Colombia explora importar gas de Venezuela: ¿bajarán las tarifas tras la reactivación del gasoducto clave?
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Visitar sitioColombia evalúa importar gas de Venezuela tras la reactivación comercial de EE.UU.: ¿cómo podría impactar en las tarifas del servicio y en el futuro energético del país?
El Gobierno de Estados Unidos ha anunciado recientemente la reactivación de sus relaciones comerciales con Venezuela, una decisión que abre nuevas oportunidades para los países de la región en materia energética. De acuerdo con Edwin Palma Egea, ministro de Minas y Energía de Colombia, esta coyuntura representa una alternativa interesante para garantizar el abastecimiento interno de gas natural en Colombia. Palma Egea señaló que importar este recurso desde Venezuela podría ser una solución transitoria ante la creciente demanda y los retos en la oferta nacional.
El ministro utilizó la red social X para comunicar que ha requerido a la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme) la revisión exhaustiva de todos los proyectos relacionados con la regasificación en el país. Esta revisión debe contemplar el nuevo panorama político y comercial, además de evaluar la factibilidad técnica, jurídica y económica que implicaría la importación de gas venezolano. Según palabras del propio funcionario, esta estrategia se orienta a beneficiar tanto a los hogares como a la industria colombiana, aprovechando la proximidad geográfica, la infraestructura preexistente y la posibilidad de reducir presiones sobre los precios energéticos locales.
La iniciativa colombiana coincide con los anuncios de Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), la petrolera estatal venezolana, referente a gestiones para la exportación de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo hacia Estados Unidos. De concretarse, estos movimientos podrían contribuir también a destrabar acuerdos energéticos pendientes entre Colombia y Venezuela, incluidos los planes de reactivación del gasoducto binacional Antonio Ricaurte.
El gasoducto Antonio Ricaurte, que se extiende a lo largo de 225 kilómetros y conecta el Lago de Maracaibo en Venezuela con la región de La Guajira en Colombia, figura como pieza clave de este nuevo escenario. Cabe destacar que cerca de 85 kilómetros del ducto están bajo gestión de la empresa colombiana Ecopetrol. Esta infraestructura operó entre 2008 y 2012, periodo durante el cual Colombia proveía gas a Venezuela en virtud de un convenio aún vigente hasta 2027.
Mientras avanzan las gestiones diplomáticas y técnicas, el contexto colombiano se ve influenciado también por el desarrollo de proyectos como Sirius-2. Este yacimiento, localizado costa afuera en el mar Caribe y operado por Ecopetrol junto a Petrobras, promete más de seis terapiés cúbicos en reservas —volumen suficiente para el consumo nacional por al menos tres décadas— aunque se estima que la producción comercial no arrancará antes de 2030.
Frente a este panorama, la importación de gas proveniente de Venezuela se perfila como una alternativa pragmática a corto plazo para Colombia, en tanto se habilita la producción nacional en Sirius-2. La viabilidad de esta medida dependerá de la recuperación de la infraestructura binacional y del respaldo en inversiones, evitando así recurrir a mercados distantes y costosos.
¿Cuál es el impacto potencial de la reactivación del gasoducto Antonio Ricaurte en las tarifas de gas en Colombia?
Muchos usuarios colombianos se preguntan cómo esta posible importación de gas desde Venezuela, facilitada por la reactivación del gasoducto Antonio Ricaurte, podría influir en las tarifas actuales del servicio. Este interrogante cobra especial relevancia tomando en cuenta los esfuerzos del Gobierno por moderar la presión sobre los precios y garantizar el acceso a una energía más asequible para hogares e industrias.
La estructura tarifaria del gas depende de factores como la oferta, la demanda y la proximidad de los puntos de suministro. El restablecimiento del flujo binacional podría contribuir a diversificar las fuentes de abastecimiento y, en consecuencia, a estabilizar o incluso disminuir los costos para el consumidor final, siempre que se mantenga la viabilidad técnica y se logren acuerdos favorables entre ambos países.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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