Diputado de día, prisionero de noche: la vida de un legislador en Brasil

Un congresista cumple 7 años de pena en una cárcel, pero sigue asistiendo al congreso brasileño a trabajar.

Diputado brasileño
Celso Jacob, diputado brasileño| AFP

Celso Jacob se encuentra recluido en el penal de Papuda, en Brasilia; sin embargo, debido a un régimen semiabierto (pese a estar presos, las personas pueden realizar actividades formativas, educativas y laborales fuera del presidio), se le permite votar leyes, participar en debates y apoyar al bloque del presidente conservador Michel Temer en el Congreso.

Jacob fue arrestado el 6 de junio pasado en el aeropuerto de Brasilia y condenado por falsificar una ley y saltarse una licitación en 2003, cuando era alcalde de la localidad Tres Ríos, en el estado de Río de Janeiro.

El diputado, que integra las comisiones de educación y de derechos humanos en la cámara baja del congreso, asegura haber terminado en la cárcel por “errores técnicos” y una “trampa”. Según Jacob, él firmó una supuesta ley municipal que le aseguraron que había sido aprobada por los concejales.

La corte suprema desestimó sus alegaciones. “La acción de falsificar una ley es gravísima” y “configura una intensa ofensa al principio de separación de poderes”, destaca el fallo. La sentencia ya no puede ser apelada, pero el legislador espera nuevos testimonios que permitan reabrir el expediente.

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“Los que me conocen, y en mi ciudad me conocen bien, sufren conmigo. Y los que no me conoce piensan que soy un ladrón más, que desvié dinero público, que robé”, dijo en entrevista a la agencia AFP.

El diputado confiesa que tuvo miedo el día que llegó a Papuda, un centro penitenciario que alberga a 5.487 reclusos y que está ubicado a unos 30 kilómetros del centro de Brasilia. Allí, Jacob comparte celda con otros 2 prisioneros y reconoce que es bastante requerido por sus compañeros de pabellón durante los fines de semana, en los que permanece en el penal, para que revise sus casos.

Entre semana, el legislador se levanta a las 5 a.m., espera que llegue un carro a recogerlo y trasladarlo hasta el Congreso. Él cumple con su jornada laboral, y regresa a Papuda a dormir.

Su situación le obliga a avisar a las autoridades si necesita salir de la cámara de diputados o si una sesión se extiende y lo somete a regresar tarde al penal, donde cambia su traje de corbata por el uniforme blanco carcelario.

Jacob tiene vetadas las actividades sociales, como ir al cine, hacer compras o visitar a sus familiares.

Debido al régimen semiabierto, el diputado hace cuentas; por cada 3 días que trabaja le descuentan uno de encierro. A ese ritmo, podrá dejar de pasar la noche en la cárcel cuando transcurra un sexto de su condena, es decir un año y 2 meses.

AFP

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