Más allá del concierto: lo que DAVIarena revela sobre el futuro metropolitano de Medellín

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Escrito por:  Redacción Contenido Patrocinado
Actualizado: 2026-10-24 16:28:50

Una lectura estratégica sobre infraestructura de entretenimiento, regeneración urbana y valor compartido

* Maria Alejandra Gonzalez-Perez, Jefe de la Maestría en Sostenibilidad, Universidad EAFIT.

¿Y si un recinto de conciertos pudiera hacer algo más que albergar conciertos? ¿Y si pudiera crear un mercado nuevo, transformar un vecindario y reposicionar una región en las redes internacionales del entretenimiento?

Estas preguntas me acompañaron durante una visita a DAVIarena, en Sabaneta, al sur del área metropolitana de Medellín. La visita fue organizada por ProAntioquia para los miembros de Liderario. Recorrimos la obra con casco, rodeados de trabajadores, y era fácil imaginar miles de espectadores en las gradas. Sin embargo, lo que más me interesó no fueron los artistas que pasarán por su escenario. Me interesó la posibilidad de que la infraestructura de entretenimiento se convierta en un instrumento de transformación territorial, y la pregunta de cómo se repartirán sus beneficios y sus costos. En el fondo, es la misma pregunta que trabajamos en la Maestría en Sostenibilidad de EAFIT: cómo convertir la inversión en un desarrollo que perdure y se comparta.

1. La infraestructura no solo sirve a los mercados: también los crea

Jorge Ríos, representante del proyecto, nos compartió el caso del Movistar Arena de Bogotá. Antes de que abriera en 2018, la ciudad recibía menos de diez conciertos al año en formato de arena. En su primer año de funcionamiento fueron cerca de 70 y recientemente ha superado los 130 en un solo año.

La lección va más allá del entretenimiento: la falta de infraestructura adecuada puede frenar una demanda ya existente. Las giras internacionales se organizan por formatos, principalmente estadios y arenas, y cada uno de ellos tiene requisitos propios en materia de aforo, producción, acústica y logística. Si no hay un recinto adecuado, la ciudad simplemente queda fuera de la gira.

No le faltan audiencias, le falta la infraestructura para conectarlas con los mercados globales. Con una capacidad máxima prevista de unos 17.900 espectadores, DAVIarena busca cerrar esa brecha. En términos estratégicos, es una infraestructura que habilita mercados, porque mueve hotelería, restaurantes, transporte, servicios técnicos y turismo. Hay, eso sí, una distinción clave.

No todo el peso gastado en un recinto nuevo es actividad adicional, porque parte del gasto puede provenir de otras opciones de entretenimiento. La contribución real depende de cuánta actividad nueva se atraiga, de cuánto valor se quede en el territorio y de quién participe en su creación.

2. De recinto de conciertos a ecosistema de experiencias

Según Ana María Giraldo Ortiz, Directora de Comunicaciones del proyecto, la arena también acogerá eventos corporativos, ferias, entretenimiento familiar y competencias deportivas. Tendrá 20 puntos de alimentos y bebidas, 16 barras, cuatro restaurantes externos abiertos todo el año, dos restaurantes premium, un club nocturno, suites corporativas y palcos. Su material promocional lo resume así: “Aquí el espectáculo comienza en el momento en que llegas”.

Es la economía de la experiencia en estado puro. El concierto se vuelve el centro de una experiencia más amplia que incluye gastronomía, hospitalidad, tecnología y marca. El proyecto se apoya en un ecosistema empresarial integrado que abarca boletería, promoción, operación, producción y hospitalidad. Eso reduce los costos de coordinación, pero también plantea preguntas sobre la concentración del mercado.

¿Tendrán cabida los restaurantes independientes, los productores locales y los artistas emergentes? Un ecosistema exitoso no es necesariamente un ecosistema inclusivo.

3. La promesa económica: cifras relevantes, aún por verificar

Los representantes hablaron de una inversión cercana a $320.000 millones, de unos 75 eventos y de 650.000 asistentes en el primer año, y de un impacto económico anual estimado entre $350.000 y $400.000 millones.

Durante la visita trabajaban en la obra unas 2.500 personas, y se esperan entre 1.000 y 1.200 empleos temporales por evento. Son cifras significativas, pero son proyecciones. Además, el número de empleos dice poco sobre su calidad.

La sostenibilidad pregunta por salarios, contratos, formación y contratación local. ¿Podría la arena convertirse en una plataforma de formación para jóvenes en las industrias creativas? ¿Podría haber políticas de compras que fortalezcan a los proveedores de Sabaneta y de los municipios vecinos? En esas decisiones radica la diferencia entre generar actividad económica y crear valor compartido.

4. Un beneficio poco visible: financiar la cultura

En Colombia, la boletería de los espectáculos públicos de las artes escénicas que cumple con los requisitos legales genera una contribución parafiscal cultural.

Según los representantes, DAVIarena podría aportar por esta vía cerca de $ 15.000 millones al año a Sabaneta. Estos recursos tienen una destinación específica: infraestructura, equipos y mejoras técnicas para las artes escénicas. Así, un concierto internacional podría ayudar a fortalecer indirectamente los escenarios de las organizaciones culturales locales.

Pero contar con la fuente de financiación no garantiza que el desarrollo cultural sea equitativo. ¿Cómo se fijarán las prioridades? ¿Llegarán los recursos a los espacios comunitarios? ¿Será transparente la asignación? El valor público depende tanto de la generación de recursos como de las instituciones que los distribuyen.

5. La arena es solo el comienzo: Ciudad Cristal

DAVIarena forma parte del plan parcial de renovación urbana “Ciudad Cristal”. El plan busca convertir una zona de bodegas en un distrito de usos mixtos, con vivienda, oficinas, hoteles, comercio, vías y espacio público, con un horizonte temporal que podría extenderse hasta 2038.

La arena funciona como una inversión ancla: cambia la forma en que se valora y se desarrolla el suelo a su alrededor. La regeneración urbana, sin embargo, también conlleva riesgos. La valorización beneficia a los propietarios, pero encarece la vida de los pequeños negocios y de los residentes, y puede desplazar las actividades que ya existen.

Por eso la pregunta no es si Ciudad Cristal será más atractiva, sino si su transformación será inclusiva. El proyecto debe desarrollar unos 10.000 m² de espacio público. Ese espacio no debería ser un vestíbulo vistoso del recinto, sino parte de la vida urbana cotidiana, también en los días en que no hay eventos.

6. Movilidad: la prueba más inmediata

La arena está a unos ocho minutos a pie de la estación Itagüí del Metro, una enorme ventaja frente a los recintos que dependen del carro particular. El equipo trabaja con las instituciones en la conexión peatonal, la gestión del tráfico y en una posible ampliación de los horarios del Metro.

El parqueadero estará reservado, sobre todo, para la hospitalidad premium y la producción, lo que incentivará el uso del transporte público. Aun así, que miles de personas entren y salgan en poco tiempo presiona las vías, los andenes y los barrios. Durante la visita hablamos de la posible congestión en la Avenida Las Vegas y del riesgo de parqueo informal.

El desempeño ambiental de un recinto también incluye cómo llega y cómo se va su público. Medir cuántas personas usan cada medio de transporte permitiría ajustar las estrategias con el tiempo.

7. Externalidades: ruido, energía y vida de barrio

Los grandes recintos también generan costos que recaen sobre quienes no asisten a los eventos. El equipo describió un diseño acústico con paneles absorbentes y aislamiento acústico para contener el sonido, junto con tecnología de L-Acoustics para la experiencia en interiores.

Son intenciones alentadoras, pero habrá que evaluar el desempeño real del recinto en operación. Y el ruido no termina con el concierto: las salidas masivas y la vida nocturna también afectan a los vecinos.

En materia de energía, se mencionaron el diseño bioclimático, la ventilación natural y la generación de respaldo. Una evaluación completa requeriría datos de consumo, fuentes de electricidad, emisiones, agua y residuos.

Ahí, los aspectos ambientales de sostenibilidad deben pasar de ser una intención de diseño a una práctica de gestión medible.

8. Accesibilidad y derecho a la vida cultural

El diseño incluye varios accesos, ascensores y 54 ubicaciones para personas con movilidad reducida, con espacio para acompañantes. Es un avance importante, porque participar en la vida cultural es parte de la inclusión social y no un simple trámite normativo. Pero la accesibilidad física es solo una parte. La asequibilidad, el transporte y la diversidad de la programación también determinan quién entra.

Un lugar puede ser accesible en su arquitectura e inaccesible en lo económico para buena parte de la población.

9. Un marco para medir valor compartido

Nada de lo anterior ocurre automáticamente. Propongo evaluar juiciosa y periodidcamente la contribución de DAVIarena en cinco dimensiones:

Un marco así permitiría al proyecto demostrar su aporte más allá de la taquilla. Es también el tipo de colaboración entre empresa, academia, sector público y sociedad civil que impulsamos desde la Maestría en Sostenibilidad de EAFIT. Allí formamos líderes capaces de traducir la ambición de proyectos como este en indicadores, decisiones y resultados verificables.

10. De infraestructura de entretenimiento a competitividad metropolitana

Las ciudades compiten por la inversión, el talento, el turismo y la visibilidad cultural. Esa competencia depende cada vez más de la calidad de vida, de la oferta cultural y del espacio público. Que la arena esté en Sabaneta hace del caso el más relevante, porque sus efectos alcanzarán a todo el Valle de Aburrá.

La movilidad, la seguridad, la gestión ambiental y la cultura no se resuelven con decisiones municipales aisladas. Su éxito dependerá, en parte, de la calidad de la coordinación metropolitana. La verdadera prueba empieza con la inauguración El éxito de DAVIarena no se medirá por los conciertos agotados.

Se medirá, en sí, el valor generado que se extiende más allá de sus muros: si los trabajadores ganan oportunidades, si las empresas locales crecen con ella, si la cultura recibe nuevos recursos y si los barrios vecinos ganan espacio público.

Una gran arena puede transformar el panorama del entretenimiento de una ciudad. Una arena verdaderamente sostenible puede transformar las oportunidades de quienes viven en ella.

Esa es la historia que vale la pena seguir, mucho después del concierto inaugural. Gracias a ProAntioquia, a Liderario y al equipo de DAVIarena por abrirnos las puertas con tanta generosidad y transparencia. Y una cuñita: si te interesa liderar transformaciones que integren competitividad, territorio y sostenibilidad, te invito a conocer la Maestría en Sostenibilidad de la Universidad EAFIT.

Nota: este artículo se basa en una visita previa a la inauguración y en materiales oficiales del proyecto. Las cifras de inversión, empleo, asistencia, impacto económico y recursos culturales son proyecciones comunicadas durante la visita, no resultados verificados de forma independiente. Las reflexiones son de la autora.

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