evidencia la ambición de crear encuentros musicales inolvidables y únicos, permitiendo que Cartagena siga siendo un referente tanto para la cultura local como global.
¿Qué significa el término “crossover musical” mencionado en el contexto del festival?
El concepto de “crossover musical” hace referencia, tal como se evidencia en los comentarios reunidos por El Espectador, a la integración de diferentes géneros o estilos en una misma propuesta artística, como ocurre cuando se incluyen artistas de pop o electrónica en un festival tradicionalmente dedicado a la música clásica. Este enfoque busca diversificar la programación y acercar el evento a públicos más amplios y variados, generando así nuevas experiencias sin desvirtuar la esencia original del festival.
La relevancia de esta pregunta radica en cómo el “crossover” abre puertas a nuevas audiencias y perspectivas musicales. La combinación de géneros, aun desde una curaduría cuidadosa, permite a los espectadores experimentar la música desde otros prismas y, a los creadores, explorar territorios artísticos distintos. Esa interacción entre lo tradicional y lo contemporáneo constituye uno de los grandes desafíos y atractivos actuales del Cartagena Festival de Música.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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