Ciudades europeas, indecisas sobre poner bolardos y barreras, pese a atentados

Algunas capitales del 'viejo continente' no han dudado en poner obstáculos en sus plazas, pero otras se resisten a la idea.

Bolardos instalados en Niza
Bolardos instalados en Niza, Francia, para evitar posibles atentados| Getty Images

Luego del atentado de Barcelona del jueves pasado, que dejó 15 personas muertas, otras ciudades españolas como Madrid, Santiago, Valencia y San Sebastián empezaron a dar debates sobre la forma en que se deberían blindar para evitar eventuales ataques.

Lisboa, la capital de Portugal, también tomó ciertas medidas para proteger paso peatonales importantes, como la Rua Augusta, donde los turistas suelen agolparse o sentarse en las mesas que disponen los restaurantes de la famosa calle, que conduce a la plaza Terreiro do Paco, que ahora está protegida con pilares metálicos, informa El Mundo. En el Monasterio de los Jerónimos, cerca a Lisboa, las autoridades también instalaron bloques de cemento, similares a los que se usaron en Fátima durante la visita del papa Francisco a esa ciudad portuguesa.

En Italia tampoco se han quedado atrás. Roma, que ya había tomado medidas antes del atentado Barcelona, reforzó su protección en lugares turísticos y de grandes aglomeraciones como Trastevere, Pignetto y Piazza Trilussa, que hoy están mucho más blindados.

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Sin embargo, otras metrópolis se resisten. Els Ampe, teniente de alcalde de Bruselas, capital de Bélgica, por ejemplo, dijo que no quería que la ciudad fuera “Hebrón”, en referencia a las barreras que dividen a los habitantes palestinos e israelíes en esa ciudad de Cisjordania, indica Público.

El argumento de Ampe es que como dirigentes de la capital belga, tienen el compromiso “entre la seguridad y el seguir viviendo como ciudad”, y agregó que en las calles en las que varios quieren instalar barreras viven muchas personas, y los negocios deben seguir recibiendo sus pedidos.

El mismo medio español cita a dos fabricantes de bolardos, barreras urbanas y jardineras, y ambos coincidieron al afirmar que sus ventas aumentaron, pero no tanto como esperaban. Las ventas “están aumentando lentamente”, dijo el director ejecutivo de una de las empresas.

Pese a todo eso, parece claro que lo único en lo que coinciden todas las ciudades europeas es que seguirán invirtiendo varios millones en seguridad, aunque eso no necesariamente significan barreras físicas.

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