Clásico del oriente: pasión, identidad y tragedia tras el empate entre Cúcuta y Bucaramanga

Fútbol
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El clásico del oriente volvió a encender rivalidades y dejó una lamentable tragedia fuera del estadio.

En el contexto del fútbol colombiano, los clásicos regionales representan mucho más que simples encuentros deportivos. Estos partidos son el reflejo de una rivalidad identitaria y cultural entre regiones, marcando intensas emociones y una pasión que va más allá de los noventa minutos en la cancha. La atmósfera durante estos duelos permite a los aficionados reafirmar su sentido de pertenencia y, en muchas ocasiones, hacer sentir al oponente la condición de visitante en territorio ajeno, una dinámica que contribuye a la alta tensión en cada partido.

Uno de los enfrentamientos más destacados en Colombia es el denominado “clásico del oriente”, protagonizado por Cúcuta Deportivo y Atlético Bucaramanga. De acuerdo con el diario El Colombiano, ambas escuadras, que representan a las capitales de Norte de Santander y Santander respectivamente, cuentan con hinchadas marcadamente fieles. Los clubes se convierten así en símbolos que refuerzan la identidad local y regional, especialmente en áreas que históricamente han consolidado una personalidad propia y reconocida en el país.

En ciudades como Bucaramanga, es habitual encontrar grafitis y murales vinculados al equipo local, siendo el “Leopardo” un emblema unificador que recientemente brindó su primer título a la ciudad. En Cúcuta, los alrededores del estadio General Santander están adornados con imágenes que representan la “gloria” del club, el cual recuperó su lugar en la primera división en 2026 tras cinco años de ausencia, manteniendo en sus vitrinas títulos de la máxima categoría. Así, la espera por el clásico del oriente en la tercera fecha del Torneo Apertura 2026 estuvo cargada de expectativa, no sólo por lo deportivo sino también por los sentimientos que envuelven al encuentro.

El partido, celebrado en el estadio General Santander, mantuvo el nivel esperado en el campo: el marcador terminó igualado a dos goles, con doblete de Jaime Peralta para Cúcuta y anotaciones de Luciano Pons y Kevin Londoño para Bucaramanga. Sin embargo, la atmósfera fuera del terreno de juego fue hostil, especialmente porque las autoridades determinaron no permitir el ingreso de aficionados visitantes, como medida preventiva ante el reconocido fervor, aunque muchas veces conflictivo, de la hinchada “motilona” de Cúcuta.

A pesar de las precauciones, los incidentes se presentaron tanto dentro como fuera del estadio. Según lo reportado por El Colombiano, jugadores y cuerpo técnico del Bucaramanga fueron objeto de agresiones e insultos, incluyendo escupitajos y lanzamiento de bolsas con orina desde las tribunas. Lamentablemente, la situación se agravó fuera del recinto deportivo, donde un aficionado de Bucaramanga, identificado como Camilo Rojas, de 24 años, perdió la vida tras ser atacado por seguidores del Cúcuta Deportivo en una estación de gasolina cercana, un episodio que evidencia el límite superado por la pasión desenfrenada.

En declaraciones recogidas por El Colombiano, el entrenador Leonel Álvarez expresó su preocupación por los hechos: para él, la afición cucuteña tiene rasgos admirables, pero estos sucesos demuestran la necesidad de moderación y reflexión. Álvarez denunció la violencia y el ambiente hostil, sosteniendo que no es necesario llegar a tales extremos ni depender de un gran despliegue policial para garantizar la seguridad, al tiempo que reconoció que la conducta violenta de algunos no define a toda la afición.

¿Qué medidas existen en el fútbol colombiano para prevenir la violencia entre hinchadas?

La violencia en los estadios y sus alrededores sigue preocupando a autoridades, clubes y seguidores del fútbol colombiano. Los disturbios ocurridos durante el clásico del oriente ponen nuevamente en discusión la eficacia de las políticas actuales para la seguridad en estos eventos deportivos. Los clubes, acompañados de entidades gubernamentales y organismos de seguridad, suelen implementar restricciones en el ingreso de hinchadas visitantes y reforzamiento policial como formas de prevención, aunque estos esfuerzos no siempre logran evitar incidentes graves, como se evidenció en este caso.

El tema resulta relevante porque la rivalidad regional, aunque es parte integral del folclore y la cultura futbolística, no debe traducirse en actos agresivos o criminales. La reflexión sobre la responsabilidad de los clubes, autoridades y aficionados es esencial para buscar cambios de fondo que permitan disfrutar de la pasión del fútbol sin poner en riesgo vidas humanas o la integridad de las personas.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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