El estigma social: la mayor barrera para la salud mental en Colombia
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El miedo a ser juzgados estaría frenando la consulta con especialistas en salud mental, según la OMS
Para muchas personas, el mayor peso no es el diagnóstico, sino la mirada de los demás. El estigma de la salud mental engloba actitudes negativas, prejuicios y creencias erróneas que generan discriminación hacia quienes enfrentan trastornos mentales o problemas relacionados con el consumo de sustancias.
Se trata de una barrera invisible que impide la plena aceptación social y convierte a la persona en alguien señalado, con connotaciones negativas y descrédito.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 8 personas en el mundo vive con un trastorno mental. A pesar de su alta prevalencia, muchas no reciben tratamiento oportuno, en gran parte por miedo al juicio social
Tipos de estigma y consecuencias en la vida diaria
El estigma puede manifestarse en diferentes niveles:
Estigma social: cuando la sociedad considera a las personas con trastornos mentales como incapaces o peligrosas.
Autoestigma: cuando la persona internaliza esos prejuicios y siente vergüenza o culpa.
Estigma estructural: cuando existen barreras institucionales o falta de acceso adecuado a servicios de salud mental.
Las consecuencias pueden ser profundas:
- Aislamiento social y exclusión.
- Resistencia a buscar ayuda profesional.
- Dificultades para mantener empleo o relaciones personales.
- Empeoramiento de síntomas por falta de apoyo.
Además, el impacto no solo afecta a quien vive el trastorno, sino también a su familia y comunidad.
Cómo combatir el estigma de la salud mental según la EPS Famisanar
Superar el estigma es una tarea colectiva que empieza por la información y la empatía.
Educación: informarse sobre los trastornos mentales ayuda a romper mitos y reducir la desinformación.
Lenguaje inclusivo: evitar términos peyorativos y hablar de salud mental con la misma naturalidad que la salud física.
Empatía y apoyo: escuchar sin juzgar y acompañar a quienes buscan ayuda profesional.
Impulsar campañas: compartir mensajes positivos en redes sociales, como #SaludMentalSinEstigma, contribuye a normalizar la conversación.
Autocuidado: reconocer los propios límites y practicar actividades que fortalezcan el bienestar emocional, como ejercicio, meditación o terapias creativas.
Reducir el estigma no solo mejora la calidad de vida de millones de personas, sino que fortalece comunidades más informadas, solidarias y saludables.
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