Opinión

MH Escalante

Construir la paz sin el lenguaje de la guerra

¿Qué vocabulario deberá emplear la prensa colombiana para acompañar un proceso de paz, de hecho delicado y hasta cierto punto incierto?

El periodista francés Maurice Lemoine y el excomandante del frente 29 de las Farc, Yesid Arteta, analizaron en París el rol de los medios de comunicación en el proceso de paz en Colombia.

En su libro ‘Periodistas, guerra y terrorismo’, la profesora de periodismo Diana Sofía Giraldo recuerda que el término “terrorista” para hacer alusión a la guerrilla colombiana, se impuso en el lenguaje de la prensa nacional a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

Por ese entonces, las Farc habían sido integradas a la lista de las organizaciones terroristas activas a nivel mundial por el gobierno de los Estados Unidos. Después, la palabra ha hecho su propio camino. En el caso de Colombia, el uso indiscriminado de vocablos como “terrorismo’ y “terrorista” han servido para catalogar en especial las acciones de las Farc en todo lo que tiene que ver con atentados y secuestros.

Luego se hablará de “narcoterrorismo”, para vincular también a las Farc con el narcotráfico por hallarse éstas en conexión con el tráfico de coca y de cocaína en zonas rurales bajo su control. La guerrilla heredó así una nueva apelación, que por tanto fue muy utilizada en los años ochenta y noventa para hablar de los atentados cometidos por los carteles de la droga liderados por Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela.

Hoy que por fin se ha logrado firmar unos acuerdos de paz que prometen silenciar las armas de la guerrilla ¿qué vocabulario deberá emplear la prensa colombiana para acompañar un proceso de paz, de hecho delicado y hasta cierto punto incierto?

A ese interrogante intentaron responder el periodista francés Maurice Lemoine de Le Monde Diplomatique y Yesid Arteta, excomandante del frente 29 de las Farc, convertido hoy en columnista, escritor y profesor universitario en su ciudad de exilio, Barcelona, en un conversatorio que animaron hace unos días en un bistró de París.

La conclusión es que la respuesta no está en los deberán hacer lo medios sino en lo que deberán hacer las Farc. Esto, porque desde Francia los colombianos residentes y varios estudiantes franceses se preguntan sobre este rol que han jugado, que juegan y que jugarán los medios de comunicación en la construcción de la paz en Colombia.

El periodista francés Maurice Lemoine, que ha trabajado sobre el conflicto colombiano, un ejemplo es su libro “En las aguas negras del río” (1) sobre el caso de las masacres en Colombia, recordó que el triunfo del No a la firma de los acuerdos de paz en el referéndum del 2 de octubre fue provocado en gran parte por la intervención de los medios, que trasmitieron y apoyaron el discurso de los opositores a la acción de paz del presidente Juan Manuel Santos.

Se recuerdan los virulentos editoriales y el tiempo de palabra superior que otorgó RCN a esos opositores, frente a otros medios que se habrían alineado en favor del Sí, pero sin mayor implicación.

Yesid Arteta, por haber vivido en carne propia la vida de la guerrilla desde la comandancia del frente 29 desplegado en el sur del país, observaba que de todas las batallas militares que ha librado las Farc, la batalla “mediática” es la que siempre ha perdido.

En 60 años de muchas batallas contra los bandoleros, el Ejército colombiano, las guerrillas maoístas, los paramilitares, los carteles de la droga, las guerrillas de carácter nacionalista, los grupos delincuenciales y hasta con la Guardia venezolana, peruana o ecuatoriana, las Farc siempre perdieron la batalla de la palabra con los medios de comunicación”.

La historia de las Farc, vehiculada por solo los medios de comunicación y las fuentes militares que los alimentan, ha sido por ello según Yesid Arteta, tergiversada y distorsionada. La historia como corresponde ha sido hasta hoy contada, y eso es cierto, desde la visión de los enemigos de las Farc, es decir el estamento político y económico de Colombia, las fuerzas militares colombianas, y los medios de comunicación colombianos y extranjeros, que “han magnificado” según Arteta los errores cometidos por la guerrilla, sin que por ello sean menos graves y que las Farc hayan hecho acto de contrición ante las víctimas y los familiares de éstas.

Creer que un subejército (llegó a tener 60 frentes según Yves Billon en “50 años de resistencia, documental 1999 (2), con casi 20 mil personas en armas y con operaciones continuas durante los 365 días del año y con un promedio de 70 combates diarios en todo el territorio nacional, no vaya a cometer errores en operaciones militares, es realmente tener una visión demasiado estúpida o romántica de lo que es el ABC de la guerra”,

dice Arteta.

Maurice Lemoine y Yesid Arteta están de acuerdo sin embargo en que el proceso de paz ha creado “un antes y un después”, un nuevo tiempo ante el cual los medios de comunicación deberán ajustarse o rendirse si desean contribuir a crear un debate apaciguado y objetivo de la historia de la guerrilla colombiana.

Yesid Arteta recuerda que antes de 2012 las Farc eran para Colombia una organización sin ideas que practicaba la violencia con el sólo objetivo de violencia. Gracias a las conversaciones en La Habana, esa idea habría ido cambiando en la sociedad colombiana.

Cuando se inician las negociaciones en el 2012, los medios de comunicación pasaron de la noche a la mañana, de presentar una imagen diabólica y satánica de las Farc, a limpiarle la cara ante la opinión pública, pues no era posible ya y no tenía presentación ante el mundo, entablar una negociación con una guerrilla que no tenía principios, ni ideología, que no tenía organización, que no tenía cuerpo de mandos, que no tenía control sobre sus hombres. Todo eso quedo prácticamente desvirtuado el día en que se instalaron las negociaciones en Oslo”.

En el exterior, – el caso de la prensa francesa -, la percepción del conflicto colombiano es igualmente desastrosa recordó Maurice Lemoine y lo ratificó Yesid Arteta.

En Francia por ejemplo, se ha mostrado a las Farc como una organización de gánsteres dedicada al narcoterrorismo, incluso en tertulias en donde participa “gente inteligente”, y en claustros universitarios en donde se encuentran académicos… Todavía se tiene una visión simplista y empobrecida del conflicto colombiano”.

Hoy en Colombia se percibe una marcada tendencia al ejercicio del periodismo de opinión en detrimento del periodismo de investigación. Lo comentaban también algunos participantes a este conversatorio. Cuando el trabajo de investigación se convierta en una disciplina de los periodistas, quizá se logre sacar a relucir “la parte noble” como la define Arteta, de lo que ha sido la insurgencia guerrillera en Colombia.

Sin embargo, el relato de la historia que narra los hechos como ocurrieron no vendrá ni hay tampoco hay que esperarlo de los medios de comunicación ni de los periodistas. Serán las Farc sin armas quienes deberán comenzar por contar su propio relato o mejor su “contrarelato”, como bien lo define Yesid Arteta.

Este trabajo además se presenta en Colombia desde varios frentes, principalmente el académico. Una parte importante de esa misión vendrá también a las universidades, y como hablamos de medios de comunicación, a las facultades que forman periodistas, aunque en Colombia los medios pertenezcan a grandes grupos económicos y financieros, de ahí la sumisión laboral del periodista.

Las Farc deberán encontrar mecanismos para contar quienes realmente han sido ellas. “De cómo una organización campesina se convirtió o se transformó en un ejército revolucionario. De cuáles son los aspectos realmente importantes que las Farc. De cómo las Farc, a pesar de que muchos cuestionen su auto denominación de «ejercito del pueblo», en algunas regiones sí cuentan con esa legitimidad porque en esas regiones sí son consideradas como un «ejercito del pueblo», pues han servido como un elemento de contención a muchas campañas de exterminio y de violencia de carácter terrateniente, e incluso contra otras violencias que han intentado afianzarse en esas regiones en donde las Farc estaban operando”.

El gran desafío según Yesid Arteta está ahora en poder aproximarme a las capas sociales urbanas, alejadas de las Farc a causa de sus acciones y del rol de demonización de los medios de comunicación, con gran acceso a esa tipología de receptores. “El gran desafío es ahora doméstico. Las Farc tienen que comenzar por contarle a la gente de las grandes aglomeraciones urbanas de Colombia lo que pasó, pues es en las grandes ciudades en donde ellas encuentran todavía muchísima resistencia. En la 10ª Conferencia de las Farc, que ha sido la última como movimiento armado, una de las líneas estratégicas es “Cómo recortar la brecha con las capas urbanas de Colombia”.

Las Farc para Yesid Arteta son los últimos “mohicanos”, dotados por ello de la capacidad de contar todavía con voz propia una gran parte de lo que ha sido la historia de Colombia desde 1964, año de su creación. Son las Farc y no los medios de comunicación tradicionales las que deberán convertirse en narradores de su propia historia y para hacerlo deberán poseer sus propios medios de información: medios alternativos, redes sociales, portales de información, periódicos, monografías, tesis, foros, encuentros, etc.

Para Yesid Arteta, los “antiguos” de las Farc que todavía quedan, tienen las herramientas, los insumos, todo el material de trabajo indispensable a investigadores, sociólogos, analistas, historiadores e incluso a periodistas. “Para poder decir como lo dijo Gabriel García Márquez en Los funerales de la Mama Grande: mira, coge un asiento y recuéstalo ahí contra la pared para que escuches lo que te voy a contar antes de que lleguen los historiadores y te cuenten otra cosa”.

(1) Sur les eaux noires du fleuve / Maurice Lemoine, Paris, 2013, 474 p. ISBN 978-2-35949-101-2

(2) 50 ans de maquis / Yves Billon, Documentaire, France 1999

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