Aterciopelados y los 30 años de "La pipa de la paz": el álbum que rompió fronteras y dio voz a las mujeres
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Visitar sitioAterciopelados celebra 30 años de "La pipa de la paz", el álbum que desafió las reglas del rock latino.
Por Sergio Villamizar
En 1995, el lanzamiento de El Dorado ubicó a Aterciopelados en la cima del rock alternativo en español, pero también les impuso un desafío: probar que su éxito no era accidental. Andrea Echeverri y Héctor Buitrago enfrentaban la expectativa de un público y una industria que aguardaban con atención su siguiente creación. Fue así como en 1996, todo el panorama musical, tanto colombiano como internacional, se centró en la salida de su tercer álbum, La pipa de la paz.
Este disco, que llega a sus 30 años, marcó el inicio de una etapa fundamental para el dúo, quienes lograron demostrar su permanencia y su capacidad para dejar huella no solo con temas como Baracunatana, No necesito y Cosita seria (con la participación de Mandíbula, el icónico humorista de Sábados Felices en su video), sino también por su fuerte presencia en la radio nacional. Según relató el grupo a El Colombiano, el éxito de El Dorado les brindó una gran libertad creativa por parte de su sello discográfico, que les permitió elegir sin restricciones con quién y dónde grabar su próximo álbum.
La decisión de trabajar con Phil Manzanera, un reconocido productor con experiencia previa junto a Héroes de Silencio y Draco Rosa, se dio después de realizar una serie de conciertos en España y debido, en parte, a la ascendencia colombiana de Manzanera. Así, el grupo viajó a Londres para grabar el disco, una experiencia que describen como “una fantasía”, ya que el proceso conjugó la creación artística con una inmersión en la vibrante vida cultural londinense.
Durante la semana se dedicaban a la grabación, mientras los fines de semana exploraban la ciudad, presenciando conciertos y espectáculos, aprovechando al máximo el entorno considerado “la Meca del rock”. Esta estadía también facilitó colaboraciones únicas con artistas como Chucho Merchan (bajista colombiano de renombre internacional), quien estuvo presente en la grabación gracias a su amistad con Manzanera.
El contexto londinense y la apertura musical llevaron a Aterciopelados a integrar sonidos colombianos en temas como Baracunatana y En la culpa, gracias a la coincidencia de cruzarse con músicos de vallenato y miembros del grupo Cimarrón. Pero más allá de la producción musical, el simbolismo de La pipa de la paz cobra relevancia: para Andrea Echeverri, el título alude a la necesidad de diálogo en un país marcado por la violencia, evocando “ese espíritu ancestral de dialogar y de encontrar puntos que admitan que vivamos en paz”. Héctor Buitrago, por su parte, resalta además el legado indígena y el mensaje feminista que atraviesa el álbum.
Canciones como Cosita seria y Nada que ver son consideradas esenciales para el público femenino y ejemplifican el interés de la banda por expresar temáticas de género en un ámbito predominantemente masculino. Incluso, Cosita seria surge de una noticia sobre violencia de género, reflejando la mirada crítica de Echeverri ante la dinámica del rock latino de los noventa.
Tras consolidarse como teloneros de agrupaciones legendarias como Héroes del Silencio, Soda Stéreo y Caifanes, Aterciopelados celebra tres décadas de La pipa de la paz con un esperado concierto en el Movistar Arena de Bogotá. Este reencuentro, además de rememorar su repertorio clásico, tiene un significado especial para Andrea, quien recientemente compartió su proceso de diagnóstico y tratamiento contra el cáncer de mama, experiencia que dio lugar a la canción La teta pirata.
Así, La pipa de la paz no solo representa una etapa dorada para Aterciopelados sino también una declaración de principios sobre el poder del arte para resistir, transformar y sanar. ¿De qué manera el contexto social y personal de los artistas influye en la trascendencia y el significado de una obra musical?
¿Por qué se considera a La pipa de la paz un símbolo feminista dentro del rock latino?
Varios temas del álbum, según palabras de sus creadores en entrevistas con El Colombiano, abordan abiertamente problemáticas de género y contestan la visión masculina dominante del rock latino de finales del siglo XX. Cosita seria, por ejemplo, es mencionada por Andrea Echeverri como uno de los himnos femeninos más apreciados por el público, inspirado en una noticia sobre violencia de género y escrito para visibilizar historias y perspectivas normalmente excluidas de la narrativa rockera.
Esta postura resulta relevante porque, en ese momento histórico, el rock alternativo en español era ampliamente dominado por hombres. El aporte de una voz como la de Echeverri permitió abrir espacios a miradas distintas, cuestionando el ambiente musical y demostrando que el discurso artístico puede ser tanto denuncia como celebración de la diversidad y el empoderamiento femenino.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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