De la infancia en Colombia a los muros de Nueva York: una artista transforma el arte público y la identidad
El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioDe la infancia creativa en Colombia a dejar huella en Nueva York: el arte que transforma ciudades y narrativas.
La relación de la artista con el arte se tejió desde su infancia gracias a un entorno familiar que promovía la creatividad y la expresión. Según lo relatado en la entrevista, su abuela solía pintar y compartía este pasatiempo con ella, mientras que un primo, Alberto Baraya, también se destaca por su talento artístico. Su padre, Jaime Arocha, antropólogo de profesión, incorporaba la fotografía en su trabajo de campo, evidenciando así una conexión con lo visual. A partir de este ambiente, la entrevistada se sintió atraída por el arte, un interés que se reforzó por su neurodivergencia, ya que, admite, nunca se sintió cómoda con las matemáticas pero sí encontró en el arte un terreno fértil para su desarrollo personal.
Su aproximación inicial al arte se dio dentro de un marco familiar y académico, tomando clases con Nina S. de Friedemann, colega de su padre. Sin embargo, la decisión de convertir el arte en su carrera profesional no fue inmediata. Optó en un comienzo por el diseño gráfico en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, motivada por la búsqueda de estabilidad económica al reconocer los desafíos que implica sostenerse únicamente como artista. Aun así, su trayecto profesional la condujo a Nueva York, donde acumuló experiencia durante 14 años en áreas diversas como la ilustración y animación.
Pese a su éxito en el diseño gráfico, la artista sintió la necesidad de abordar temáticas de mayor profundidad, un espacio que el mundo comercial no le ofrecía. Fue entonces cuando comenzó a reflexionar, a partir de sus interacciones en el exterior, acerca de la imagen limitada y problemática que suele asociarse a Colombia, reducida muchas veces a narrativas de violencia y narcotráfico. Esto la llevó a idear una propuesta artística capaz de ofrecer una visión diferente de su país de origen.
En su recorrido profesional, ha logrado posicionar tres obras permanentes en la ciudad de Nueva York, gracias a su participación en el programa Percent for Art. Este programa obliga a destinar el 1 % del capital de renovaciones de infraestructura al arte, facilitando así la inclusión de obras en espacios públicos de la ciudad. Su pieza “Selva adentro”, seleccionada en 2019 y finalmente instalada en 2022 tras una pausa por la pandemia, forma parte de esta iniciativa al igual que otras dos obras: una ubicada en el Snug Harbor Cultural Center & Botanical Garden y otra en la Biblioteca Pública de Brooklyn.
Para la artista, integrar sus obras en espacios públicos representa una emoción especial. Explica que, al transformar la experiencia cotidiana del entorno, el arte contribuye a crear nuevas perspectivas para los transeúntes, quienes pueden interactuar con las piezas desde su propio contexto y sensibilidad. Reconoce que el arte en sí no ofrece respuestas definitivas, sino que promueve múltiples lecturas y diálogos.
Su exposición más reciente, “Entre la coca y el oro”, exhibida en el Newhouse Center for Contemporary Art en Staten Island, es producto de una década de investigaciones y trabajo alrededor de la planta de coca. El proyecto busca desafiar la visión hegemónica de la coca como símbolo exclusivo de la cocaína y el narcotráfico, proponiendo en su lugar una reflexión sobre los saberes indígenas y las otras narrativas que giran en torno a la planta. Además, en el libro “Descocainizar la coca”, editado por la Editorial Universidad del Cauca y Corónica Editores, se consignan relatos que contrarrestan las perspectivas limitadas que predominan en los países del norte global.
En palabras de la artista, la instalación principal, “Sueño con jardines de coca”, supone una acción simbólica contra historias tradicionales y revela la invisibilidad del conocimiento indígena ante la apropiación colonialista. Señala que el arte tiene la capacidad de poner temas complejos sobre la mesa y fomentar preguntas críticas, sin procurar dar respuestas únicas. De este modo, el arte desempeña un papel social al invitar a la reflexión y al cuestionamiento colectivo.
¿Cómo impacta la presencia del arte público en la vida cotidiana de las ciudades?
Esta pregunta surge del reciente reconocimiento de la artista en Nueva York, donde sus obras forman parte ahora de espacios públicos de alto tránsito. La integración de instalaciones artísticas en lugares comunes como estaciones de metro o bibliotecas puede cambiar la percepción del entorno y su significado para quienes lo habitan o visitan. Por ello, indagar acerca del impacto del arte público abre el debate sobre la función social del arte y cómo la experiencia colectiva con obras visuales puede transformar la relación de las personas con su ciudad.
El hecho de establecer conexiones entre prácticas artísticas, memoria y contexto urbano adquiere relevancia en las grandes ciudades. La interacción diaria con el arte en estos espacios no solo contribuye a una estética distinta, sino que también facilita la apropiación simbólica y cultural de lugares que, de otra manera, podrían pasar desapercibidos o carecer de significado especial para sus usuarios habituales.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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